Se calcula que, en 2025, España diagnosticó 296.103 nuevos casos de cáncer. Tumores como los de colon y recto, mama, pulmón, próstata y vejiga fueron los más comunes, según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), ligados a una multitud de factores de riesgo que los hacen prevenibles. De ellos, al menos 8.000 debieron originarse a causa de la exposición a sustancias cancerígenas en el trabajo. Sin embargo, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) solo detectó 105.
El cáncer laboral representa en España el 0,35% de las patologías profesionales comunicadas, pese a que se estima que alrededor de la mitad de los trabajadores europeos están expuestos a cancerígenos en el trabajo. El dato sorprende, sobre todo, al compararlo con otros países europeos: en Alemania, los tumores suponen el 32% de las enfermedades laborales detectadas, mientras que en Austria son el 11%, según datos de 2018 del observatorio Eurogip.
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El INSST es consciente de este infradiagnóstico e infradeclaración, que convierten al cáncer laboral en “una realidad invisible”, aseguran en un comunicado. La dificultad reside, según la oncóloga Laura Mezquita, en la dificultad para vincular los casos de cáncer con la exposición a tóxicos en el trabajo. “El cáncer suele aparecer muchos años después de la exposición y, en la práctica clínica, no siempre se recoge una historia laboral detallada. Si no preguntamos por las exposiciones ocupacionales, es muy difícil identificar los casos y reconocer su origen laboral”, explica la coordinadora del Grupo de Trabajo SEOM de Cáncer, Trabajo y Medio Ambiente.
La difícil tarea de buscar la causa del cáncer
La doctora Mezquita recalca que “el cáncer es una enfermedad multifactorial y rara vez puede atribuirse a una única causa”, por lo que vincular su aparición al trabajo suele ser complejo. “Lo que hacemos es valorar si una exposición ha contribuido de forma significativa a su desarrollo. Para ello es fundamental reconstruir la historia laboral, conocer las exposiciones, el tiempo de latencia y apoyarse en la evidencia científica disponible”, explica a Infobae. Esta exposición debe ser repetida y mantenida a lo largo del tiempo para ser valorada.
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En España, el principal factor de riesgo de cáncer vinculado al trabajo es el amianto. De hecho, de los 105 casos comunicados al INSST, 60 estaban relacionados con la exposición a este cancerígeno, según un estudio de Comisiones Obreras (CCOO). Le siguen el polvo de sílice libre, ácido cianhídrico, cianuros, compuestos de cianógeno y acrilonitrilos, polvo de madera dura, hidrocarburos aromáticos policíclicos, cromo VI, arsénico, níquel y sus compuestos, benceno, aminas aromáticas, nitrobenceno y el gas radón.
Hombres en trabajos poco cualificados, las principales víctimas

El cáncer laboral en España tiene un fuerte componente de género, según los datos del INSST. De los 119 partes dados en 2025 por cánceres laborales, 105 fueron en trabajadores y 14 en trabajadoras. “Este hecho no solo se puede explicar porque la exposición a agentes cancerígenos se produzca mayoritariamente en sectores masculinizados, sino también debido a una falta de perspectiva de género en el abordaje del cáncer laboral, donde existe una absoluta falta de investigación y de gestión con mirada de género”, consideran desde CCOO. La falta de perspectiva de género se hace todavía más patente con “la no presencia de cánceres específicos en mujeres” en el listado de enfermedades laborales, “a pesar de la existencia de evidencias científicas muy sólidas en cáncer de ovario y cáncer de mama”, consideran desde el sindicato.
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La ocupación también importa: la mayor incidencia de estas enfermedades se dio en trabajos que exigían una menor cualificación de sus trabajadores. El último estudio del INSST sobre ocupación, actividad económica y mortalidad del cáncer, elaborado en 2021, expone que ingenieros, doctores o profesores mostraban un riesgo bajo de mortalidad en varios tumores. En cambio, trabajadores como mineros, pescadores y marineros, trabajadores de la construcción, pintores o camareros mostraban los indicadores de riesgo más altos.
El trabajo importa en el historial clínico
Resolver el infradiagnóstico, según la doctora Mezquita, pasa por “incorporar de forma sistemática la historia laboral en la valoración de los pacientes con cáncer”. La oncóloga considera que, al igual que se pregunta a los pacientes por el consumo de tabaco, alcohol o los antecedentes familiares, la experiencia laboral también debe ser considerada.
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“También es necesario mejorar la formación de los profesionales y facilitar los circuitos de notificación. Y, por supuesto, seguir reforzando la prevención en los lugares de trabajo. La mejor estrategia frente al cáncer laboral sigue siendo evitar la exposición a los carcinógenos conocidos”, concluye.
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