‘Anónimo es nombre de mujer’, la inacabada lucha de las escritoras por firmar sus libros: “No sabemos quién fue Homero, pero ‘La Odisea’ tiene ideas muy femeninas”

La divulgadora Andrea Martínez (@literatura.o.barbarie) publica un ensayo divulgativo en el que explora varias de las formas más habituales en las que el patriarcado ha borrado el nombre de las autoras de sus obras

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Cubierta de 'Anónimo es nombre de mujer'.
Cubierta de 'Anónimo es nombre de mujer'. (Bruguera)

Hace casi 100 años, la escritora Virginia Woolf dio en la clave: “Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”. Cuando ella nació, Inglaterra atravesaba un siglo en el que el 80% de los textos publicados estaban sin firmar. Pero la escritora iba más allá, señalando también los grandes clásicos (en España tenemos varios, desde El cantar del mío Cid al Lazarillo de Tormes) cuya autoría se desconoce, pero que casi por defecto solemos atribuir a los escritores masculinos.

Es a partir de las palabras de Virginia Woolf que Andrea Martínez (Madrid, 1998) construye Anónimo es nombre de mujer (Bruguera), un ensayo sobre todas esas escritoras que el patriarcado borró, directa o indirectamente, de los libros que habían escrito. Su contenido no se aleja, pues, del que esta conocida divulgadora literaria difunde en su canal @literatura.o.barbarie, donde acumula más de 220.000 seguidores, y donde hablar de libros nunca está reñido con tener conciencia social y un posicionamiento político.

“No me sentía cómoda en redes sociales siendo equidistante”, explica en su entrevista con Infobae. “Nunca lo he sido”. Así, era cuestión de tiempo que se diera cuenta de que hablar de los libros que había leído era hablar, en una amplia mayoría de los casos, de libros firmados (y no siempre escritos) por hombres. “La literatura no solamente refleja el mundo, sino que lo escribe. Todo lo que nos ha escrito o todo lo que se ha escrito a lo largo de la historia es para contar el relato de los vencedores. Y las mujeres no han sido las vencedoras nunca”.

Andrea Martínez, autora de 'Anónimo es nombre de mujer'. (Fotografía de la autora tomada por Isabel Wagemann)
Andrea Martínez, autora de 'Anónimo es nombre de mujer'. (Fotografía de la autora tomada por Isabel Wagemann)

Una pregunta cuya respuesta es aterradora

Los datos que recaba Andrea Martínez hablan por sí solos. Un estudio de 2020 señala cómo, en el temario de Lengua y Literatura los estudiantes de tercero y cuarto de la ESO, las mujeres representan menos del 10% de los autores estudiados. Pero que no se enseñen no significa que no se conozcan, y que no se conozcan, tampoco significa que no existieran. El primer texto literario firmado de la historia es, de hecho, de una mujer: Enheduanna, una autora de la antigua Mesopotamia, que en escritura cuneiforme dejó su nombre esculpido para la posteridad.

La divulgadora señala otro ejemplo, el siglo XIX, donde se produjo un boom de la literatura gótica, donde afloraron autoras como las hermanas Emily, Charlotte y Anne Brontë o Mary Shelley. Todas ellas, sin embargo, firmando con pseudónimo masculino. “La literatura gótica fue una oportunidad para muchas mujeres de hablar de sus miedos. Es curioso que, en esa época en la que se publican tantos textos, es donde encontramos una mayor cantidad de textos anónimos”, subraya Andrea Martínez.

La crítica feminista, consolidada a partir de la segunda mitad del siglo XX, recuperaría algunos nombres borrados por la historia. Nombres como, por ejemplo, el de Marguerite Porete, abadesa del siglo XIII que, tras ser quemada en una hoguera junto al libro ‘hereje’ que había escrito, este seguiría circulando, pero no sería hasta 700 años después que se demostró que había sido escrito por ella. Hasta entonces, claro, el autor fue siempre Anónimo. “Hemos perdido muchísimas mujeres por el camino”, lamenta Andrea Martínez. “¿Cuántas mujeres no se atrevieron a firmar? ¿Cuántas lo hicieron y aun así las hemos olvidado? La respuesta a esa pregunta puede ser aterradora”.

Imagen de Marguerite Porete. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Imagen de Marguerite Porete. (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿'La Odisea’ la escribió una mujer?

Preguntada por si cree que alguno de los grandes clásicos anónimos de la literatura universal, la autora se decanta en un principio por la prudencia. “No me considero cualificada, pero sí me gusta mucho la idea de que, en Las mil y una noches, toda la idea es la de una mujer contando cuentos. Quizá esas historias no las escribió una mujer, pero sí creo que hay que reivindicar cómo muchos de los clásicos que hoy tenemos como referentes han sobrevivido porque los contaban las mujeres. Nosotras hemos sido siempre las que contábamos la historia”.

En su libro menciona también a otro de los grandes ‘anónimos’ literarios, Homero, que, pese a tener nombre, carece de identidad. “Lo plantean estudiosas como Natalie Haynes o Carmen Estrada. No sabemos quién fue Homero, o quiénes: el tono que tiene La Odisea con respecto a las mujeres es muy distinto al de La Ilíada. Cómo se habla de ellas, cómo la idea de Penélope tejiendo y destejiendo un sudario en un telar porque los hombres no saben cuánto se tarda en hacer eso, todo eso es una idea muy femenina. No sé a cuántos hombres se les hubiese ocurrido”, ríe. “Quizá lo escribiera uno o varios hombres, pero también quizá la historia la contara una mujer”.

Las mujeres han estado siempre presentes en la literatura. El anonimato impuesto y los pseudónimos no fueron la única forma de ocultarlo. En su libro, Andrea Martínez también repasa varios casos emblemáticos de escritoras que, por vivir a la sombra de otros ‘grandes genios’, quedaron ocultadas. Así llegamos a varios robos de autoría, como la exdiputada española María Lejárraga (cuyas obras firmaba su marido) o Zelda Fitzgerald (cuyo marido plagiaba fragmentos de sus diarios), a escritoras como Carmen Martín Gaite o Elena Garro, a la sombra de sus maridos, también escritores, o a todas esas esposas que editaron, publicitaron y difundieron las obras de Tolstói, Dostoievski, Nabokov y compañía.

Elena Garro, con cabello rizado y pañuelo rojo, sonríe a Octavio Paz, quien lleva traje y corbata, ambos mirándose mutuamente con expresiones felices
La escritora Elena Garro y su marido, el poeta Octavio Paz, durante los años 30. (Ricardo Salazar Ahumada, 1957)

Carmen Mola, o cuando al anonimato se le une el marketing

El vínculo entre el anonimato y las escritoras no es solo cosa del pasado. Algunas de sus formas se mantienen, como en todos aquellos casos donde las autoras prefieren publicar solo con las iniciales de su nombre para evitar los prejuicios de los lectores masculinos. “En una entrevista, Victoria Schwab (que figura en sus libros como V. E. Schwab) contó que en una firma de libros se le acercó un hombre que le dijo que, de haber sabido que era una mujer, jamás hubiera leído uno de sus libros”.

C. J. Tudor, J. K. Rowling, R. F. Kuang... “Es algo que siguen haciendo muchísimas autoras. Inconscientemente, las iniciales nos llevan a pensar que el autor será un hombre”. En algunos casos, son las propias editoriales las que han recomendado a las autoras firmar solo con sus iniciales. “No te puedes permitir perder a la mitad del potencial consumidor”. Y es que, a pesar de que en países como España ya hay más lectoras que lectores, la literatura escrita por mujeres “sigue siendo de nicho, no universal”. “Hay muchos hombres que no van a leer un libro con una mujer en la portada, que no van a leer un libro rosa, o un libro de Annie Ernaux sobre el aborto”, denuncia Andrea Martínez.

Precisamente por eso, para ella es “terrorífico” que, tratando de atraer más a las lectoras (que leen tanto a hombres como a mujeres), haya autores hombres, como Carmen Mola, que utilicen pseudónimos femeninos. “Considero lícito el uso de pseudónimos, pero me da mucha pena porque subvierten la opresión que las mujeres han sufrido durante siglos y la convierten en marketing, consiguiendo por ello unas ventas que las escritoras muchas veces no consiguen porque se las considera de menor importancia”.

Andrea Martínez, autora de 'Anónimo era nombre de mujer'. (Isabel Wagemann)
Andrea Martínez, autora de 'Anónimo era nombre de mujer'. (Isabel Wagemann)

Un problema más amplio

A día de hoy, los hombres publican más libros que las mujeres, ganan más premios y tienen más prestigio. “Basta con ver cuántos hombres aparecen en las fajas recomendando libros escritos por mujeres, y cuántas mujeres libros escritos por hombres”, argumenta Andrea Martínez. “¿Por qué cojo un libro de Shirley Jackson y lo primero que aparece es que es la escritora de terror preferida de Stephen King? ¿Y a mí qué me importa? Me importa su calidad y su valor literario".

La desventaja de las autoras va más allá de las autoras, como ha podido verse este año con las películas de Guillermo del Toro y Emerald Fennell, que han adaptado Frankenstein y Cumbres Borrascosas, respectivamente. “Son dos adaptaciones muy libres de ambos libros, pero nadie ha criticado a Guillermo del Toro como sí han criticado a Emerald Fennell”. Para Andrea Martínez, esto refleja cómo sigue habiendo diferencias en los juicios de obras hechas por hombres o por mujeres. “Esto es algo que se conecta con algo más amplio: puede haber señores chillando como energúmenos en un partido de fútbol, pero no puede haber chicas chillando en un concierto de Taylor Swift”.

Tráiler de la película 'Cumbres Borrascosas'. (Warner Bros)

Anónimo es nombre de mujer busca concienciar acerca del pasado y del presente: mostrar cómo ambos están conectados, y evidenciar hasta qué punto es necesario “educar de otra manera a las próximas generaciones”. “Hay un gran trabajo educativo por hacer. No solo en las escuelas. Recuerdo un día en el que una mujer me escribió por redes sociales y me pidió una recomendación para su hijo de nueve años. Necesitaba un libro cuyo protagonista fuera chico, porque su hijo no era capaz de empatizar con una chica. Creo que es algo que le pasa a muchos niños, y por eso es importante hablar a la gente más pequeña de lo que hacen las mujeres, enseñarles lo valioso que es, y que algún día todo sea igualitario de verdad”.