René Descartes, filósofo francés: “Si de verdad buscas la verdad, es necesario que al menos una vez en tu vida dudes de todo”

Considerado el padre de la filosofía moderna, este pensador señaló la necesidad de desconfiar incluso de los sentidos para construir una verdad que podamos comprobar con evidencias

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René Descartes
Retrato del filósofo francés René Descartes.

René Descartes, nacido en Francia en 1596, es considerado unánimemente el padre de la filosofía moderna. En una época de profundos cambios científicos, este genial pensador y matemático se propuso refundar el conocimiento humano sobre bases completamente firmes. Su viaje intelectual lo llevó a postular una de las frases más célebres de la historia: “pienso, luego existo”, el pilar inquebrantable de su sistema.

El pensamiento de Descartes rompió de forma radical con la tradición medieval, que dependía ciegamente de la fe y de los textos antiguos. Él propuso utilizar la razón propia (“pienso”) como la única herramienta válida para desentrañar los misterios del universo (“luego existo”). Para lograrlo, ideó un método riguroso inspirado en las matemáticas, el famoso cartesianismo, buscando verdades que fueran tan claras y evidentes que resultara imposible cuestionarlas.

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De este modo, en su célebre obra Principios de la filosofía, el autor resumió magistralmente el punto de partida de toda su aventura intelectual. Como bien nos legó el pensador galo: “Si de verdad buscas la verdad, es necesario que al menos una vez en tu vida dudes de todo”. Y es que, para conocer de verdad el mundo, había que desconfiar de todo lo que le rodeaba y de lo que creía que era la realidad, incluso de lo que le dictaban sus propios sentidos.

Retrato del filósofo francés René Descartes.
Retrato del filósofo francés René Descartes.

El significado de las palabras de Descartes

La frase del filósofo francés define lo que en la historia del pensamiento se conoce como la duda metódica. Descartes no era un escéptico que creyera que la verdad fuera inalcanzable; al contrario, usaba la duda como una herramienta de limpieza intelectual. En sus Meditaciones metafísicas argumentaba: “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez”, refiriéndose al conocimiento que nos llega mediante los sentidos, no siempre tan fiables como suponemos.

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Para ver cómo Descartes acertó de lleno en esto último, basta con ver cómo a día de hoy lo que vemos no es siempre lo real. En los últimos años, por ejemplo, han proliferado las imágenes y vídeos falsos en internet y redes sociales, demostrando que la duda sigue siendo una herramienta necesaria para el pensamiento crítico, más aún cuando la verdad parece clara.

En la misma línea, para el filósofo francés cuestionar las ideas preconcebidas era la única vía para evitar los errores de la sociedad. En su fundamental Discurso del método escribió, de hecho, que “la verdad no se encuentra en la multitud de opiniones, sino en la evidencia”. Solo despojándonos de los prejuicios heredados podemos llegar a ser verdaderos dueños de nuestro propio conocimiento y tomar decisiones informadas.

'El discurso del método', de René Descartes.
'El discurso del método', de René Descartes. (Ediciones Akal)

La herencia del cuestionamiento

Siglos después, otros grandes filósofos siguieron la estela de Descartes, defendiendo que el cuestionamiento personal es indispensable para la madurez humana. Uno de ellos fue el alemán Immanuel Kant, quien en el siglo XVIII invitó al mundo a despertar de su letargo intelectual, asumiendo este espíritu crítico con su famosa expresión “Sapere aude: ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”, para la que hizo uso de la máxima latina del poeta Horacio.

En una línea muy similar se expresó el pensador Friedrich Nietzsche durante el siglo XIX. Este filósofo insistió en la necesidad de revisar los valores impuestos por la cultura para poder alcanzar una auténtica libertad mental. “Las convicciones son enemigas de la verdad más peligrosas que las mentiras”, advertía en sus cuadernos, en sintonía con una obra que, precisamente, abrió las puertas a cuestionar la realidad que siempre habíamos dado por hecho.

La reflexión de Hegel sobre la filosofía y el lenguaje.

A través de los siglos, la gran lección de la filosofía es que el conocimiento no es un cofre estático que se recibe, sino un camino activo que se conquista. Desde ese “solo sé que no sé nada” socrático, desconfiar saludablemente de lo que nos rodea ha sido la máxima de los más sabios. Al final, la duda racional sigue siendo el faro más seguro para navegar en el océano de incertidumbres que supone nuestro mundo.

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