Toronto (Canadá), 1 jun (EFE).- El Grupo B del Mundial de 2026 aparece sobre el papel como uno de los más equilibrados de la primera fase, con una Canadá impulsada por el factor local, una Suiza acostumbrada a competir en grandes torneos, una Bosnia y Herzegovina que regresa al escaparate mundialista y un Catar que busca reivindicarse tras su discreto debut como anfitrión en 2022.
La selección canadiense afrontará el torneo con una presión inédita. El equipo dirigido por Jesse Marsch jugará como anfitrión y disputará sus partidos de la fase de grupos entre Toronto y Vancouver, en un país donde el fútbol vive un crecimiento acelerado desde el Mundial de Catar y la expansión de la MLS.
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Canadá disputará apenas su tercer Mundial, tras México 1986 y Catar 2022, donde cayó eliminada en la primera fase pese a dejar una imagen competitiva.
El gran referente canadiense seguirá siendo Alphonso Davies, lateral y extremo del Bayern de Múnich, acompañado por el delantero Jonathan David, uno de los atacantes más cotizados del fútbol europeo.
La generación canadiense ha ganado experiencia internacional en los últimos años y llega al torneo con la ambición de superar por primera vez una fase de grupos mundialista.
Pero el favoritismo teórico del grupo parece recaer en Suiza. El conjunto helvético encadena participaciones regulares en las grandes competiciones y alcanzó los octavos de final en las tres últimas Copas del Mundo.
El bloque dirigido por Murat Yakin mantiene una estructura sólida alrededor de jugadores experimentados como el capitán Granit Xhaka, Manuel Akanji o Breel Embolo.
La principal fortaleza suiza sigue siendo la estabilidad. El equipo rara vez se descompone tácticamente y suele competir con solvencia incluso ante selecciones de mayor talento individual. En un grupo sin una superpotencia tradicional, esa consistencia puede resultar decisiva para terminar en la primera posición.
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Bosnia y Herzegovina representa una de las historias más llamativas del grupo. La selección balcánica regresará al Mundial 12 años después de su única participación, en Brasil 2014.
El veterano Edin Dzeko, 40 años, continúa siendo el rostro más reconocible del equipo, acompañado por una generación que combina futbolistas experimentados y jóvenes con presencia en ligas europeas.
El conjunto bosnio llega además con el impulso emocional de haber superado una exigente repesca europea para clasificarse. Su perfil físico y competitivo puede convertirlo en un rival incómodo, especialmente en partidos cerrados y de alta tensión.
Por su parte, Catar intentará demostrar que su fracaso en 2022 fue una excepción y no el reflejo de su verdadero nivel competitivo bajo la dirección del español Julen Lopetegui, que regresa a la competición tras quedarse a las puertas con La Roja -fue destituido la víspera de su primer partido en Rusia 2018-.
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La selección asiática sigue apoyándose en buena parte del núcleo que ganó la Copa Asiática de 2019, aunque afronta el torneo sin el factor anfitrión que acompañó su anterior experiencia mundialista.
La ampliación del Mundial a 48 equipos también altera los cálculos tradicionales. En el nuevo formato, los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros avanzarán a dieciseisavos de final, lo que aumenta las opciones de supervivencia para selecciones intermedias. EFE og En ese contexto, el Grupo B se perfila como una batalla abierta donde el factor campo canadiense, la experiencia suiza, la resiliencia bosnia y la necesidad de reivindicación catarí pueden mantener la incertidumbre hasta la última jornada.
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