España tira de orgullo en Wembley para estrenar las dos estrellas con victoria ante Inglaterra en un partido sufrido hasta el final

De la Fuente acierta con los cambios de Álex Baena y Mikel Oyarzabal. Kane falla un penalti que resucitó a La Roja

Lamine y Baena. (Reuters/Peter Cziborra)
Lamine y Baena. (Reuters/Peter Cziborra)
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España estrenaba su segunda estrella. Ese peso que le hace ser favorito, pero que también intimida a los rivales e infunde respeto allá por donde va. Lo hacía ante Inglaterra, en la catedral del fútbol inglés, a un paso de casa, pero que igualmente se siente lejos. No se iba a notar. Porque casi 5.000 gargantas alentaban a los pupilos de De la Fuente en Wembley y porque antes de que todo el mundo pudiera coger asiento, Lamine Yamal asestaba el primer golpe. Un grave error de Guéhi en salida de balón dejaba solo al extremo frente a Trafford. Ayuda del palo y para dentro.

Parecía que España podía sentenciar el partido. Tuvo ocasiones para hacerlo e incluso un gol anulado. Bien, por cierto. Ferran estaba medio cuerpo por delante. No iba a ser la única. De nuevo, el 7 se sacaba un control magistral al pase de Rodri entre los dos centrales para plantarse delante del portero. Gigante Trafford que salvaba los muebles. Y una última. Y otra vez Ferran. Misma jugada (esta vez con Lamine de asistente) dejaba solo a Ferran mano a mano. Tenía más tiempo y más espacio, pero el mismo final. El marcador no se iba a mover. Cruzó mucho el disparo El Tiburón.

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Hasta ahí duró España. Despertó Inglaterra y a base de intensidad se hizo con el partido. Bellingham empezó a aparecer, Saka entró más en contacto con el balón y los duelos caían del lado local. A La Roja le tocaba sufrir. Sin posesión y sin apenas pisar área rival.

Pero España defendía bien. Juntos y ordenados. El caso es que de las pocas veces que se asomó, encontró el castigo. Contra de libro. Tres pases y a la jaula. Pasaba la media hora de juego cuando Bellingham lanzó un contragolpe imparable y encontró a Gordon, que apareció como una bala por la derecha para plantarse ante Unai Simón y definir sin que Cucurella pudiera llegar a tiempo.

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El gol en propia de Cucurella. (Reuters/Peter Cziborra)
El gol en propia de Cucurella. (Reuters/Peter Cziborra)

El empate era justo. Y sentó mal en la Selección al mismo tiempo que Inglaterra se crecía. Y vaya si creció. España estaba sobre la lona y el segundo golpe no tardó en llegar. Apenas cuatro minutos después, O’Reilly puso un centro al área, Kane cabeceó hacia portería y Cucurella, en su intento de despejar con el muslo, terminó marcándose en propia. KO.

La Roja pedía el descanso y para allí nos fuimos. No sin arreón final que más bien fue por el bajón de intensidad de los ingleses que por ímpetu o furia de España. No hubo premio. Fin del primer acto.

A la vuelta la cosa no iba a cambiar. Al menos al principio. Inglaterra quería más y lo hizo saber. Primero con Quansah y un cabezazo que no encontró portería y después con Saka y su mítica jugada. Entonces llegó una de las acciones más extrañas de la noche. Una conducción de Bellingham que se fue larga se encontraba con la pierna de Rodri. Piscinazo. Pero apareció el chivato. Revisión y Penalti.

El penalti de Rodri. (REUTERS/David Klein)
El penalti de Rodri. (REUTERS/David Klein)

Y se dice que los penaltis que no son se fallan. Y así fue. Harry Kane lo estrelló en la madera, previo resbalón y doble toque. Era el momento de agitar el partido y sacar el orgullo. Dentro Baena y Oyarzabal. Menudo acierto de De la Fuente.

Los cambios tuvieron efecto inmediato. Lamine avisó primero con un remate que se fue fuera tras un taconazo de Baena, y un minuto después la presión española provocó un nuevo error en la salida de balón de Inglaterra. Dani Olmo recuperó y se lo dejó a Baena en el balcón del área. Se acomodó para la derecha y a la red. Empate.

Baena celebra el gol. (Reuters/David Klein)
Baena celebra el gol. (Reuters/David Klein)

España volvía a creer. Y más pronto que tarde culminó la remontada. Una salida de balón maravillosa entre Laporte y Baena acababa en los pies de Oyarzabal frente a Trafford. ‘Picadita’ y sentencia. La Roja remontaba en Wembley.

Mikel Oyarzabal celebra el gol. (Reuters/Peter Cziborra)
Mikel Oyarzabal celebra el gol. (Reuters/Peter Cziborra)

Estreno complicado, escenario inmejorable y partido para enmarcar. Tocó sufrir, sí. Pero este equipo volvió a demostrar por qué es número 1. Si no hay balón, hay orgullo. Si los once primeros no pueden sacar el partido adelante, hay cambios. En definitiva, hay grupo. Y mientras esté unido y remando en la misma dirección, España es invencible.

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