Termina la cuarta temporada de Los Bridgerton con esta segunda tanda de episodios que aborda el romance entre Benedict Bridgerton (Luke Thompson) y Sophie (Yerin Ha), una relación que, desde el principio se relacionó con el clásico cuento de La Cenicienta, tanto porque la protagonista, en su primer encuentro desaparece del baile cuando el reloj marca la medianoche, como por la diferencia de clases sociales que se establece entre los enamorados y el estatus de ‘hija no legítima’ de la dama convertida en sirvienta de una madrastra cruel.
Como ya comentamos a propósito de los primeros capítulos, esta temporada lo tenía difícil para superar los romances establecidos en las anteriores, pero el equipo de Shonda Rhimes se ha vuelto a superar al respecto gracias a su capacidad para cautivar, tanto por sus giros narrativos como por su habilidad para tejer múltiples tramas que abarcan varios estratos y personajes del universo Bridgerton.
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Lejos de limitarse a narrar una simple historia de amor y matrimonio, Los Bridgerton ha presentado una temporada marcada por la diversidad de relatos y perspectivas en las que se han abordado muchas más cuestiones que en anteriores temporadas, desde el duelo hasta la brecha social, pasando por dar protagonismo a aquellos que no tienen voz.
De ‘sé mi amante’ a ‘sé mi esposa’
Así, en los primeros compases de la segunda parte de esta cuarta entrega, la llegada de Lady Araminta Jun (Katie Leung), acompañada de sus hijas, la insufrible Rosamund (Michelle Mao) y la inesperada heroína Posy (Isabella Wei), al vecindario de los Bridgerton, instauraba una atmósfera de intriga y tensiones familiares a la hora de descubrir el paradero de Sophie y acusarla del robo de los diamantes (falsos) de unos zapatos.
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Por supuesto, el argumento principal ha girado en torno al profundo conflicto de Sophie y Benedict, sobre todo después de que este le proponga que ‘sea su amante’, una cuestión que humilla profundamente a la joven y que la condena a una profunda crisis.
Durante los capítulos, Benedict se sumergirá entre una profunda disquisición: el amor verdadero o las obligaciones con respecto a su familia. Quiere saltarse los códigos, vivir su vida con Sophie, pero sabe que eso condenaría a sus seres queridos al ostracismo dentro de una sociedad articulada dentro de los cánones puritanos.
Quizás, esa sea una de las cuestiones más interesantes que aporta esta temporada, la ir en contra de las leyes establecidas para dar un paso adelante hacia la modernidad. De hecho, ningún romance dentro de la serie ha sido tan osado dentro de los cánones de la propia época en la que se ubica como el de Benedict y Sophie y quizás, por esa razón, haya terminado siendo de los más satisfactorios a la hora de terminar rompiendo las barreras de lo políticamente correcto sin perder las dosis de crítica social y, por supuesto, muchos niveles de erotismo reconcentrado, con escenas realmente sugerentes que pasan a formar parte dentro del top sexual de la serie.
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Todas las tramas secundarias que la enriquecen
A lo largo de estos cuatro episodios finales, la serie ha ido más allá del drama romántico y ha reflejado con habilidad historias secundarias que enriquecen el mosaico de la trama: desde la soberana Carlota (Golda Rosheuvel), quien lidia con su negación a ver retirada a su amiga Lady Danbury (Adjoa Andoh) de la vida social de la élite, hasta los empleados de servicio con sus propias ambiciones.
Mención especial merece la matriarca Bridgerton (Ruth Gemmell) que por fin se suelta la melena y oficializa (aunque todavía tímidamente) su relación con Will Moldrich (Martins Imhangbe), lo que la hace acercarse a su hijo Benedict con lo que respecta a la cuestión de las convenciones sociales, ya que ella mantiene relaciones sin estar casada.
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También Francesa (Hannah Dodd) adquiere un mayor protagonismo, sobre todo a partir de una pérdida que, a raíz de la cuál, seguramente, de la próxima temporada con respecto a su relación con la prima de su marido. Además, queda en el aire el futuro de Eloise (Claudia Jessie), que supuestamente sería la protagonista de la nueva tanda de episodios.
En cualquier caso, el futuro de Los Bridgerton, parece estar atravesado por los cambios estructurales y el cambio de perspectiva y sensibilidad. Y eso les sienta bien.
Nos quedamos algunas de las frases más importantes de esta temporada: “La sociedad no debería de dictar las normas de cómo debe vivir la gente o de cómo amar. Del amor siempre hay que estar orgullosos, el mundo necesita más amor”. Toda una declaración de intenciones en tiempos de odio generalizado.
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