Si tienes calor y te das una ducha de agua fría estás cometiendo un error: "Una templada suele ser una mejor opción que una helada"

El farmacéutico Álvaro Fernández explica que el frío contrae los vasos sanguíneos de la piel, reduce el flujo en la superficie y puede dificultar los procesos internos que rebajan la temperatura del organismo

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Imagen recurso de una mampara de ducha mojada (Freepik)
Imagen recurso de una mampara de ducha mojada (Freepik)

Con máximas de más de 40 grados y mínimas que no bajan de 20 en buena parte de España, las duchas de agua fría se convierten en antojos constantes y casi irrefrenables tras horas y horas de calor. Pero, lo que parece un método infalible para luchar contra las temperaturas extremas, puede resultar más contraproducente que beneficioso. Lo explica el farmacéutico Álvaro Fernández, que divulga sobre salud a través de sus redes sociales (@Farmacéuticofernandez).

En una de sus últimas publicaciones, explica que “cuando el agua está demasiado fría, los vasos sanguíneos de la piel se contraen para conservar el calor corporal. Como llega menos sangre a la superficie, tu cuerpo pierde peor el calor hacia el exterior”. Además, añade que el contraste brusco “puede hacer que el organismo interprete que se está enfriando demasiado y reduzca algunos de los mecanismos que utiliza para disipar el calor”.

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Una ducha templada, la mejor opción

Fernández no desaconseja estas duchas, puesto que “refrescan mientras estás debajo del agua y pueden resultar agradables”, pero sí indica que no cumplen con el objetivo de contribuir en la termorregulación del organismo que muchos esperan al ponerse bajo un grifo con agua helada. “Si lo que buscas es ayudar a tu cuerpo a bajar su temperatura, una ducha templada suele ser una mejor opción que una helada", recomienda

Con la llegada del calor, aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias. Te explicamos por qué sucede y te damos las recomendaciones de los expertos para evitarlo, como mantener la cadena de frío y evitar la contaminación cruzada.

Cómo funciona el sistema interno de refrigeración

Adam Taylor, profesor de anatomía en la Universidad de Lancaster (Reino Unido), detalla en un artículo publicado en The Conversation, que la temperatura interna óptima del cuerpo humano ronda los 37°C. Este valor permite que todos los sistemas funcionen de manera eficiente. Cuando la temperatura central se eleva, el centro regulador de la temperatura en el cerebro envía señales a los vasos sanguíneos y músculos próximos a la superficie cutánea. El objetivo es activar mecanismos naturales que favorecen la disipación del calor.

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Si la temperatura interna alcanza valores entre 39 y 40 grados, y permanece así durante demasiado tiempo, el riesgo de daño orgánico aumenta considerablemente. Para evitarlo, el cuerpo utiliza diversas estrategias para reducir la temperatura. Una de las principales es la irradiación de calor, que se libera hacia el entorno por radiación térmica y representa hasta el 60% de la pérdida calórica. Por otra parte, detalla, alrededor del 22% de nuestro calor corporal se pierde a través de la sudoración. Sin embargo, cuando la temperatura del entorno excede nuestra temperatura corporal, la sudoración se convierte en el mecanismo dominante.

Cualquier calor corporal restante se pierde a través de una mezcla de convección en el aire o líquido con el que el cuerpo puede estar en contacto y conducción en objetos sólidos con los que el cuerpo se roza. Para apoyar estos mecanismos, nuestros vasos sanguíneos cambian de diámetro. Los que están más cerca de la piel se dilatan para permitir que entre más sangre y puedan acercarse a la superficie relativamente más fría de la piel. Luego, el cuerpo trabaja para hacer circular la sangre, de modo que el calor del interior del cuerpo pueda moverse a la periferia para enfriarse.

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