Desde mediados del siglo XX, la despoblación rural ha transformado el panorama demográfico de España. Numerosos habitantes han aspirado a mudarse a las grandes ciudades en busca de nuevas oportunidades. Al mismo tiempo, existen familias que, tras años en entornos urbanos, desean dejar atrás esa rutina para establecerse en el campo o en pequeñas localidades.
Ahora nos encontramos con una proliferación de formas de interactuar, tanto virtuales como físicas. Sin embargo, parece que se ha vuelto mucho más fácil encontrarse incomunicado de la humanidad. La soledad y el aislamiento tienen diferentes significados, pero habitualmente utilizamos sus acepciones negativas. Durante siglos, los teóricos de la evolución nos han repetido que el hombre es un animal social. Aunque, en realidad, la vida del ser humano se caracteriza por muchos momentos de retiro.
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Un claro ejemplo de esto último es la historia de César y su hermano que viven en Villarejo, un pueblo abandonado rodeado de bosques en los alto de las montañas de Asturias, según cuenta en un vídeo para el canal de YouTube @hilux_aventura, popular creador de contenido español, llamado Álvaro, enfocado en la exploración de pueblos abandonados, la vida rural profunda y las historias de resistencia de sus últimos habitantes.
Un poco de la historia de Villarejo
En el pasado, Villarejo albergó hasta 15 casas abiertas, con familias que subsistían de la ganadería y la minería, dos actividades que definieron el rumbo del pueblo. Las viviendas, pequeñas y austeras, reflejaban la precariedad y la dureza de la vida rural asturiana, donde hasta 15 personas compartían techo bajo condiciones extremas. “Si lo piensas ahora, no sé cómo vivían ahí. No viven ni las gallinas, por decirte algo”, comenta César sobre las dimensiones de aquellas casas.
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En muchos casos estas casas también tenían una cuadra en la que guardaban a los animales. “Tenían igual tres o cuatro vacas, muy pocas”, explica. Por eso, aunque la vida en Villarejo estuvo siempre marcada por la necesidad de aprovechar al máximo los recursos del entorno, la ganadería y las plantaciones de cereales como el maíz no podían sustentar a toda las familias. Aún así, “el pan te duraba 15 días tranquilamente. Y claro, no tiene nada que ver con lo que se compra ahora”, dice haciendo alusión a otro de los problemas en nuestro día a día.
Además, muchas personas recurrían a la minería para completar el jornal. “Tenían que trabajar en otras cosas y trabajaban, sobre todo, en la mina”, recuerda César. El trabajo era muy duro y las jornadas se prolongaban desde la madrugada hasta la noche, con desplazamientos a pie por la montaña y tareas que requerían esfuerzo constante. Todo ello sumado a la construcción de sus propias casas, que respondían a técnicas artesanales, utilizando piedra y madera extraídas del entorno. “Aquí hacían unos cierres de piedra que metían miedo”, rememora César sobre los muros que aún se conservan en pie.
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Un presente no muy optimista
En la actualidad, la despoblación es una evidencia en Villarejo. “Hoy la pena que me da es ver lo que vemos en la mayoría de pueblos”, lamenta el entrevistado al recorrer las calles vacías y constatar la falta de relevo generacional. La emigración a las grandes ciudades de la zona como Oviedo ha dejado la mayoría de viviendas deshabitadas o en venta, y el envejecimiento de los pocos residentes complica cualquier recuperación.
Pese a las mejoras en infraestructuras y la llegada de Internet, las oportunidades laborales son casi inexistentes. “Aquí se trabaja por internet o de ganadería, si no imposible” reconoce César, quien sobrevive gracias a la segunda. Aún así, las ayudas no resultan suficientes para compensar las pérdidas. “Me mataron cuatro o cinco”, explica sobre los ataques de lobos y osos, una amenaza creciente para el ganado.
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El acceso al agua también enfrenta dificultades. “No hay agua aquí cuando hace buen tiempo, al sondear el agua se marchó”, detalla César. La despoblación ha provocado el cierre de servicios básicos, como la escuela local, cuyos restos apenas se mantienen en pie.
Así, la historia de Villarejo refleja el destino de muchos pueblos rurales en el norte de España. La combinación de aislamiento, falta de oportunidades y cambios sociales dibuja un horizonte incierto para su supervivencia. Mientras tanto, la vida de César y su hermano permanece como testimonio de un pasado reciente que resiste en las alturas asturianas.
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