
Apenas a 40 kilómetros de Lisboa, en la llamada Región “saloia”, se ubica uno de los pueblos más impresionantes de Portugal. Este destino combina historia, arquitectura y una conexión única con la naturaleza gracias a su cercanía con la Tapada Nacional de Mafra, un antiguo coto de caza real convertido en reserva natural. Pero, por si algo es conocido Mafra es por su imponente Palacio-Convento, una obra monumental y una joya del barroco portugués que sorprende al viajero con su impecable arquitectura.
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En este sentido, el Palacio Nacional de Mafra, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2019, es el principal atractivo de la ciudad y uno de los monumentos más destacados de Portugal. Su construcción comenzó en 1717 por orden del rey João V, como cumplimiento de una promesa hecha en agradecimiento por el nacimiento de su heredero, siendo el mayor edificio portugués construido en el siglo XVIII.
El Palacio-Convento de Mafra: una joya del barroco
La construcción del imponente Palacio-Convento de Mafra, una de las obras más monumentales del barroco portugués, tiene su origen en una promesa hecha por el rey João V. Tres años después de su matrimonio con María Ana de Austria y ante la falta de un heredero, el monarca prometió a los frailes franciscanos edificar un convento en Mafra si sus súplicas eran atendidas.
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El nacimiento de su hija, la infanta María Bárbara de Braganza, en 1711, marcó el cumplimiento de aquella promesa. Aunque el proyecto inicial era de dimensiones modestas, la intervención del arquitecto alemán Johann Friedrich Ludwig (conocido en Portugal como Ludovice) y el esplendor económico que vivía el país gracias a las riquezas provenientes de Brasil transformaron la idea original en una obra de grandiosidad sin precedentes.
El palacio, cuya construcción comenzó en 1717 y finalizó en 1730, abarcó más de 40.000 metros cuadrados de extensión. De este modo, incluye un convento para 300 frailes, una basílica y un palacio real que cuenta con 666 estancias. La basílica, coronada por dos torres con carillones que suman 98 campanas, es un ejemplo excepcional del estilo barroco italiano. En su interior, destacan las esculturas de mármol traídas de Italia y los órganos monumentales, considerados únicos en Europa por su calidad acústica y técnica.
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Pero esto no es todo, pues una de las mayores atracciones del palacio es su biblioteca, que alberga más de 36.000 volúmenes, algunos de ellos ejemplares raros y manuscritos antiguos. Este espacio, de 88 metros de largo y con estanterías de maderas nobles, está considerado una de las bibliotecas más bellas del mundo. Así, este monumental complejo, que simboliza el poder y la devoción del rey João V, fue inaugurado con motivo de su 41º cumpleaños, consolidándose como una de las joyas arquitectónicas más representativas de Portugal.
Una reserva natural junto al convento

Más allá de este colosal palacio, el otro gran atractivo de la localidad es la Tapada Nacional de Mafra. Se trata de un espacio natural contiguo al convento que fue adquirido por João V a mediados del siglo XVIII y fue usado como coto de caza. No obstante, a día de hoy, es una reserva natural que combina actividades recreativas y educativas con la preservación de la biodiversidad local.
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La Tapada ofrece a los visitantes senderos para caminar o andar en bicicleta, recorridos en vehículos eléctricos y experiencias como el avistamiento de ciervos, jabalíes y zorros, así como diversas especies de aves, incluidas rapaces. Además, se organizan actividades para familias, como talleres educativos y paseos en burro, que permiten a los más pequeños descubrir la riqueza natural de la región.
Cómo llegar
Desde Lisboa, el viaje es de alrededor de 50 minutos por la carretera A9. Por su parte, desde Peniche el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora por la vía A8.
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