
Para quienes lo vemos desde fuera, el asunto de La bola (Alfaguara) está a medio camino entre El tercer hombre de Graham Greene y el esperpento de Valle-Inclán en clave del siglo XXI. La novela de no ficción escrita por el periodista y corrtesponsal Daniel Verdú, aborda los orígenes de Jot Down, una de las primeras revistas culturales en formato digital que alcanzó rápidamente una gran relevancia, y la misteriosa identidad de su creadora, Mar de Marchis, un asunto que ha levantado no pocas ampollas en la prensa española.
Tanto quienes conocieron de cerca a esta enigmática figura como quienes no, todos han querido contar su versión acerca de esa mujer de la que todo el mundo hablaba, pero que nadie había visto. Ella era la fundadora de Jot Down, una revista digital surgida poco después de los ERE que mermaron las plantillas de los principales medios de comunicación. De este y otros escenarios se aprovecharía esta misteriosa mujer para, sin salir de su casa y utilizando una identidad falsa, crear una revista que muchas veces no pagaba a quienes escribían para ella, pero que otorgaba prestigio a quien figuraba entre sus páginas, hasta el punto de que durante varios años se distribuyó junto a El País.
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Dentro y fuera del medio, circulan otros rumores más turbios. Asuntos como el chantaje sexual, el espionaje y la manipulación han salido a relucir provocando que, de hecho, algunas de las críticas para La bola no hayan sido solo por “atacar” a Jot Down, sino por dejarse cosas en el tintero. Verdú asegura que todo está en el libro, y que simplemente procuró evitar que el “morbo” redujera la magnitud de lo que contaba sobre Mar de Marchis. Eso, dice, hubiera sido “injusto” con el personaje, así como con la época que trata de retratar: la de una España traumatizada por la crisis económica, donde el periodismo vivió un “claroscuro” entre “dos mundos, uno que nacía y otro que no terminaba de morir”.

Un relato real sobre una fantasía colectiva
Daniel Verdú esperaba que La bola provocara cierta polémica, aunque no con la magnitud que se ha visto en redes sociales. “Pero me alegra”, asegura. “Creo que es una especie de coda o epílogo del libro, y al mismo tiempo un taller práctico para la gente que no vivió esa época. Es como un: ‘Mira, esto era así’. Había toda esta gente que estaba todo el tiempo opinando y tirándose los platos a la cabeza, porque todos pensaban que sabían más que el otro”. Mar de Marchis siempre inspiró grandes lealtades y oposiciones, por lo que acepta que alguien pueda sentirse molesto. Eso sí, advierte que su novela no es un libro de ficción, sino todo lo contrario: no hay nada atribuido, y todo lo que aparece parte de fuentes, documentos, grabaciones y fotografías.
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Curiosamente, y tal vez esto dé cuenta del enigma que envolvió siempre a la fundadora de Jot Down, una de las pocas cosas que no vio mientras escribía La bola fue el rostro real de su protagonista. “Quería explicar la fascinación que sentía por ella la gente a través de estar yo también a ciegas”, se justifica. “Cuando me empezaron a mandar sus fotografías, las fui borrando. No quería desvelar nada, ni decir que esta señora en realidad era morena. Lo que quería era ponerme en los ojos de toda esa gente e intentar entender qué veían ellos para estar tan fascinados”.
Y es que, pese a que la persona que se escondía tras el nombre de Mar de Marchis nunca salió de su casa, se convirtió en una persona con una tremenda influencia. Muchos recuerdan, por ejemplo, la sonada fotografía de Juan Luis Cebrián (fundador de El País y hombre fuerte de PRISA) sujetando un casco de Darth Vader poco después de que fueran despedidos 129 periodistas de su periódico. Más allá de las altas esferas, había mucha gente, colaboradores de la revista y ajenos a la misma, que aseguraban haberla visto. “Tuve un compañero que incluso me llegó a decir que estaba liado con ella, pero obviamente todo era mentira. Ese era el nivel al que llegaba la fantasía”, expone Verdú.
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La pionera del “salvaje oeste” digital
La España que retrata Verdú para explicar el nacimiento de Jot Down es tan próxima en el tiempo como lejana para quienes no la vivieron de cerca. Es la España que vio por televisión las primaveras árabes, la España de los millenials “pensando que podrían cambiar las cosas”, y también la España de los primeros foros de internet, muchas veces creados por las propias empresas de telefonía y de ADSL para captar clientes. “Eran las primeras comunidades y la gente se agrupaba por afinidades y hobbies. Sobre todo estaban poblados por hombres, un poco freaks, en el buen sentido, porque sabían mucho de algunas cosas, mientras al mismo tiempo tenían ciertas dificultades para el desarrollo social, de modo que se sintieron muy cómodos y seguros en estos espacios”.
El periodista acepta como analogía el salvaje oeste. “Ellos eran los pioneros, nos llevaban años de ventaja a todos”, conviene. Los intercambios que, durante años, se produjeron en esos foros, muchas veces eran agresivos, ya que no existía el control del contenido que ahora encontramos, por ejemplo, en las redes sociales, por lo que “había que tener la piel muy dura”. “Cuando yo me abrí una cuenta de Twitter en 2013, toda esa gente llevaba ya 10 años sabiendo manejarse ahí, descifrando las debilidades a través de la virtualidad, parapetada detrás de los nicknames y de avatares”.
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En eso, precisamente, fue en lo que Mar de Marchis fue una adelantada a todos. “Los foros permitían los mensajes directos, por lo que de alguna manera podías ir a ‘cazar’ gente interesante”. Verdú cita a Arcadi Espada para describir a la mujer como “una criatura de Internet”. “Ella era una verdadera nativa digital, no lo que se dice ahora. Descubrió que, a través de esa virtualidad y de la pantalla, podía tener una capacidad de manipulación y de gestión de las emociones de los otros brutal”.

El ego masculino
Lo que logró Mar de Marchis a través de una pantalla habla de la capacidad que podía llegar a tener alguien que supiera dominar las nuevas herramientas con las que se movía el mundo, pero también dice mucho de la condición humana y, tal y como precisa el propio Verdú, de la condición masculina, tan basada en la “vanidad” y el “ego” que en cuanto alguien vio la oportunidad de aprovecharse de ello logró crear un medio de la nada y convertirlo en parte de la élite cultural de un país. “Hay un momento en el que digo: ‘El ego masculino es la mitad de la población mundial y todo el gremio de periodistas”.
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Adulaba, mandaba fotografías (las cuales, según se vio años después, no eran suyas), agitaba el avispero cuando lo veía necesario y, cuando no, seducía. Apareció, además, en el momento perfecto, captando para su revista tanto a profesionales de la comunicación despedidos con el ego herido comoa periodistas recién titulados de la universidad que miraban con temor su futuro profesional y que necesitaban una plataforma. “En esos momentos bisagra es donde ocurren cosas más extrañas. Algo así no podría haber ocurrido cinco años antes. Tampoco ahora, porque esa ingenuidad y esa inocencia se han perdido”.
El rostro verdadero
La bola reconstruye un paisaje del periodismo español reciente que el propio Verdú vivió de cerca. Por eso, él mismo aparece en el libro, junto a otros tantos implicados en la inmensa red que Mar de Marchis logró construir. “Yo estaba allí, tenía mis propias miserias y formo parte de los problemas que narro con mis propios ojos”. Precisamente desde esa perspectiva, elabora un libro con aires de novela negra, pero que ni es una “biografía exhaustiva” ni “una verdad absoluta”. “Es una crónica de un momento particular del que seguro que existen muchas otras visiones”. De hecho, un aspecto que aparece en el libro, y que le llamó desde el principio la atención, fue que cada descripción que sus fuentes le hacían de esta mujer era distinta.
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Prueba de ello son todos los alegatos en defensa de Mar de Marchis y a favor de ella que han proliferado estos días tanto en la prensa como en redes sociales, con artículos llenos de acusaciones a periodistas y medios de querer exagerar, manipular o minimizar su historia. Para concluir la entrevista, le preguntamos al autor qué sintió cuando, al terminar el libro, vio las fotos de la mujer que se ocultaba detrás de Mar de Marchis. “Es un momento muy fuerte porque te lo has imaginado de millones de maneras, pero en cuanto la vi estuve seguro de que, si lo hubiera hecho antes, habría salido otro libro distinto que yo no quería hacer”.
De todos los testimonios que se reúnen para reconstruir esta historia, se deduce que en aquellos años se escribieron parte de “las reglas de este mundo que iba a llegar”. En 2017, El Confidencial revelaría la identidad y la biografía real de Mar de Marchis y, en 2019, El País y Jot Down finalizarían su acuerdo de colaboración. El periodismo, en tan poco tiempo, ha cambiado mucho: tras la crisis y sus despidos, el boom de las redes sociales y la decepción que estas supusieron quedó la sensación de haber aprendido alguna lección, pero Daniel Verdú termina advirtiendo que quizá no fuera tan así. “Y por eso, como con todo, es importante no juzgar lo que ocurrió hace años con los ojos de ahora”.
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