
Hasta el momento, ha sido la obra mejor recibida en el Festival de Cannes. Se trata de Minotaur, de Andrey Zvyagintsev que aborda de forma contundente la corrupción, la infidelidad y la crisis moral en la Rusia de Vladimir Putin, con la guerra contra Ucrania como telón de fondo. La proyección ha generado un entusiasmo visible entre el público reunido en el Teatro Lumière con una ovación de más de ocho minutos, la más larga este año.
El filme está protagonizado por Dmitriy Mazurov e Iris Lebedeva, quienes interpretan a un matrimonio fracturado por la presión social y las traiciones personales en un país dominado por el poder político y la desconfianza. La trama sitúa a Gleb (Mazurov), un empresario de éxito, entre la gestión de su empresa y las exigencias de las autoridades, que le demandan listas de empleados para enviarlos al frente ucraniano. Galina (Lebedeva), por su parte, se involucra en un romance que amenaza con destruir la vida familiar que han forjado.
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Minotaur, inspirada en la película La mujer infiel de Claude Chabrol, fue rodada íntegramente en Letonia y no en Rusia, debido a su carácter abiertamente crítico con el actual régimen, como ha confirmado el propio Zvyagintsev.
Una película de denuncia explícita
La filmografía previa del director ya abordaba cuestiones incómodas para el Kremlin, pero Minotaur se distingue como su denuncia más explícita y compleja del estado político, espiritual y moral de la Rusia contemporánea.
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El largometraje transcurre en una ciudad sin nombre en torno al inicio de la invasión de Ucrania en 2022, aunque el “operativo militar especial”, como denomina el Gobierno ruso a la guerra, se introduce progresivamente en la narrativa. Una de las primeras escenas muestra a Gleb interviniendo sutilmente cuando su jefa de recursos humanos consulta imágenes de los bombardeos ucranianos en el ordenador, como indica la revista Variety.
El conflicto bélico, inicialmente en un segundo plano, adquiere una presencia cada vez más dominante a medida que avanza la trama. El protagonista recibe la orden del alcalde local de entregar los nombres de 14 trabajadores para el reclutamiento militar, un proceso donde, según el análisis de The Hollywood Reporter, los enviados carecen de equipamiento o protección adecuada. El entorno social, repleto de imágenes propagandísticas y ciudadanos con secuelas físicas visibles de guerras pasadas, refuerza la sensación de presión y vigilancia constante.
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La fractura matrimonial ocupa el eje emocional de la historia. Gleb percibe el distanciamiento de Galina y encarga a su jefe de seguridad indagar sobre sus movimientos, descubriendo el vínculo de ella con un fotógrafo residente en una urbanización degradada, alejada del vecindario acomodado de los Morozov. Elementos como la fotografía, los espacios elevados y las apariencias de caídas recurrentes subrayan el sentimiento de pérdida y peligro asociado a la existencia en Rusia, según expone The Hollywood Reporter.
La negativa a regresar a Rusia de Zvyagintsev
La realización de Minotaur ha estado marcada por circunstancias personales extremas del director. Como detalló Andrey Zvyagintsev en una entrevista con la revista especializada Variety, estuvo casi un año hospitalizado en una clínica alemana a raíz de una covid-19 grave, incluyendo 40 días en coma inducido.
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Tras recuperarse, se trasladó a residir en Francia y ha expresado de forma pública su negativa a regresar a una Rusia “en guerra con sus vecinos”. Desde su exilio, retomó la colaboración con parte de su equipo habitual, el director de fotografía Mikhail Krichman, los diseñadores Masha Slavina y Andrey Ponkratov, y los compositores Evgeni y Sasha Galperine, todos radicados fuera de Rusia, y optó por filmar fuera del país para evitar posibles represalias legales.
El planteamiento narrativo adopta la forma de un thriller que fusiona drama personal y crítica política. La puesta en escena muestra de manera minuciosa la rutina doméstica de la familia protagonista y su progresivo deterioro, alternando con situaciones en las que el conflicto militar penetra la vida civil.
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Según el artículo publicado por el medio estadounidense The Hollywood Reporter, la película, con una duración de 141 minutos, destaca por su ritmo compacto y el empleo de motivos visuales, ventanas, fotografías, alturas peligrosas, como vehículos emocionales. El guion, escrito junto a Simon Lyashenko, convierte detalles aparentemente insignificantes en engranajes clave de la acción.
La crítica destaca que el filme explora la tristeza profunda o “toska”, ese sentimiento ruso descrito por Vladimir Nabokov como una melancolía que abarca desde la angustia espiritual hasta la insatisfacción física o existencial.
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