
El origen de las Islas Caimán se remonta al año 1503, cuando Cristóbal Colón descubrió estas preciosas islas en su cuarto viaje. En sus primeros tiempos era llamada ‘Las Tortugas’ y el primer asentamiento conocido se le atribuye al pirata Francis Drake en el año 1586. Desde ese momento, pasaron a formar parte de la Corona Británica, de la cual sigue formando parte en la actualidad.
Sin embargo, no hace falta irse al otro lado del mundo para disfrutar de la esencia de este enclave. Pues España, cuenta con un lugar que recrea parte de este paraíso. Tal y como indica Antonio Puente Mayor en el libro La vuelta al mundo sin salir de España, Canarias alberga lo que se conoce como las ‘Islas Caimán’ de España. En concreto, este lugar se encuentra en la isla de Lanzarote, donde el viajero puede disfrutar del impresionante Museo Atlántico, un paraíso subacuático que recuerda a la hermosa playa Seven Mile Beach, una de las más bonitas del mundo, donde se ubican las esculturas submarinas de Gran Caimán.
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El Museo Atlántico se sitúa muy cerca de playa Blanca. En él, se puede vivir una experiencia insólita para los amantes del arte y del submarinismo, fusionando escultura y vida marina bajo las aguas del Atlántico. Así, los visitantes pueden admirar numerosas esculturas sumergidas a una profundidad de entre 12 y 15 metros, accesible tanto para buceadores expertos como para quienes se estrenan en la actividad, siempre que realicen previamente un curso de iniciación. Desde su inauguración en 2017, el Museo Atlántico ha atraído a miles de personas ávidas de descubrir otra forma de entender la cultura.

El encargado de su creación fue el artista británico Jason deCaires Taylor, quien contaba con una imaginación y compromiso social que se tradujo en este conjunto único. Además, es fruto de un encargo del Cabildo de Lanzarote y se inscribe en la corriente internacional de museos subacuáticos impulsada por el propio Taylor en otros puntos del planeta. A su vez, una característica fundamental de este singular espacio es su intención de provocar la reflexión social y medioambiental. Las 300 figuras que conforman el museo se distribuyen en diez grupos temáticos, abordando cuestiones tan diversas como la inmigración, la memoria histórica, el patrimonio local o la biodiversidad marina.
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Entre las obras más impactantes destaca La Balsa de Lampedusa, una pieza que remite a la crisis de los refugiados y recrea con gran realismo el naufragio de la fragata Medusa en la costa mauritana, despertando en el visitante emociones intensas y una llamada a la empatía global. Igualmente, el Rubicón atrae todas las miradas: un muro de hormigón monumental tras el que marchan 35 habitantes isleños que reflejan nuestra actitud ante los muros sociales y políticos.
Para quien busca la grandiosidad, El Giro Humano propone una visión fascinante con sus 200 esculturas dispuestas en círculo, una alegoría del ciclo de la vida y la cooperación entre personas y naturaleza. El artista británico tampoco olvida rendir homenaje a Lanzarote, como demuestra en obras como el Jardín Híbrido, donde el drago canario y los cactus endémicos enmarcan la figura humana. Los Jolateros despiertan la nostalgia local al representar a niños en barquitos tradicionales, reforzando el lazo entre arte contemporáneo y cultura popular.
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Un oasis de vida marina creciente

El impacto del Museo Atlántico no se limita al arte: tras su creación, los fondos marinos en la zona han presenciado un crecimiento notable de la biodiversidad. Sardinas, barracudas, tiburones ángel y esponjas han colonizado el entorno, convirtiendo el museo en un arrecife artificial que multiplica los beneficios tanto para la fauna como para los propios buceadores. Las esculturas, planificadas para integrarse y favorecer la vida marina, añaden valor ecológico al interés artístico.
Por su parte, el acceso al Museo Atlántico requiere contratar una inmersión a través de uno de los numerosos centros de buceo de Playa Blanca. No es necesario poseer una certificación previa para sumergirse, aunque quienes no cuenten con título deben completar un pequeño curso introductorio. Según la web oficial, el programa para principiantes dura unas cinco horas y se desarrolla de 10:00 a 15:00 h, con un precio de 149 euros que incluye traslado al hotel, entrada al museo y todo el equipamiento necesario. Se formaliza online con un depósito inicial de 40 euros, abonando el resto en la escuela de buceo correspondiente.
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Por otro lado, aquellos buceadores ya certificados pueden explorar las esculturas los miércoles y viernes a las 9:30 h, beneficiándose de una tarifa especial de 53 euros por visita grupal, lo que democratiza el acceso a este atractivo único.
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