Rabie Takassa, el cazatalentos de Marruecos que pesca en Europa jugadores que pueden tener doble nacionalidad

Esta estrategia les ha llevado a convertirse en una de las mejores selecciones del mundo y una gran amenaza en el Mundial 2026

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Los jugadores de Marrueco durante el partido ante Brasil (REUTERS/John Sibley)
Los jugadores de Marrueco durante el partido ante Brasil (REUTERS/John Sibley)

Marruecos se ha convertido en uno de los equipos más destacados del fútbol africano actual, en parte gracias a una estrategia que le ha permitido incorporar a jugadores de alto nivel con raíces en el país, aunque nacidos y formados en el extranjero. Esta política de captación ha hecho que los Leones del Atlas sean considerados como el equipo a vencer dentro del continente africano. A diferencia de otras selecciones que han recurrido a la nacionalización de futbolistas para fortalecer sus plantillas, Marruecos ha conseguido atraer a jóvenes talentos que, pese a tener la posibilidad de representar a otros países, han elegido vestir la camiseta marroquí. Una estrategia que les ha llevado a convertirse en una de las mejores selecciones del Mundial 2026.

El desarrollo de este modelo de éxito tiene como figura central a Rabie Takassa, quien es considerado un gran ojeador y gran eminencia en la captación de futbolistas. Takassa, exjugador marroquí, lleva más de diez años liderando una red de ojeadores que opera en diferentes países europeos, como España, Francia, Bélgica y Países Bajos. La tarea principal de este grupo consiste en observar a jóvenes de entre 13 y 23 años con ascendencia marroquí, analizando su evolución y su proyección futbolística. Este sistema ha permitido que Marruecos se mantenga en contacto con una amplia base de talentos que, en muchos casos, podrían haber optado por otras selecciones nacionales.

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Gracias a la labor de Takassa y su equipo, futbolistas como Saibari, Brahim o Achraf, todos nacidos en España, se han integrado a la selección marroquí tras haber sido detectados y contactados a través del programa de captación. Incluso, Takassa llegó a mantener conversaciones con Lamine Yamal, con el objetivo de convencerlo para representar a Marruecos, aunque ese intento no se concretó. En la actualidad, la atención se centra en la posible incorporación de Bouaddi y en los rumores que vinculan a Pitarch con el proyecto. Estos movimientos han generado interés y expectativas dentro y fuera del país.

El partido entre Marruecos y Escocia (REUTERS/Brian Snyder)
El partido entre Marruecos y Escocia (REUTERS/Brian Snyder)

La influencia de esta política de incorporación de talento se hizo especialmente evidente durante el último Mundial, donde en algunos partidos Marruecos llegó a alinear hasta once futbolistas nacidos fuera del país. El seleccionador Ouahbi ha contado con un plantel en el que varios jugadores, a pesar de tener la opción de representar a otras selecciones, optaron por Marruecos. Además, estas incorporaciones no son futbolistas descartados por otros equipos, sino jugadores que, en muchos casos, podrían haber sido titulares en selecciones como España o Francia. Ejemplos de esto son Achraf, Bouaddi o El Aynaoui, quienes por su nivel y proyección habrían tenido sitio en los combinados europeos.

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El éxito de Marruecos

El éxito de la estrategia marroquí no solo se limita a la selección absoluta. El triunfo en el Mundial sub-20 de este mismo año es una prueba más de la solidez del modelo. Los Leones del Atlas lograron el campeonato con una generación de futbolistas que, en buena medida, han surgido de ese trabajo de captación y seguimiento realizado por la federación en el extranjero. Este resultado refuerza la apuesta por un sistema que permite reunir a jóvenes talentos dispersos por Europa bajo un mismo proyecto deportivo y nacional.

La planificación y el trabajo constante en la identificación de nuevas promesas han convertido a Marruecos en un referente en África, asegurando un relevo generacional con jugadores formados en las mejores canteras de Europa. El modelo marroquí, guiado por el criterio y la experiencia de Rabie Takassa, demuestra que la combinación entre el arraigo cultural y una red internacional de ojeadores puede ser la clave para construir equipos competitivos a nivel global. Así, Marruecos sigue sumando éxitos y consolidando su posición en el panorama futbolístico internacional, mientras el resto del continente observa y analiza la fórmula que tantos resultados positivos le está dando.

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