
En un barrio de clase media de Ruan, tres mujeres abren una carnicería que fue el antiguo comercio de los padres de una de ellas. La comunidad las mirará con suspicacia por su ímpetu por renovar el negocio y porque son chicas jóvenes y guapas que ejercen una profesión tradicionalmente reservada para los hombres. Afilar cuchillos, despiezar, quitar las vísceras, cortar solomillos.
Cada una de ellas tiene su propia historia y arrastra una serie de traumas en común: han sido víctimas de la violencia machista y de los abusos sexuales. De alguna forma, intentan escapar de ese pasado (y presente) que las acecha a través de la dedicación de su trabajo, pero a su alrededor se encontrarán con un sistema patriarcal dispuesto a anularlas, vejarlas y violarlas. Así que, poco a poco, decidirán actuar como justicieras, haciendo desaparecer a todos esos individuos que se encargan de someter a las mujeres y a las niñas a través del abuso de poder a sus designios.
Este es el punto de partida de Las Carniceras, la brillante novela de Sophie Demange, que llega a España de la mano de Siruela, y que se ha convertido en un acontecimiento en Francia, reabriendo debates en torno a la representación simbólica de la violencia en la literatura contemporánea, así como sobre el uso del discurso literario como herramienta de denuncia y ajuste de cuentas personal.
Y es que la autora ha descrito su obra como un espacio en el que ha volcado su rabia contra quienes ejercen violencia sexual sobre personas consideradas vulnerables.
Una autora comprometida con su presente
Demange, nacida en 1983 en Rouen, Francia, y fuertemente vinculada a la cultura hispana, ha visitado España después de dos décadas sin practicar activamente el idioma, pero se defiende de maravilla. Con ella hablamos de su libro, un thriller repleto de humor negro abiertamente feminista y reivindicativo.

La autora lleva años trabajando dentro del sector humanitario, colaborando con organizaciones dedicadas a la atención de colectivos en situación de vulnerabilidad: personas sin hogar, trabajadoras sexuales, menores no acompañados y niños con diversidad funcional. Estas experiencias han marcado su visión del mundo, así como los temas que trata su obra.
“Sentí una urgencia de volver a la escritura a causa de mi trabajo social. Veo a tantas mujeres, niñas y niños abusados que necesitaba sacar mi rabia frente a tantas injusticias. Además, mi trabajo en la protección de mujeres y niñas tiene raíces en mi historia personal, y como mujer de cuarenta años, ya era mi momento”, cuenta la autora a Infobae.

Dice Sophie Demage que encontró a una joven carnicera en un mercado de su ciudad que se llamaba Zara. “Casi no hay carniceras en Francia. Las mujeres en las carnicerías son vendedoras, pero no carniceras. Tuve una fascinación por esta mujer carnicera y le pedí entrevistarla. Un mes después me desperté con el sueño de toda historia (me encanta la dirección que dan los sueños) y decidí escribir la novela”, cuenta sobre el germen de Las carniceras. De esta forma, la autora reconoce que ha logrado a través de la novela canalizar emociones personales intensas.
Una atrevida y sagaz mezcla de géneros
Si hay algo que define la novela es su explosiva mezcla de géneros en los que habita el suspense, el humor corrosivo, las reflexiones sociales e, incluso, algunas notas de gore. “¡Claro que he jugado con muchos géneros! Me parecía útil romper con los códigos. En la novela policial tradicional, se empieza con el crimen de una mujer. Quería cambiar eso. Yo uso también la técnica del ‘huit clos’ que hace pensar el teatro (la carnicería como escena de teatro). Es también una novela social, que mezcla realismo (mis mujeres tienen historias de vida muy reales) y simbolismo (la carnicera es un espacio simbólico)“.
Las carniceras es una novela de lo más visual y no extrañaría verla convertida en una película. “No sé si leerá esta entrevista, pero me encantaría que la adaptase Pedro Almodóvar, con sus chicas fuertes, sus atmósferas pop y coloridas. Soy claramente fan de su cine”, afirma la escritora. Entre sus referentes cinematográficos, además de las películas de Claude Chabrol (una aportación personal de quien escribe), menciona 8 mujeres, de François Ozon y Delicatessen, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.
Sophie Demange está harta de que las mujeres tengan que ser “amables, dulces y lindas” y que tienen derecho a demostrar su ira, su enojo. “También creo que la ‘sororidad’ es un arma más fuerte que un cuchillo”. A su vez, lamenta el clima retrógrado que estamos viviendo, con el avance de la xenofobia y el machismo, la intolerancia. “Estamos en un momento muy peligroso y solo nos queda luchar y resistir”.
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