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Carsten Brzeski, un reconocido economista alemán, avisa de el cambio en el turismo que transformará el verano en el sur de Europa

El economista jefe de ING advierte que en dos años el turismo de verano en Madrid, Roma y Barcelona caerá ante el avance de las olas de calor extremo

España, un líder mundial en turismo, se enfrenta a un nuevo desafío: las olas de calor. Un estudio revela que los turistas que sufren temperaturas extremas son menos propensos a regresar, obligando al sector a adaptarse para no perder su atractivo.
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El economista jefe de ING, Carsten Brzeski, advirtió que el turismo de verano en el sur de Europa sufrirá un deterioro progresivo en los próximos dos años como consecuencia del cambio climático, con un impacto directo sobre destinos como Madrid, Roma o Barcelona. La advertencia, recogida por Les Echos el 12 de agosto de 2026, llega en el verano más caluroso registrado en Europa occidental, con temperaturas que superaron los 44°C en España y los 43°C en Francia y Portugal.

“El cambio será progresivo; nadie cancelará sus vacaciones a causa de la ola de calor de este verano. No obstante, en los próximos dos años, el turismo estival hacia las economías del sur de Europa va a sufrir”, afirmó Brzeski en declaraciones a Les Echos. El economista fue más directo aún en declaraciones recogidas por Reuters: “¿Pueden imaginarse a turistas recorriendo el sur de Italia o España con 45°C? Yo no. Creo que la naturaleza del turismo cambiará”.

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El diagnóstico de Brzeski apunta a una reconfiguración del mapa turístico europeo. Según el economista jefe de ING, las escapadas urbanas a Madrid, Roma o Barcelona en julio y agosto dejarán de ser una opción para un número creciente de viajeros, que optarán por destinos del norte de Europa bajo la tendencia conocida como coolcation o vacaciones en climas fríos. Los sectores más expuestos serán la hostelería y la restauración, especialmente en zonas de playa sin sombra y con máxima exposición solar.

Un cambio que puede beneficiar a las regiones del norte y el interior

La magnitud del riesgo es considerable para las economías del sur. El turismo representa cerca del 13% del PIB de España, y ese porcentaje podría escalar hasta el 16,6% según las últimas previsiones de WTTC. La pregunta que plantea Brzeski es si la caída en el pico estival podrá compensarse con un aumento del turismo en temporada baja, particularmente en junio y septiembre.

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Turistas disfrutan del buen tiempo en la playa de Silgar en Sanxenxo. (Elena Fernández/Europa Press)
Turistas disfrutan del buen tiempo en la playa de Silgar en Sanxenxo. (Elena Fernández/Europa Press)

Algunas regiones podrían salir beneficiadas de este desplazamiento. El economista de ING señaló que destinos de interior o de montaña, como Galicia en España o los Alpes franceses, tienen margen para atraer a viajeros que huyen del calor extremo de la costa. “Ir a la playa con 40°C ya no será una opción, pero otras regiones podrían beneficiarse”, precisó en la entrevista con Les Echos.

Nuevos destinos turísticos ante un modelo insostenible

El norte de Europa, sin embargo, no está en condiciones de absorber de forma inmediata los flujos turísticos del sur. Países como Noruega, Islandia o Finlandia carecen de la infraestructura hotelera, gastronómica y de servicios necesaria para asumir un turismo masivo comparable al de España, Grecia o Italia. Brzeski apuntó que la alternativa más realista, teniendo en cuenta el poder adquisitivo medio del turista europeo, podría ser Alemania y los países de Europa del Este, con mayor oferta de bosques, lagos y zonas húmedas, aunque sin las grandes atracciones de sol y playa del Mediterráneo.

La posible redistribución de los flujos turísticos también plantea interrogantes sobre la capacidad de los nuevos destinos para gestionar la presión. “¿Vamos hacia situaciones como la de Mallorca, donde los residentes están hartos de ver turistas afluir todo el año?”, preguntó Brzeski a Les Echos, al señalar que la aceptación local será uno de los principales retos de los destinos emergentes.

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