
Joan Manuel Serrat es uno de los cantautores más influyentes, respetados y queridos de la música en español y catalán. Nacido en Barcelona en 1943, emergió en los años 60 como una figura destacada de todo un grupo de jóvenes artistas catalanes que reclamaban poder cantar en su lengua durante la vida franquista. A partir de ahí, su figura se iría engrandeciendo con el paso de las décadas, ya fuera entonando melodías con versos de poetas como Antonio Machado o Miguel Hernández, o con temas tan icónicos como Mediterráneo, elegida en 2019 como “la mejor canción jamás cantada” en el programa homónimo de Televisión española.
Dada su trayectoria, es lógico que, en 2024, Joan Manuel Serrat recibiera el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Una distinción para la que concedió una entrevista con Iñaki Gabilondo que ahora, casi dos años después, ha subido finalmente a su canal de YouTube. En esa conversación entre el músico y el famoso periodista, donde repasan tanto su carrera como sus raíces y dejan espacio también para reflexiones sobre la vida y otros temas, uno de los temas que abordan fue el momento en el que el cantautor catalán decidió dedicarse a la música, pese a que en un principio parecía que su vida iba a ser completamente distinta.
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“Yo estudié para perito agrícola”, confiesa el músico, que añade también que fue “premio extraordinario” de su promoción. Tras eso, entró como becario en el Centro Pirenaico de Biología Experimental en Jaca. “Ahí trabajaba cobrando un sueldo de becario que era muy escaso, y estudiaba al mismo tiempo por libre Biología en Barcelona”. Fue en esos años donde Joan Manuel Serrat empezó a cantar, una afición que le venía de mucho antes, tal y como contaría en el discurso al recoger el premio: “Yo no tengo ningún antecedente familiar que me relacione con ella (la música). Soy hijo de obreros y campesinos. Pero eso sí, era gente que cantaba. Siempre recuerdo a mi familia cantando”.

El momento que lo cambió todo
Cuando estaba en tercero de Biología, le cuenta Serrat a Gabilondo que ya había hecho sus “primeros pinitos”. “Había grabado dos discos pequeños. Ahí entré en la música”, cuenta, y añade por sorpresa a una persona que resultó clave en el cambio de rumbo de su vida: “Mi profesor de zoología” de la carrera. Este docente obligaba a sus estudiantes a hacer prácticas en el laboratorio de Barcelona, algo que, por su situación laboral, le era muy difícil al por aquel entonces estudiante.
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“Yo había grabado el tercer disco en catalán, que se convirtió en un éxito tremendo, fue número uno en España (Cançó de matinada)”, continúa, un éxito que complicaba todavía más la situación al llenarlo de más compromisos. “Se empecinó en que no, además en plan histérico. A partir de ahí, lo vi claro. Dije: bueno, pues se ha acabado, voy a mirar qué hago en el mundo de la música”.
Cuenta el cantautor que no sabía a dónde le iba a llevar ese camino, pero prácticamente no le quedaba alternativa: “Veía que en el camino de la universidad lo tenía complicado si quería seguir trabajando en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y quería hacer otro vuelo. Entonces empecé a trabajar, a hacer canciones. En un momento determinado decido cantar en castellano también, y se produce de alguna manera una... Cuando yo cantaba en catalán en algunos sitios siempre había bronca por cantar en catalán. Cuando pasó lo contrario, también hubo una parte que no estuvo de acuerdo”.
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Lo que siguió después
Con todo, Joan Manuel Serrat siguió adelante y muy pronto se convirtió en una auténtica celebridad. Tras el número uno de Cançó de matinada y la polémica por no querer ir a Eurovisión por no poder cantar en catalán (en su lugar lo haría Massiel, que ganaría aquella edición), lanzó discos como La Paloma o Dedicado a Antonio Machado, poeta que lo catapultaron a una fama masiva no solo en España, sino en toda América Latina.
En 1971, publicaría Mediterráneo, coronándose definitivamente en la cumbre de la música popular, aunque todavía le faltaban algunos sinsabores por su ideología y su compromiso social: en 1975, criticó duramente al franquismo por el fusilamiento de cinco militantes, razón por la que no pudo volver a España durante casi un año. Cuando lo hizo, eso sí, ya era un símbolo histórico de la cultura y la música españolas al que todavía le quedaban muchos años por delante.
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