La prensa de Marruecos dispara contra Lamine Yamal y le dice lo que debe hacer para ser “verdaderamente grande”: “Ahí es donde la historia se desmorona”

Uno de los digitales más leídos, con ediciones también en español y francés, califica al jugador español como “ejemplo y contraejemplo” en el fútbol

Guardar
Lamine Yamal surante el Atlético de Madrid-FC Barcelona de Champions. (Reuters/Gonzalo Fuentes)
Lamine Yamal surante el Atlético de Madrid-FC Barcelona de Champions. (Reuters/Gonzalo Fuentes)

Lamine Yamal lleva en el foco del planeta fútbol desde el 29 de abril de 2023, cuando, con solo 15 años, debutó con el Barcelona. Acostumbrado a la presión, antes de alcanzar la mayoría de edad ya podía presumir de actuaciones memorables tanto en su equipo -la pasada edición de la Champions, en la que el Barça se quedó a las puertas de la final- como en la Selección -campeón de la Eurocopa y autor de uno de los mejores goles del torneo-, lo que le llevó a acariciar el Balón de Oro, quedando en segundo lugar en 2025.

La historia podría ser distinta, no necesariamente mejor o peor, si en una de tantas decisiones que ha tenido que tomar, el jugador hubiera optado por vestir no los colores de su nacimiento sino atendiendo a la ascendencia de su padre, Mounir Nasraoui, de Marruecos, o bien a la de su madre, Sheila Ebana, de Guinea Ecuatorial. Se desconoce si este último país ha tentado a Lamine, como sí lo hizo Marruecos, en estos momentos campeona de África -polémica mediante- y una de las selecciones más prometedoras de cara al Mundial.

Pero Lamine eligió España. “Sinceramente, nunca tuve dudas”, confesó en una entrevista, anteponiendo “el cariño y el respeto” que tiene por el país vecino. Brahim Díaz, atacante del Real Madrid, se decantó por Marruecos. Pero en Marruecos no han dejado de mirar al del Barcelona, en un momento importante en su carrera, admirado por su comportamiento con el balón pero señalado por el resto sin él. Este lunes, uno de los periódicos con mayor difusión del reino le dedica un artículo titulado ‘El ejemplo y el contraejemplo’.

El jugador del Barça se ha unido a un partido improvisado en las playas de Dubai ante la sorpresa de todos los asistentes

“La perla aún está en bruto”

Le360, digital editado en Casablanca desde 2013, presenta Lamine como “el más fuerte, pero aún no el mejor”. El texto comienza plagado de elogios, valorando que en la reciente semifinal de Champions contra el Atlético de Madrid, y pese a la eliminación, “volvió a cautivarnos, recordándonos que es, sin duda, el jugador más bello de nuestra época (...) con su regate hipnotizante, su increíble aceleración (...), sus disparos tan súbitos como precisos (...), su visión de juego o su excepcional entrega”.

El artículo no se detiene ahí, alabándolo como “el último romántico que nos recuerda al fútbol de ayer, el que le dio a este deporte su dimensión universal”, pero sí lo hace en una cualidad que, siendo muestra de su ambición, también puede ser un signo de alerta: “Quiere ganar, acumular títulos individuales y colectivos, hacer historia. Con tan solo 18 años, ya lo mueve la urgencia. Ansioso por conseguirlo todo, por conquistarlo todo. ¿Demasiado ansioso? Ahí es donde la historia empieza a desmoronarse".

Y lo que comenzaba como una lectura amable hacia Lamine, deriva en una siembra de dudas: “Contra el Atlético, se excedió. Demasiados gestos innecesarios, demasiada retención del balón, demasiada agitación. Y fuera del campo, el mismo exceso: declaraciones impulsivas, la actitud de una estrella consagrada. Ya no es confianza, es exceso de celo. La extrema juventud del chico influye, pero no lo explica todo. La perla aún está en bruto y necesita pulirse”.

Mounir Nasraoui, padre de Lamine Yamal, junto a su hijo en la celebración de la Eurocopa.
Lamine Yamal celebra la Eurocopa junto a su padre, Mounir Nasraoui.

“Confunde velocidad con precipitación”

Y de haberle situado en la esencia misma del fútbol, a desconfiar que vaya a poder sentarse en la mesa de los grandes de este deporte: “Los verdaderamente grandes siempre han sabido dosificarse. Hablaban poco, o cuando lo hacían, solo decían lo necesario. Dejaban que el juego hablara por sí mismo. El fútbol de élite no premia al jugador que más hace, sino al que toma la decisión correcta en el momento preciso. (...) Intentar hacerlo todo lleva a hacerlo mal. Intentar destacar individualmente debilita al equipo”.

Concluye el artículo de Le360 que “el fútbol no es una competición de virtuosismo", sino “un arte de tomar decisiones”, y que es ahí donde reside la clave de lo que será de Lamine, “el ejemplo de un talento puro, casi milagroso (...), y el contraejemplo de una generación apresurada, expuesta demasiado pronto, que confunde velocidad con precipitación”.