Slavoj Žižek, filósofo: “Lo que nos hace felices no es conseguir lo que queremos, sino soñar con ello”

Esta fue la respuesta que el pensador esloveno le dio a una persona que le preguntó si la felicidad era importante y, de ser así, cómo se podía alcanzar

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Fotografía del filósofo esloveno Slavoj Zizek (Imagen de archivo)
Fotografía del filósofo esloveno Slavoj Zizek (Imagen de archivo)

Slavoj Žižek es uno de los filósofos contemporáneos más influyentes y singulares del panorama internacional. Nacido en Eslovenia, este pensador combina el psicoanálisis lacaniano, el idealismo alemán y el marxismo en sus obras, en un tono al que no le falta el sentido del humor. Eso, junto con su capacidad para analizar algunos elementos de la cultura popular, lo ha convertido en un icono del mundo cultural y de la divulgación filosófica.

Por ese estatus, en octubre de 2014, el periódico británico The Guardian organizó un encuentro virtual donde los lectores pudieron plantearle preguntas directamente. Fue en ese foro interactivo donde un usuario le preguntó si la felicidad era algo importante y cómo podía conseguirse. Una duda ante la que Žižek dejó una reflexión implacable sobre la naturaleza consumista de Occidente: “Lo que nos hace felices no es conseguir lo que queremos, sino soñar con ello”.

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La frase se volvió viral rápidamente por su crudeza. Con estas palabras, el pensador esloveno sostenía que el ser humano experimenta un vacío intrínseco que intenta llenar mediante el deseo, pero la satisfacción real de este destruye la ilusión que nos mantenía motivados. Su idea no fue espontánea; al contrario, se trata de un tema que Žižek ha explorado en profundidad en obras como El sublime objeto de la ideología o Bienvenidos al desierto de lo real.

Cubierta de 'Bienvenidos al desierto de lo real', de Slavoj Žižek.
Cubierta de 'Bienvenidos al desierto de lo real', de Slavoj Žižek. (Ediciones Akal)

El significado de la frase de Slavoj Žižek

Bajo la óptica del filósofo, la felicidad tradicional es una quimera conformista. En su respuesta, Žižek expandió su argumento en aquel encuentro digital afirmando con rotundidad: “Si quieres seguir siendo feliz, mantente estúpido. Los auténticos maestros nunca son felices; la felicidad es una categoría de esclavos”. Lo que defendía es que la verdadera autorrealización nace de la lucha interna.

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En la actualidad, este fenómeno psicológico se observa con claridad meridiana en el consumismo digital. La compra compulsiva es una realidad cotidiana de nuestra época, provocada por la felicidad que puede llegar a producir. Sin embargo, para Žižek la adrenalina del proceso reside no en lo comprado en sí, sino en su espera y en imaginar cómo será el producto. Así pues, a los pocos minutos de abrir la caja, ese objeto pierde su magia y necesitamos buscar desesperadamente el siguiente estímulo.

Lo mismo ocurre en el plano de las relaciones interpersonales, con el uso de las aplicaciones de citas. Las personas pasan horas deslizando perfiles en la pantalla, disfrutando del catálogo de infinitas posibilidades y fantaseando con la pareja perfecta. Cuando finalmente se concreta la cita real, la cruda realidad del otro suele romper la fantasía idealizada, generando una decepción inmediata.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

La insatisfacción como motor humano

Esta perspectiva sobre el carácter esquivo del deseo no es nueva en la historia del pensamiento occidental. Arthur Schopenhauer ya determinó a finales del siglo XIX que la vida oscila como un péndulo entre el dolor del deseo y el aburrimiento de la satisfacción. El filósofo pesimista alemán afirmaba textualmente que “el deseo, por su naturaleza, es dolor: la consecución engendra rápidamente la saciedad”.

En una línea similar encontramos al psicoanalista Jacques Lacan, una de las mayores influencias de Žižek. Lacan teorizó que el deseo humano no busca un objeto real, sino mantener vivo el propio desear de forma indefinida. El francés sentenció en sus escritos que “el deseo es el deseo del deseo”, una forma redundante que refleja a la perfección cómo alcanzar la meta de forma definitiva destruye el motor que nos impulsa.

En conclusión, la advertencia que nos lanzan Žižek y otros grandes pensadores contemporáneos es que debemos ser capaces de identificar nuestra insatisfacción estructural. Buscar una felicidad idílica basada en poseer todo lo que anhelamos solo conduce a una frustración permanente y vacía. Al final, lo que verdaderamente nos mantiene despiertos, activos y vivos es la maravillosa capacidad humana de seguir soñando con lo inalcanzable, y de nosotros depende si queremos aprender a convivir con ello o empezar a cambiarlo.

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