Sócrates, filósofo griego: “La mayor riqueza es aprender a vivir contento con poco”

El maestro de Platón defendía la necesidad de poner freno a los deseos por las cosas materiales para alcanzar la verdadera felicidad

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Sócrates
Pintura del filósofo griego Sócrates.

La búsqueda de la felicidad ha obsesionado a la humanidad desde sus orígenes más remotos. En la antigua Atenas, las plazas públicas no solo albergaban mercados, sino también debates profundos sobre qué significa realmente llevar una buena vida. Puede que hoy muchos encuentren la respuesta en un consumismo desenfrenado, pero las reflexiones de los pensadores clásicos, y muy en especial de los pensadores griegos, pueden ofrecer una respuesta alternativa.

Gran parte de estas ideas nos llegaron a través de La República, la célebre obra del filósofo Platón donde se discute la justicia y el diseño de un Estado ideal. En estos diálogos, su maestro Sócrates expone una constante preocupación por la ética, el cuidado del alma y el autoconocimiento, vinculando la auténtica virtud con un desapego total de los bienes materiales superfluos.

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De este modo, no es de extrañar que una de las frases más atribuidas a Sócrates en esta obra sea la siguiente: “La mayor riqueza es aprender a vivir contento con poco”. Una afirmación que resulta fundamental entonces y ahora al subvertir por completo la noción tradicional que tenemos del éxito. El filósofo, con unas pocas palabras, nos recordó que la libertad espiritual y la paz mental residen en el control de nuestros deseos cotidianos más mundanos.

Cubierta de 'La República' de Platón. (Edimat Libros)
Cubierta de 'La República' de Platón. (Edimat Libros)

El significado de la frase de Sócrates

El gran filósofo de la Antigua Grecia argumentaba que la verdadera riqueza no se mide por la cantidad de posesiones acumuladas, sino por la escasez de necesidades. Su visión bien podría encajar en nuestra sociedad actual. En esta, dominada por la publicidad y el consumo rápido, solemos buscar la felicidad en las novedades del mercado, cuando no en las últimas rebajas. Sócrates desafía directamente esta mentalidad consumista al recordarnos que la satisfacción duradera nace del interior.

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Para profundizar en esta idea, resulta ilustrativa otra de sus sentencias más reconocidas: “El que no está contento con lo que tiene, no estaría contento con lo que le gustaría tener”. Esta lectura psicológica del consumista evidencia que la codicia puede convertirse en un auténtico barril sin fondo. Quien vincula su bienestar a lo externo jamás hallará paz, pues sus deseos la capacidad de los deseos para expandirse resulta infinita.

Resulta irónico pensar que, hace unos 2.500 años, Sócrates salía al mercado de Atenas para exclamar: “¡Cuántas cosas hay que no necesito!“. Seguramente, gritar en el ágora era lo más parecido a subir una historia de Instagram que hubiera entonces, aunque habría que ver si, también entonces, las comparaciones con los demás eran constantes. Las comparaciones de hoy son puramente materiales nacidas de una dependencia por las cosas que no parece encontrar fin. Frente a esto, la doctrina socrática propone una maravillosa receta (también) de salud mental.

Estatua del filósofo griego Sócrates en los jardines de la Academia de Atenas.
Estatua del filósofo griego Sócrates en los jardines de la Academia de Atenas.

El eco de la moderación en otros pensadores

Siglos más tarde, Epicuro de Samos continuó explorando esta línea de pensamiento sobre hasta qué punto necesitamos el dinero y las riquezas. El filósofo del placer inteligente defendía que la tranquilidad del alma se alcanza distinguiendo los deseos naturales de las ambiciones artificiales. Su célebre sentencia, puede que la más sabia de las tautologías, sintetiza a la perfección esta idea: “Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”.

Asimismo, el estoicismo romano abrazó con fervor esta doctrina como pilar para alcanzar la ataraxia. El célebre filósofo cordobés Séneca plasmó esta profunda convicción en sus famosas epístolas al escribir: “No es pobre el que tiene poco, sino el que desea más”. Con ello, sentenció que el bienestar definitivo no proviene de acumular fortunas, sino de domar la codicia.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

En definitiva, parece que la filosofía clásica sigue resonando en nosotros miles de años después para recordarnos que, incluso en un mundo hiperconectado y tan consumista como el nuestro, aprender a apreciar los pequeños detalles cotidianos es valioso. Solo así podemos acercanos al verdadero sentimiento de abundancia, una riqueza que, más allá de los bolsillos, las carteras y las cuentas corrientes, nos hace sentir que no necesitamos nada más.

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