
En los últimos años, Tailandia se ha convertido en uno de los destinos asiáticos más demandados por los turistas. Gracias a sus islas paradisíacas con playas de arena blanca, sus templos ancestrales y una gastronomía que despierta los sentidos, el país atrae a infinidad de viajeros que buscan disfrutar de una experiencia inolvidable. Pero esto no es todo, pues también cuenta con actividades únicas que permiten disfrutar de la fauna local, como es el caso de los santuarios de elefantes.
Estas atracciones son una de las más populares de Tailandia, y disfrutar de la majestuosidad de estos animales de cerca, tocarlos e incluso bañarlos es algo que nunca se olvida. Sin embargo, el comportamiento de los elefantes es algo impredecible y que entraña un peligro del que mucha gente no es consciente. De hecho, el pasado viernes 3 de enero una turista española tuvo un trágico accidente en uno de estos santuarios que le causó la muerte.
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La joven, de apenas 22 años, estaba bañando al animal en un santuario llamado Koh Yao Elephant Care, en la isla de Yao Yai, Tailandia, cuando al pasar por delante le empujó con la trompa, desencadenando un golpe que acabó con su vida horas después. Pero este no ha sido el único accidente protagonizado por estos animales en los últimos días, pues en la India, durante las festividades de Puthiyangadi, un elefante causó el caos, dejando más de una veintena de heridos.
Esto muestra el riesgo y la peligrosidad que entrañan estos lugares, pero sobre todo el poder que tienen estas criaturas. “Los elefantes son animales tremendamente empáticos e inteligentes, y guardan una estrecha relación con los humanos, pero solo con su cuidador, por lo que, que alguien desconocido se ponga delante de un animal de 6.000 kilos es muy peligroso”, detalla, Cristian Cabrera, responsable y veterinario de los elefantes del Safari de Madrid.
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Una reacción impredecible a diversas situaciones

Alice, Baby, Ravi y Mini son los elefantes que están a cargo de Cristian en Safari Madrid. Estos majestuosos animales son uno de los más nobles y más maravillosos que se pueden encontrar en el planeta, pero son igualmente de poderosos. “En el Safari, no tenemos contacto directo con ellos por seguridad. Les hemos enseñado a través de juegos y entrenamiento, meter las patas por unos agujeros y así trabajar con ellos”, explica el veterinario.
Esto es muy distinto en los santuarios del sudeste asiático, donde el turista tiene un contacto directo con el animal sin tener en cuenta el riesgo que ello conlleva. “Este tipo de lugares no dejan de ser sitios peligrosos porque al final cuentan con animales tan poderosos como pueden ser elefantes. Son animales que, aunque estén acostumbrados a la gente, no dejan nunca de ser animales salvajes y, por lo tanto, impredecibles”, señala Diego Pérez, biólogo especializado en zoología, a este medio.
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“Todo contacto con animales salvajes conlleva un riesgo. Y encima si es en un sitio donde no estamos seguros a ciencia cierta cómo se ha tratado a los animales y el manejo que tienen”. Esto es uno de los aspectos a tener en cuenta, pues es fundamental el pasado del animal y como puede reaccionar ante diversas situaciones. “Son animales que tiene una memoria que les permite recordar prácticamente toda su vida. Esto hace que puedan haber vivido experiencias traumáticas que lleven al elefante a tener comportamientos impredecibles en diversos escenarios”, afirma Cristian.
Esto se vuelve especialmente peligroso cuando el elefante está expuesto en un entorno con altos estímulos y donde no conoce a la gente que está alrededor, solo a su cuidador. “Son unos animales tan poderosos que la reacción que puedan tener a determinados estímulos puede ser completamente impredecible. Un elefante puede asustarse por una cosa completamente normal, cotidiana, y tener una reacción proporcional a su tamaño y a su potencial. Pero claro, para lo que es un cuerpo humano es una reacción completamente desmesurada”, cuenta el biólogo.
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Un peligro desconocido

Este peligro, por norma general, es algo que no se explica en los santuarios que ofrecen este tipo de servicio turístico. Es por ello, que “no somos conscientes de lo peligrosos que pueden llegar a ser estos sitios, ya que al final lo que se vende de ellos son los momentos con los animales en los cuales parecen animales dóciles, domésticos, incluso se venden momentos íntimos de cariño, bañándoles, tocándoles y al final esto da lugar a engaño. Parece que es un animal inofensivo”, detalla.
Y nada más lejos de la realidad, “pues cuando te metes dentro con un animal de 6.000 kilos, pues conlleva riesgos. De normal, pues no pasa nada y sale una experiencia increíble de sentir un ser tan grande. Pero, precisamente ese tamaño es lo que te hace vulnerable”, expresa Cristian. Esto no quiere decir que elefante va a intentar hacernos daño, pero incluso su peso y sus dimensiones pueden producir graves accidentes de forma involuntaria.
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Igualmente, “en estos centros los animales están acostumbrados a la presencia humana, a los manejos y si al animal se le trata bien, por lo general la reacción no tiene por qué ser mala”, aclara Diego. Además, los elefantes son animales que se expresan con una gran comunicación no verbal, por lo que señales como “abrir sus orejas hacia delante, meterse el pico de la trompa en la boca o emitir unos sonidos de barruntar, son indicadores de que el animal no está cómodo”, añade el veterinario.
“La mejor forma de verlos es hacerlo en libertad”

Este incidente pone de manifiesto la otra cara de los santuarios de elefantes, donde el viajero no cuenta con toda la información acerca de los riesgos que esto supone. “Dan lugar a engaño sobre los animales que estamos visitando y al final buscan un rédito económico. Esto es para mantener los animales y para desarrollar un negocio que a veces por motivos diferentes hacen que estos animales no estén bien cuidados”, afirma Diego.
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Esto puede suponer en ocasiones que “el trato con las personas no sea el correcto, algo que lleva a accidentes y a malos tratos, a veces por parte de personal poco cualificado. Al final es una problemática que se incentiva por el desconocimiento”. Es por ello que “la mejor forma de verlos es hacerlo en libertad. Se ve bastante más lejos y no se tiene contacto con ellos, pero es más sano para ambas partes, pero siempre hay que hacerlo con un guía especializado”, explica Cristian.
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