
La cuenta atrás ha comenzado. Faltan poco más de seis meses para escuchar el pitido inaugural del Mundial 2026 celebrado en Estados Unidos, México y Canadá. La cita que es capaz de unir a aficionados de rivales históricos para animar a los seleccionados. España certificó su pase el pasado martes como primera del grupo E y es una de las grandes favoritas para alzarse con el trofeo y colocar su segunda estrella.
Pero toda parte bonita tiene su lado negativo. En los últimos 30 años se han disputado 8 Mundiales (9 con el de 2026). Y todos tienen una cosa en común: el encarecimiento de las entradas. Desde el Mundial 1994, disputado en Estados Unidos, los billetes se han encarecido de 18 euros a superar los 5.900.
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El primer Mundial en EE.UU. marcó un punto de inflexión en la FIFA, que apostó por la accesibilidad y la asistencia masiva en un mercado muy poco futbolero. El partido inaugural tuvo un coste medio de 70 euros, mientras que la final entre Brasil e Italia osciló entre 166 y 437 euros. Las entradas se dividieron en tres categorías según la ubicación y la relevancia del encuentro, un sistema que permanece vigente hoy en día.
Cuatro años más tarde, Francia 1998 reflejó el inicio de la comercialización moderna del torneo. La creciente popularidad global del fútbol y el auge de la economía europea elevaron los precios, que se situaron entre 37 y 322 euros, consolidando la tendencia hacia entradas más premium.
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La llegada de los Mundiales caros (2002 y 2006)
Corea y Japón 2002 volvieron a ser una apuesta similar a la de ocho años atrás, volviendo a llevar el fútbol en países pocos practicados. Las entradas volvieron a subir de precio, situándose entre los 55 y 690 euros, debido a la logística y la inversión en infraestructuras necesarias para un torneo organizado conjuntamente por dos países.
Por su parte, Alemania 2006 combinó tecnología y accesibilidad. Se introdujeron entradas electrónicas con RFID, mejorando la seguridad y reduciendo el fraude, mientras que se ofrecieron descuentos para aficionados con discapacidades. Los precios oscilaron entre 36 y 607 euros.

2010: un Mundial ajustado a la realidad económica del país
Sudáfrica 2010 será recordado por todos. Una plantilla que implantó una nueva filosofía de fútbol, apostando por la técnica y la calidad de futbolistas menos físicos. La carrera de navas, el tacón de Iniesta, el centro de Torres y la asistencia de Fábregas, culminaron en una volea que levanto de los asientos a los españoles, en casa y los estadios, incluido el rey Felipe IV, por entonces Príncipe de Asturias.
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Además, fue el primer Mundial en suelo africano y se adaptó los precios a la realidad económica local. Se distribuyeron 120.000 entradas gratis entre las comunidades más desfavorecidas, mientras que las entradas más baratas costaban 18 euros. Por otro lado, la media de las categorías premium alcanzó 383 euros, equilibrando la demanda internacional con la accesibilidad local.

2014: vuelta al aumento de costes
Brasil 2014, país con una gran pasión futbolística, vio un incremento notable en los precios. Sin embargo, el país también contaba con grandes masas de población local altamente empobrecida. Las entradas para la fase de grupos costaban 83 euros, mientras que para la final alcanzaban 910. A pesar de las protestas de aficionados brasileños, la FIFA justificó los precios por los compromisos de infraestructura.
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Principio de una brecha entre afición internacional y local (2018 y 2022)
Rusia 2018 mantuvo la tendencia al alza para los visitantes internacionales, pero aplicó descuentos para los residentes locales, con entradas desde los 13 euros. El partido inaugural costó entre 202 y 506 euros para la afición visitante (Arabia Saudí), mientras que los locales pagaban solo 31 euros.
Catar 2022 llevó la digitalización a un nivel extremo. Entradas totalmente digitales, vinculadas a aplicaciones, transporte y alojamiento. Los precios para la final oscilaban entre 190 euros para residentes y 1.478 euros para aficionados internacionales. La media general se situó 593 euros, marcando un récord histórico.
2026: el Mundial más grande y caro
El Mundial 2026 marcará un hito en la historia. Tres países, 48 selecciones y 104 partidos. Las primeras estimaciones sitúan las entradas más baratas en torno a los 75 euros, mientras que el máximo, en la final del 19 de julio, podría alcanzar los 6.192 euros.
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