
En la comarca del Pallars Jussà, en la provincia de Lleida, se esconde el municipio de Abella de la Conca, uno de los más singulares de Cataluña. Con una población reducida y un entorno natural privilegiado, esta localidad se esconde entre los abrigos de la roca y entre la confluencia de los ríos Rams y d’Abella.
Su núcleo urbano, con cerca de 200 habitantes, está compuesto por un conjunto de casas de piedra que se integran de manera natural en la montaña. De hecho, algunas de ellas están excavadas directamente en la roca. El paisaje urbano, compacto y armonioso hacen que su silueta se conviertan en una auténtica obra de arte.
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La iglesia parroquial de Sant Esteve, que domina el pueblo desde lo alto, es el punto más destacado de la localidad. Su triple ábside y campanario de base rectangular es la máxima expresión del románico catalán. A escasa distancia, se encuentran los vestigios del antiguo castillo de la baronía de Abella, que dan prueba del pasado medieval del municipio.
Historia de la localidad
La historia de este municipio se remonta a la época medieval, momento en el que fue un territorio clave en las luchas fronterizas entre los condados cristianos y las tierras bajo dominio musulmán. Y es que su privilegiada ubicación la convirtió en uno de los puntos estratégicos más importantes de la región, ya que su elevada altura le permitía contemplar todos los valles circundantes. Fue en el siglo XI cuando pasó a formar parte del condado de Urgell, tras ser reconquistada por los cristianos.
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A pesar de su aislamiento geográfico, Abella de la Conca siempre formó parte de la estructura feudal catalana y fue testigo de las tensiones políticas y bélicas de la época, aunque sus principales actividades económicas han estado siempre relacionadas con la agricultura y la ganadería.
En el siglo XIX, esta localidad, al igual que el resto de zonas rurales de España, sufrió un fuerte proceso de despoblación debido a la migración a las ciudades en busca de mejores condiciones económicas. Este éxodo ha permitido que el municipio conserve su paisaje y arquitectura tradicionales. A día de hoy, Abella de la Conca destaca como destino predilecto entre los amantes del turismo rural.
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Cómo llegar
Lo más recomendable para llegar a este pequeño municipio es utilizar el coche. Ahora, la ruta a seguir dependerá del punto de partida. El trayecto para los que salgan desde Barcelona comenzará en la carretera C-16 en dirección a Berga. Tras varios kilómetros, se enlaza con la C-26 hacia Tremp y al llegar a esta localidad se continuará por la C-1412b con destino a Isona, desde donde se toma la LV-5118 hasta Abella de la Conca. El tiempo aproximado para esta ruta es de dos horas y media.
Por contra, quienes salgan de Lleida, empezará el viaje en la carretera C-12 en dirección a Balaguer. Desde allí, se sigue por la C-13 hasta Tremp. Una vez aquí, las indicaciones son las mismas que en el caso anterior. Primera se conduce por la C-1412b y finalmente por la LV-5118. En este caso, la duración del trayecto es de una hora y media.
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