Un Mundial de cine, Grupo B: de los traumas y secretos de Canadá o la ironía de Suiza al creciente desarrollo de Qatar

Tras un competido primer grupo, este es el turno de cinematografías más desconocidas y en pleno crecimiento

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El grupo B del Mundial reúne las cinematografías de Qatar, Suiza, Canadá y Bosnia y Herzegovina
El grupo B del Mundial reúne las cinematografías de Qatar, Suiza, Canadá y Bosnia y Herzegovina

Segundo episodio de nuestra serie especial en torno al Mundial 2026 que busca hermanar fútbol y cine a través de descubrir cada país por su particular historia cinematográfica. Después de analizar el primer grupo, con ese partido inaugural entre México y Sudáfrica, es el momento de cambiar de selecciones y poner la mirada en el siguiente grupo, uno con grandes “tapadas” si es que puede decirse así, en términos más futbolísticos que cinematográficos.

El grupo B del Mundial, con Canadá, Bosnia y Herzegovina, Qatar y Suiza, ofrece un buen pretexto para mirar el mapa del cine de estos países como quien hojea una filmografía de contrastes: tradición y periferia, autoría y pulso popular, memoria histórica y modernidad. A falta de una gran industria hegemónica en algunos casos, el interés está precisamente en la diversidad de voces que han sabido convertir limitaciones materiales en identidad estética.

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Imagen de 'Take this waltz' de Sarah Polley
Imagen de 'Take this waltz' de Sarah Polley

Canadá: identidad y riesgo

Hablar del cine canadiense es hablar de un país que ha buscado su propia voz entre la influencia de Hollywood y la voluntad de narrarse desde dentro. Esa tensión ha producido cineastas de enorme personalidad, desde Denys Arcand, capaz de retratar con ironía la fragilidad moral de la clase media en títulos como Las invasiones bárbaras, hasta Atom Egoyan, uno de los grandes autores del trauma y la memoria en películas como Exotica o El dulce porvenir. También merece mención Sarah Polley, que ha dado una mirada íntima y política a la vez en Women Talking, una obra que consolidó su prestigio internacional. No en vano ha llegado hasta a hacer un cameo en The Studio.

Canadá ha sabido destacar precisamente cuando ha convertido su diversidad en materia dramática. El cine francófono de Quebec, las historias de inmigración y los relatos de aislamiento geográfico han alimentado una filmografía donde la identidad nunca es un decorado, sino un conflicto. En esa tradición, el cine canadiense suele moverse entre el realismo emocional y la experimentación formal, con autores que prefieren las grietas del personaje antes que los grandes gestos.

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Imagen de la película de Bosnia y Herzegovina 'Quo Vadis, Aida?'
Imagen de la película de Bosnia y Herzegovina 'Quo Vadis, Aida?'

Bosnia y Herzegovina: memoria y herida

El cine bosnio está marcado por la historia reciente, y eso lo hace especialmente intenso. Emir Kusturica, nacido en Sarajevo, es el nombre más conocido fuera de sus fronteras, con películas como Tiempo de gitanos o Underground, donde el exceso visual, la sátira y la tragedia se mezclan con una energía difícil de olvidar. Su cine, aunque discutido, convirtió la región en una referencia central del cine europeo de autor.

Junto a él, Danis Tanović llevó el dolor contemporáneo a una depuración muy distinta en En tierra de nadie, una sátira antibélica que ganó el Óscar a mejor película de habla no inglesa. Más tarde, Jasmila Žbanić ha sido una de las voces más importantes del país con trabajos como Quo vadis, Aida?, centrada en la masacre de Srebrenica y en la imposibilidad de cerrar del todo las heridas colectivas. El cine bosnio, en suma, suele ser un cine de posguerra, de ruinas visibles e invisibles, donde la historia no se evoca: sigue presente.

'Black Gold' ha sido una de las primeras grandes producciones en las que ha participado Qatar
'Black Gold' ha sido una de las primeras grandes producciones en las que ha participado Qatar

Qatar: una industria en construcción

Qatar representa otro escenario: el de un país donde el cine de autor todavía está en consolidación, pero donde el impulso cultural es cada vez más visible. El caso qatarí suele articularse a través de iniciativas de producción, apoyo institucional y proyección internacional más que por una tradición larga de estudios o de grandes sagas nacionales. Eso no impide que haya surgido una sensibilidad propia, interesada en la modernización, la vida urbana y las tensiones entre tradición y cambio.

En este terreno, el nombre más conocido es el de Maimouna Doucouré, aunque vinculada a la producción internacional y no estrictamente a una industria local qatarí; en Qatar, la conversación cinematográfica se ha movido más por el impulso de festivales, coproducciones y plataformas de exhibición. Esa condición de cine en formación no es una debilidad, sino una etapa: el relato qatarí aún está escribiéndose, y precisamente por eso resulta revelador observar cómo intenta definir sus temas y sus formas. Han salido coproducciones como Black Gold, protagonizada por Tahar Rahim o el mismísimo Antonio Banderas, pero a Qatar aun le queda un largo camino por recorrer hasta convertirse en una potencia mundial.

Imagen de la película suiza 'The Swissmakers'
Imagen de la película suiza 'The Swissmakers'

Suiza: ironía y observación

De un modo parecido a Qatar en cuanto a que sus mayores películas son coproducciones, la historia de Suiza es relativamente corta y pleno proceso de evolución. El cine suizo tiene una virtud muy reconocible: la claridad. Sin excesos retóricos, ha producido autores capaces de mirar la realidad con distancia crítica y un fino sentido de la observación. Alain Tanner es una figura capital, con películas como Jonas que tendrá 25 años en el año 2000, donde la política, la juventud y la utopía se entrelazan con una inteligencia poco común.

Otro nombre esencial es Xavier Koller, ganador del Oscar por Viaje a la esperanza, una película que abordó la emigración con sensibilidad social y un tono humano muy accesible. A ello se suma una tradición de documental y cine ensayístico que ha hecho de Suiza un país pequeño en volumen, pero grande en precisión autoral. Más cerca del presente, cineastas como Ursula Meier han reforzado esa línea con obras como Home o La línea, donde el espacio doméstico y el conflicto social se vuelven inseparables. En los últimos años han salido nuevos títulos y voces, como La chica y la araña de Ramon Zürcher y Silvan Zürcher, por lo que solo es cuestión de tiempo que Suiza siga avanzando, quizá con más firmeza que su combinado en el fútbol.

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