Esopo, filósofo griego: “Colgamos a los ladrones de poca monta, pero a los grandes ladrones los elegimos para cargos públicos”

A través de sus historias, el conocido fabulista reflexionó sobre la desigualdad, la corrupción y los privilegios de los poderosos frente a los más débiles

Esopo, filósofo y autor de fábulas griego.
Esopo, filósofo y autor de fábulas griego. (Museo del Prado)
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Si no te suena el nombre de Esopo, es muy probable que sí conozcas algunas de sus fábulas. Considerado el padre de este género literario, se conoce muy poco de su vida. Autores como Heródoto o Aristóteles aseguran que nació como esclavo y sirvió a diferentes amos en la isla de Samos. Sin embargo, lo cierto es que lo que más ha perdurado de esta figura son sus historias, como la de La liebre y la tortuga o la de El pastor mentiroso, de la que se inspiraría más adelante Pedro y el lobo.

Las fábulas de Esopo solían tener dos rasgos en común: los animales eran los protagonistas y, al final, había una moraleja con la que quedarse. Así, lejos de la filosofía más sistemática, la figura de este pensador ha quedado ligada a la sabiduría popular. Por su condición de esclavo, su visión del mundo carece de idealismo heroico o metafísico: es una filosofía de la supervivencia, la agudeza psicológica y el realismo político.

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Para Esopo, el mundo no es intrínsecamente justo. Los poderosos (normalmente representados con seres como leones, lobos o águilas) actúan según su conveniencia y, frente a eso, la única arma posible es la inteligencia. Es por esta postura que se le atribuye con frecuencia esta idea: “Colgamos a los ladrones de poca monta, pero a los grandes ladrones los elegimos para cargos públicos”. De este modo, el débil debe corregir su ingenuidad y aprender a desconfiar de la piedad o las buenas intenciones. La astucia, la cautela y la discreción son las únicas defensas posible.

Escultura del fabulista griego Esopo
Escultura del fabulista griego Esopo. (Museo Estatal de Bellas Artes Pushkin)

La fábula de Esopo sobre las injusticias del poder

Uno de los cuentos más populares de Esopo es La parte del león. En esta breve historia, este animal sale de caza con un zorro, un chacal y un lobo y, al final del día, todos ellos consiguen sorprender a un ciervo y le quitan la vida. Con el botín dividido en cuatro partes, podría parecer que todos comerán bien esa noche, pero todo cambia cuando llega el momento de repartirlo.

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“La primera me corresponde a mí en calidad de rey de las bestias”, dice el león ante los demás. Lejos de quedarse ahí, continúa: “La segunda también es mía por ser árbitro, la tercera me corresponde por mi participación y, en cuanto al último cuarto, me gustaría ver quién de vosotros se atreve a quitármelo”.

Con esta historia, el fabulista nos enseña que, cuando quien debe garantizar la justicia es también quien concentra todo el poder, el reparto deja de ser justo. El problema está en que, muchas veces, quien establece las leyes para los demás no es el primero en cumplirlas. Y, como nos enseña Esopo en esta y otras historias, el poderoso que quiera cometer una injusticia siempre encontrará una excusa para justificarla.

Cubierta de 'Las fábulas de Esopo'
Cubierta de 'Las fábulas de Esopo'. (Hestia)

Los ladrones y la horca

A otro pensador griego, Diógenes de Sinope, se le atribuye la siguiente anécdota: unos guardias y sacerdotes conducen a un pobre hombre atado hacia el patíbulo, condenado a la horca por haber robado una insignificante cazuela de cobre. Sin embargo, al presenciar la escena, un hombre comienza a reírse abiertamente y, extrañados, los ciudadanos y guardias le preguntan por qué actúa de ese modo ante una ejecución. Este responde: “Me río de ver cómo los grandes ladrones conducen a la horca a un ladrón pequeño”.

Otro filósofo de la antigüedad, el escita Anacarsis (siglo VI a. C.), dejó otra curiosa reflexión sobre la justicia impuesta desde arriba: “Las leyes son como las telas de araña: retienen a los débiles y pequeños, pero son desgarradas y burladas por los ricos y los poderosos”. Esta idea iría evolucionando a lo largo del tiempo: pasaría por Agustín de Hipona, por Rousseau e incluso por Karl Marx.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

Más allá de la filosofía, otros ‘fabulistas’ más modernos, como el escritor ruso Lev Tolstói, hablarían de este tema y escribirían: “Se reúne a jueces en togas para juzgar al hombre que robó un caballo por hambre, mientras los hombres que han despojado a miles de familias de sus tierras y han provocado guerras se sientan en tronos y ministerios condecorados con cruces y cintas de honor”.

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