Noruega es conocida mundialmente por sus paisajes escénicos: fiordos tallados por glaciares, montañas cubiertas de nieve y valles profundos que parecen sacados de un cuento de hadas. En medio de estos parajes de una belleza sobrecogedora surge una de las maneras más fascinantes de explorar el país: subirse a bordo de un tren. Noruega ha sabido aprovechar su complicada geografía para hacer del viaje en ferrocarril una experiencia única y, dentro de todas sus rutas, sobresale el recorrido del tren de Flåm, considerado uno de los trayectos en tren más hermosos del mundo.
El tren de Flåm es una de las joyas turísticas del país escandinavo y un referente internacional entre los amantes de los viajes en tren. De hecho, ha sido reconocido por medios internacionales de gran prestigio. National Geographic lo incluyó entre los diez mejores viajes en tren de Europa, mientras que Lonely Planet, en 2014, lo situó como el mejor viaje en tren del mundo.
Unas vistas increíbles y un espectáculo natural único

El ferrocarril conecta la pequeña población de Flåm —escondida en lo más profundo del Aurlandsfjord— con la estación de montaña de Myrdal, situada a 867 metros sobre el nivel del mar. Durante aproximadamente una hora, el recorrido de apenas 20 kilómetros permite ascender desde el nivel del mar hasta la alta montaña. El tren parte del idílico entorno de Flåm, rodeado de prados y dominado por el azul del Aurlandsfjord, y se adentra valle arriba, acompañado buena parte del tiempo por las aguas del río y atravesando frondosos campos, antiguas granjas y la vieja iglesia del pueblo.
A medida que el tren asciende, los paisajes agrícolas dejan paso a un entorno más abrupto e inaccesible: cumbres escarpadas, barrancos y cascadas que parecen surgir entre las paredes de roca. Uno de los momentos más esperados del trayecto es la parada de cinco minutos en la plataforma junto a la cascada de Kjosfossen. Aquí, el tren se detiene para que los pasajeros puedan admirar y fotografiar la caída de agua que, dependiendo de la época del año y del deshielo, se muestra en toda su fuerza e intensidad.
La experiencia es especialmente sobrecogedora en primavera, cuando el agua baja brava y el entorno se convierte en un espectáculo audiovisual. Los pasajeros pueden descender del tren durante este breve parón y sentir la energía del agua y la vaporosa bruma en la piel antes de retomar el viaje hacia la montaña.
Reconocimiento internacional y proeza de la ingeniería
Pero el tren de Flåm no solo es célebre por su belleza natural. Su construcción constituye una de las mayores proezas de la ingeniería ferroviaria noruega. Los trabajos comenzaron en 1923 y la línea quedó completada en 1940. El trayecto es uno de los ferrocarriles de ancho estándar más empinados del mundo: el 80% del recorrido se desarrolla en una pendiente del 5,5%. A lo largo del camino se atraviesan nada menos que 20 túneles, la mayoría excavados a mano en la roca viva, uno de los cuales realiza un giro de 180 grados dentro de la montaña.

Técnicamente, el esfuerzo fue titánico, y la obra sigue siendo hoy motivo de admiración para ingenieros y viajeros. Esta línea permite, además, una conexión perfecta con el tren de Bergen y el ferrocarril Oslo-Bergen. El viajero puede combinar rutas y organizar recorridos a medida que facilitan explorar diferentes zonas del país sin trasbordos complicados. El entorno, el ambiente ‘vintage’ de los vagones y una sensación de viaje en el tiempo completan el atractivo del Flåmsbana.
Flåm: la puerta del fiordo y paraíso rural
La existencia misma de la aldea de Flåm está íntimamente ligada a su famoso tren. Ubicada en el extremo final del brazo de agua interior del Aurlandsfjord, representa tanto el destino como el punto de partida para innumerables aventuras por los fiordos noruegos. Desde aquí se abre el acceso al conocido Sognefjord, uno de los fiordos más largos y espectaculares del planeta.
El turismo ha crecido de tal forma que la zona ofrece todo tipo de servicios, pero también brinda la posibilidad de escapar de las multitudes. Quienes buscan autenticidad hallan placer recorriendo en bicicleta el Camino de Rallar —antigua ruta de los obreros de la construcción ferroviaria— o remando en kayak junto a focas y aves por aguas cristalinas, lejos del bullicio de los puntos más visitados. Más allá de Flåm y Aurland, aún quedan pueblos casi inalterados por el paso del tiempo, donde la vida junto al fiordo sigue su curso con calma nórdica.
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