
El Real Alcázar de Sevilla es uno de los palacios más antiguos de Europa aún en uso y un símbolo del esplendor arquitectónico de la ciudad. Su construcción comenzó en la época islámica y fue ampliándose con los siglos, reflejando la fusión de estilos arquitectónicos como el islámico, mudéjar, gótico, renacentista y barroco. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este conjunto palaciego ha sido testigo de la historia de Sevilla y ha servido como residencia real para monarcas españoles desde la Edad Media hasta la actualidad.
Pero más allá de su monumentalidad e imponente arquitectura, este edificio está repleto de secretos. De hecho, en su interior, los Baños de María Padilla son uno de los rincones más enigmáticos y evocadores de este histórico palacio fortificado. Su combinación de arquitectura mudéjar y su atmósfera subterránea han convertido este espacio en una de las principales atracciones turísticas del complejo, envuelta en una fascinante mezcla de historia y leyenda. Incluso ha sido comparada con una escena extraída de Las mil y una noches y ha formado parte del escenario elegido para la residencia de Casa Martell en la serie Juego de Tronos.
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Un espacio con historia
Los Baños de Doña María de Padilla se sitúan debajo del Patio del Crucero y conforman una cripta abovedada en crucería con tres naves sostenidas por columnas de mármol. Aunque su denominación sugiere que eran baños utilizados por la amante del rey Pedro I de Castilla, en realidad, este espacio funcionaba como un depósito de agua para abastecer el palacio. El nombre se debe a una leyenda romántica que asegura que María Padilla solía bañarse en estas aguas, un relato que, aunque carente de pruebas históricas, ha perdurado en el imaginario popular.

Asimismo, según las últimas prospecciones arqueológicas, su origen se remonta a la época almohade, entre los siglos XII y XIII. Aunque su acceso actual se realiza a través del Jardín de la Danza, esta conexión fue habilitada en el siglo XVII. A su vez, el terremoto de Lisboa de 1755 dejó su huella en la estructura, causando desperfectos en la planta sótano. Las reformas barrocas llevadas a cabo posteriormente modificaron la apariencia original del espacio, ocultando algunos de sus elementos arquitectónicos islámicos.
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Por su parte, el estilo gótico-mudéjar de estos baños se refleja en la ornamentación de sus bóvedas y en los detalles de sus azulejos de cerámica vidriada. En tonos azules y dorados, los intrincados diseños geométricos y florales de los azulejos evidencian la fuerte influencia islámica en la arquitectura del Alcázar. Además, su ubicación subterránea le confiere una atmósfera especial, caracterizada por la frescura y la tranquilidad que ofrece el espacio. La iluminación natural, filtrada a través de pequeños accesos, crea un juego de luces y sombras que refuerza el carácter misterioso y cautivador de la sala.
Acceso y visita
Para conocer los Baños de María Padilla, los visitantes deben adquirir una entrada para el Real Alcázar de Sevilla, ya que forman parte del recorrido por este conjunto monumental. Dentro del recorrido, los baños son una parada obligatoria, ofreciendo una visión única de la evolución arquitectónica del palacio a lo largo de los siglos.
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