
A lo largo de la costa barcelonesa, existen rincones que mantienen la esencia de épocas pasadas, espacios que desafían el tiempo y conservan una identidad propia en medio de la transformación urbana y turística de la región. Así, a unos 25 kilómetros al suroeste de Barcelona, en la cosmopolita ciudad de Sitges, se localiza uno de los rincones más especiales y singulares del litoral catalán. Este lugar es el reflejo de la historia de los habitantes de la región durante el siglo XX, los cuales comenzaron a venir aquí para disfrutar del verano.
Estamos hablando de Les Casetes del Garraf, un pequeño y pintoresco conjunto de 33 viviendas de madera ubicado en la localidad de Garraf, dentro del municipio de Sitges. Este enclave se alza cómo un símbolo de la historia marítima de la región y un punto de encuentro para quienes buscan escapar del bullicio de la ciudad y conectar con la tranquilidad del Mediterráneo. Pero esto no es todo, pues conforma una de las playas más desconocidas y pintorescas de la región, de hecho, el National Geographic la incluyó dentro de su selección de las mejores playas de Cataluña.
Unas casas centenarias
Les Casetes del Garraf surgieron a principios del siglo XX, en torno a los años 1920 y 1930, cuando los habitantes de las zonas cercanas comenzaron a construir pequeñas casas de madera junto a la playa. Estas construcciones eran empleadas como refugios de verano, una solución práctica para las familias locales que querían disfrutar del mar sin recurrir a complejas edificaciones permanentes. Lo que comenzó como una iniciativa improvisada y sin planificación urbanística, se fue consolidando como una característica distintiva de la zona. Con el tiempo, las casetas fueron ganando popularidad entre veraneantes, convirtiéndose en una referencia cultural y social de la costa catalana.

Estas construcciones siguen un patrón uniforme: son pequeñas, de una o dos plantas, con fachadas pintadas en colores brillantes que contrastan con el azul del mar y la arena dorada de la playa del Garraf. A pesar de su tamaño modesto, las casetas están diseñadas de manera funcional, con un espacio suficiente para albergar a familias durante los meses de verano. Su estructura, hecha principalmente de madera, responde al estilo arquitectónico propio de otras zonas costeras del Mediterráneo, donde la simplicidad y la integración con el entorno natural son clave.
Sin embargo, la supervivencia de Les Casetes del Garraf ha estado en entredicho durante varias décadas. Al carecer de un plan urbanístico formal en sus inicios, las casetas no siempre han contado con una regulación clara que proteja su existencia. Durante los años 70 y 80, las autoridades plantearon varias veces la posibilidad de demolerlas debido a la expansión urbanística de la región y a las normativas medioambientales más estrictas que comenzaron a aplicarse en las zonas costeras españolas.
Pese a estas amenazas, la comunidad local y asociaciones de protección del patrimonio han luchado para preservar el conjunto de las casetas. La singularidad arquitectónica y su valor histórico como ejemplo de la vida marítima tradicional en la costa catalana han sido argumentos clave en estas campañas de conservación. En 1996, el Ayuntamiento de Sitges otorgó un estatus de protección especial a Les Casetes del Garraf, reconociendo su valor patrimonial y limitando las posibilidades de nuevas construcciones en la zona. Pero esto no es todo, pues en 2020 fueron declaradas Bien de Interés Cultural.
La playa del Garraf

Hoy en día, Les Casetes del Garraf no solo son un símbolo de la historia costera de la región, sino también un atractivo turístico y cultural que atrae tanto a visitantes locales como a turistas internacionales. La playa de Garraf, con sus aguas tranquilas y poco profundas, es popular entre familias y aquellos que buscan una experiencia de playa más relajada, lejos de las multitudes de Barcelona o Sitges. Además, cuenta con todo tipo de servicios como son aseos públicos, puesto de salvamento y socorrismo, 2 chiringuitos, alquiler de tumbonas, sombrillas y embarcaciones ligeras, entre otras muchas cosas,
El encanto visual de las casetas, con su apariencia pintoresca y casi nostálgica, ha sido aprovechado en diversas ocasiones por la industria audiovisual. Tanto es así, que han sido escenario de anuncios publicitarios, videoclips musicales y películas que buscan capturar la esencia del Mediterráneo. Cabe destacar, que algunas de las casas siguen siendo utilizadas por sus propietarios, muchos de los cuales son descendientes de las familias originales que construyeron las primeras casas en los años 20.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 35 minutos por la carretera C-32. Por su parte, desde Tarragona el trayecto tiene una duración estimada de 55 minutos por la misma carretera.
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