
Juan Cruz Castaños, alias KQ, como le conocen sus amigos, nació en Argentina hace 47 años, pero lleva viviendo en Madrid lo suficiente como para tener una vida perfectamente organizada en España. Tiene mujer, hijos, trabajo y, aun así, hace más de una semana que llegó a Estados Unidos para seguir a su país en el Mundial 2026.
De Madrid fue a Lisboa, hizo noche en el aeropuerto y cogió el avión directo a Miami. “Llegué a las 23:00 de la noche a Lisboa y estuve allí en el aeropuerto porque a las 7:00 de la mañana salía el vuelo”, cuenta a Infobae. Durmió “como pudo” en el avión y, en cuanto puso un pie al otro lado del Atlántico, fue directo al Walmart. “Me compré una almohada, parasoles para el coche, algo de fruta y Monster a más no poder”.
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Después, más de doce horas seguidas conduciendo hasta llegar a Texas. “Pensé: ‘Bueno, voy a tratar de hacer todo lo que pueda’“. En día y medio había recorrido 2.500 kilómetros. Durante el camino únicamente paraba para echar gasolina y comprar algo de dulces en las tiendas e “ir masticando azúcar”. La comida también iba sobre la marcha: fruta cortada de tápers, bebidas energéticas y alguna parada en un bar. “Lo que ahorro en un hotel me lo gasto en una cerveza. Tampoco voy a vivir como un mendigo”, comenta entre risas, aunque admite que “Estados Unidos es carísimo”.
Solo se detuvo una vez, casi en su destino, cuando el cansancio ya le estaba venciendo. “Paré en el Stop Truck y dormí”. Al día siguiente se levantó a las seis de la mañana, se dio una ducha y acabó el viaje. “Lo que yo tenía pensado era llegar sobre las 22:00 o 23:00 de la noche a Dallas y terminé llegando a las 18:00 de la tarde”. Ahora sí, el Mundial había empezado.
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Qatar tenía algo que aquí no existe
Hay un dato que justifica el titular. KQ lleva siguiendo a Argentina en los Mundiales desde Sudáfrica. Es decir, ha estado animando, en todos los estadios, en cinco Copas del Mundo. Sudáfrica 2010, cuando salió campeón España; Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y EEUU, México y Canadá 2026. Seguidor acérrimo se queda corto. Porque KQ sigue un ritual desde 1998. "Siempre voy vestido igual que ellos“: camiseta, pantalón, medias y sí, también botas.

No obstante, recuerda con especial cariño el último. No porque su país fuera el campeón, sino porque había otro ambiente. “Se respiraba fútbol”, explica. "En Qatar estábamos todos juntos: argentinos, alemanes, españoles, coreanos… Donde ibas, te encontrabas gente de una selección, de otra o de muchas". Ahora es distinto. El Mundial 2026 se reparte entre tres naciones y eso diluye la magia del evento. “Aquí solo te cruzas con las selecciones contra las que vas a jugar”. Además, gracias a su ritual, el día de la final pudo meterse a celebrar con los jugadores. Iba igual. Podría pasar por un miembro del staff. “Pasaba de problemas después”, justifica.
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El truco para no arruinarse: el coche como casa
Otro problema de este Mundial es el dinero. “Las entradas empezaron valiendo cinco veces más que en los otros mundiales. Una entrada en el otro mundial valía cincuenta dólares y ahora arrancaba en trescientos casi”. Y eso antes de que la FIFA legalizara la reventa al estilo norteamericano, lo que ha disparado los precios hasta lo inverosímil. “Las entradas están valiendo mil o dos mil dólares. Para la final, la más barata vale 11.000 y la más cara, 40.000. Es una locura”, reconoce.

Con esos números sobre la mesa, KQ ha tomado la decisión de eliminar el gasto en alojamiento. “No me puedo gastar 10.000 en dos semanas”. Así descubrió el fenómeno del car homeless: personas que recorren el país durmiendo en el coche, parando en gasolineras para camioneros que ofrecen baño, ducha y lavandería. Él ha adoptado esa misma filosofía. “La verdad es que es muy práctico todo”, admite, aunque las consecuencias físicas ya se notan. “Se me ponen duros los gemelos, me duelen las rodillas. En parte debe ser por el mal dormir”.
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Lugares de aseo en las gasolineras de Estados Unidos para cuando se hace un viaje en el coche. (cedido)
El Mundial más grande corta su racha
A pesar de la distancia y el cambio horario, KQ no pierde el contacto con su familia. “Me quedo despierto hasta la una de la madrugada y llamo a mi mujer y mis hijos y los saludo antes de que se vayan al trabajo”. Además, no tardará en verles de nuevo, debido a que el nuevo formato, con dieciseisavos de por medio, va a cortar su racha.
No llegará hasta la final. El calendario no se lo permite. Lo que antes eran siete partidos en un mes, ahora son ocho en un mes y medio. Además, las entradas son muy caras... y más en el último, donde rondan los 30.000 dólares. “No tengo la posibilidad, pero si la tuviera, tampoco las pagaría porque me parece realmente una locura”, sentencia.
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No obstante, animará a Argentina hasta donde llegue. Siempre con su ritual, aunque sea desde casa. “El Mundial es difícil. Hay muchos equipos buenos. Francia a la cabeza”. Eso sí, no se olvida de España: “Lamine y Nico son dos bestias”, dice, pero le tiene fe a su albiceleste. “Los jugadores de Argentina llegan mejor que en Qatar”, advierte.
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