Acaba de aterrizar en Prime Video la serie El robo (Steal) que, aunque ha provocado reacciones dispares entre la crítica, se ha consolidado como un trepidante thriller financiero que recurre a las convenciones del género para explorar la corrupción del sistema monetario.
Protagonizada por Sophie Turner, conocida por su papel en Juego de tronos, la ficción combina acción vertiginosa y reflexión social, proponiendo un relato donde la tensión y los giros de guion mantienen la atención del espectador desde el primer momento.
Las primeras secuencias de la serie sitúan al espectador en el corazón de una gestora de fondos de pensiones, Lochmill Capital, donde Zara Dunne (interpretada por Sophie Turner) inicia la formación de una joven llamada Myrtle.
Durante una visita rutinaria por las instalaciones, ambos personajes y sus compañeros, entre ellos Luke (Archie Madekwe), se ven sorprendidos cuando un grupo de asaltantes armados irrumpe en el edificio. Estos criminales no recurren a las máscaras habituales, sino a elaboradas prótesis destinadas a burlar el reconocimiento facial, apuntando al nivel de preparación detrás del golpe.

Los empleados son divididos: la plantilla es llevada a una sala de conferencias mientras la dirección queda aislada. Muy pronto, el clima de violencia se intensifica con varios episodios de brutalidad, reafirmando la determinación de la banda. Posteriormente, Luke y Zara son obligados a colaborar en la ejecución de operaciones financieras por valor de 4.000 millones de libras, con la connivencia forzada del comité directivo.
Cuando Luke no resiste la presión, Zara logra retomar el control, ganándose el reconocimiento tras la marcha de los ladrones y la aparente resolución del atraco. Este primer episodio, dirigido por Sam Miller, marca el tono de un thriller contundente y estilizado, donde la atmósfera de peligro es palpable y los autores del delito se muestran tan meticulosos como amenazantes.
La serie, compuesta por seis capítulos, eleva el asalto a Lochmill Capital al rango del mayor robo registrado en el país, valorado en cuatro mil millones de dólares, y plasma con acierto la paranoia y el miedo entre los empleados forzados a colaborar con los criminales.
El retrato de la ambigüedad moral
Pese a que la ejecución técnica del robo resulta impecable y la resolución inicial parece definitiva, el argumento pronto revela que nada es lo que parece. La revelación de la posible implicación de Zara en el golpe, un giro que se introduce al final del primer episodio para trastocar las expectativas del público, da pie a una investigación policial dirigida por el inspector jefe Rhys Kovac (Jacob Fortune-Lloyd), un agente tan perspicaz como enigmático.
El desarrollo posterior se adentra en una sucesión de traiciones, alianzas mutables y capas crecientes de engaño, llevando a los protagonistas por caminos imprevisibles hasta el desenlace. En los episodios siguientes, la serie enfrenta dificultades para mantener la intensidad del inicio.
La narración oscila entre la sobreabundancia y la escasez de información, y el misterio deja de girar en torno al método del robo para centrarse en la identidad de los responsables y sus motivaciones. Con Rhys intentando desentrañar la trama, la atención se concentra en los dos empleados más involucrados, Zara y Luke, quienes alternan entre el alivio de haber sobrevivido y el temor de convertirse en cabos sueltos.

Al mismo tiempo, aparecen datos sobre las profundas ramificaciones del plan maestro y se incide en los riesgos asumidos por Zara para proteger a su entorno. Uno de los logros es la verosimilitud del personaje principal, a quien Turner dota de una determinación forjada en una infancia marcada por la violencia doméstica.
Las escenas entre Zara y su madre, interpretada por Anastasia Hille, tienen una carga emocional que, según el medio, podría justificar incluso una serie aparte centrada en ese vínculo. Turner aporta credibilidad a Zara al alejarse de la imagen de superheroína y escoltarla por el terreno de la supervivencia instintiva. Sin embargo, aunque Turner sostiene el peso de la serie y dota a Zara de una combinación convincente de inteligencia, sentido del humor y vulnerabilidad, la caracterización de los personajes secundarios resulta menos lograda. En particular, el policía Rhys solo destaca por su adicción al juego, y Luke aparece principalmente definido por su desesperación.
De igual modo, se cuestiona la cohesión de las relaciones entre los personajes, distinguiéndose más por las exigencias del guion que por un desarrollo orgánico, hasta el punto de que la naturaleza de la relación entre Zara y Luke o la supuesta atracción entre Zara y Rhys quedan sin una resolución clara.
El dinero y la reflexión sobre la desigualdad
Bajo la superficie del relato criminal, El robo articula una crítica social en torno al poder corruptor del dinero. La serie despliega una meditación explícita sobre el funcionamiento especulativo de las finanzas, donde unos pocos agentes mueven fortunas ajenas y son generosamente recompensados, mientras que la mayoría de empleados apenas obtiene réditos.
El resentimiento dentro de la empresa va en aumento, y la transferencia continua de riqueza acentúa la concentración de capital, tanto en el ámbito corporativo como en el social. En palabras de uno de los personajes, “millones mueren de hambre, y quienes han decidido que esto sea así sobrevuelan los incendios forestales en sus aviones privados”.
La serie tampoco esquiva el retrato de las consecuencias de la desigualdad. Así, el millonario Sir Tony, sospechoso por la aparición del dinero robado en sus cuentas ‘offshore’, muestra desprecio hacia las autoridades gracias a su posición.

Por otra parte, la brecha salarial entre trabajadores como Luke y Zara y colegas más favorecidos multiplica el resentimiento, incluso en detalles cotidianos como las quejas sobre los ingresos de compañeros como Milo. No obstante, la crítica estadounidense ha reseñado que, pese a invocar grandes temas sociales, la serie no alcanza una elaboración suficientemente profunda de sus planteamientos. Aunque las advertencias sobre la destrucción inherente al sistema financiero no carecen de acierto, el desarrollo queda limitado por una progresiva ralentización de la trama y la falta de evolución en los personajes.
Conforme avanza la historia, en vez de proponer una conclusión audaz o subversiva, se opta por una resolución más convencional. Una vez desvelada la verdad, el investigador Rhys expresa su frustración con la frase: “¿Todo este caos para esto? Solo por un espectáculo pirotécnico”, mientras que el desenlace, lejos de mantener el tono explosivo del inicio, se disuelve en una sensación de vacío.
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