“Todo número de magia consta de tres actos. La primera parte es la presentación: el mago muestra algo ordinario, una baraja de cartas, un pájaro o una persona. El mago lo exhibe, os puede invitar a que lo examinéis, para que veáis que no hay nada raro. Todo es normal. Pero claro, probablemente no sea así. El segundo acto es la actuación: el mago, con eso que era ordinario, consigue hacer algo extraordinario. Entonces intentaréis descubrir el truco, pero no lo conseguiréis, porque en el fondo, no queréis saber cuál es. Lo que queréis es que os engañen”. Así arrancaba y terminaba una de las mejores películas sobre magia jamás hechas. ¿Ahora me ves? No, hablamos de El truco final (El prestigio), la película de Christopher Nolan realizada justo antes de El caballero oscuro y en la que se valía de una historia de venganza para exhibir todos sus trucos cinematográficos posibles.
El hombre que pronunciaba aquellas palabras, Michael Caine, fue casualmente el elegido para interpretar al antagonista de Ahora me ves, una película que pretendía recoger lo sembrado por El truco final —y en gran medida El ilusionista, estrenada el mismo año— y trasladarlo a la actualidad. Porque eso de la magia y de la ilusión podía funcionar en un relato de época, pero se antojaba mucho más complicado en una sociedad con móviles y señal GPS. Y como decía Caine, la gente a veces quiere ser engañada.
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Así nació Ahora me ves, estrenada en 2013 y encabezada por una serie de actores al alza —Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo—, jóvenes promesas —Dave Franco, Isla Fisher— y veteranos como Woody Harrelson, Morgan Freeman o el propio Caine. Un elenco tan ambicioso como equilibrado de la misma manera que los propios personajes de la película, compenetrados por sus distintos talentos para el ilusionismo. La película contaba la historia de cuatro magos —Daniel, Merritt, Jack y Henley— unidos para demostrar al mundo que la magia aún tenía cabida. ¿Cómo? Robando un banco en la otra punta del mapa, desplumando a su propio benefactor —el multimillonario Arthur Tressler interpretado por Caine— y volviendo loco al FBI por el camino.
Si existía alguna duda sobre si la magia podía interesar al público de 2013, se disipó rápido ante el éxito de la primera entrega, que recaudó más de 350 millones de dólares por los 75 invertidos, y no tardó en dar lugar a una secuela para proseguir con el rocambolesco giro final de la anterior. Y ahí quedó la cosa, con los Jinetes volviendo al anonimato hasta que volviesen a ser reclamados para desenmascarar alguna otra organización corrupta o empresario megalómano. Casi diez años después de esa visita a Macao, los Jinetes regresan para su truco más difícil: hacer creer al público de 2025 que pueden ser engañados sin necesidad de inteligencia artificial.
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De Nolan a ‘Misión Imposible’ y ’007′
La IA tan en boca de todos no es la protagonista de esta tercera entrega, aunque bien podría haberlo sido. En su lugar, Ahora me ves 3 —titulada en el resto del mundo con el más ingenioso Ahora me ves, ahora no— apuesta por un modelo narrativo continuista, pero también cercano a otras franquicias de ficción, principalmente Misión Imposible y 007, aunque bien se podría argüir que todo el concepto de los Jinetes y la familia es muy de Fast & Furious. Y, como sucede en estas sagas, a favor de Ahora me ves 3 juega por un lado el hecho de que el público ya conozca a los personajes tanto como el hecho de que lleven un tiempo desaparecidos. Al fin y al cabo, nada genera más ilusión que ver reaparecer a un mago que creían muerto.
Así se entreteje esta nueva entrega, que pasa de las manos de Louis Leterrier —irónicamente autor de la última y próxima entrega de Fast and Furious— y John M. Chu (Wicked) a las de Ruben Fleischer (Venom), quien añade como guionistas aquellos con los que trabajó en Zombieland y que se han encargado de la saga Deadpool. De ahí quizá ese intento de la película por abrazar más ese lado canalla y bravucón de sus personajes antes de ahondar en el pasado y las intimidades de estos, como sucedía someramente en la segunda parte a través de Dylan (Mark Ruffalo). En su lugar, Ahora me ves 3 opta por el clásico modelo de tercera entrega en saga: confrontar a sus personajes con unas versiones de ellos mismos igual de talentosas pero mucho más jóvenes.
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Justice Smith (Dragones y mazmorras), Ariana Greenblatt (Borderlands) y Dominic Sessa (Los que se quedan) son los tres jóvenes escogidos para dar vida a Charlie, June y Bosco, tres magos amateurs que se dedican a estafar criptobros haciéndose pasar por los Jinetes, pero son llamados por el Ojo —la secreta y mágica organización detrás de todo— para colaborar con estos. La película busca así tender puentes entre la generación que creció con las primeras películas y la nueva, aprovechándose de la vis cómica de los originales y su contraste con las “formas” de los Gen Z. Sin embargo, esa química forzada nunca termina de cohesionar del todo, dejando en Ahora me ves 3 la sensación de que los Jinetes van por un lado y los nuevos por otro, aunque estén condenados a entenderse.

El truco... ¿final?
Por el camino, el filme sigue el patrón señalado por las mencionadas franquicias: viaje a destinos exóticos, un villano superficial y excéntrico —la heredera de una empresa de diamantes interpretada por Rosamund Pike— y una serie de giros de lo más disparatados y divertidos, pero que llegados a este punto de la saga no solo se disfrutan, sino que también se esperan. Por el camino, la película acierta a referenciar a ilusionistas y números míticos del noble arte de la magia, aunque sin lograr firmar un número propio a la altura como hiciera en la anterior entrega con la famosa carta pasando entre cada uno de los Jinetes.
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En su lugar, Ahora me ves 3 apuesta por la comedia de aventuras más familiar con menos prestidigitación y más chistes, entren estos mejor o peor. Lo que recupera de miembros —aquí se juntan tanto la Henley de la primera como la Lula interpretada por Lizzy Caplan de la segunda— lo pierde de virtuosismo en su puesta en escena, con un número final que se siente poco original y menos desarrollado que los de las entregas anteriores. En esa encrucijada entre entregar las riendas a la nueva generación o seguir haciendo lo mismo con una fórmula agotada parece desembocar la película que olvidó la parte más importante de la explicación de Michael Caine: de nada sirve enseñar y hacer desaparecer algo si no empleas todo tu empeño en que la reaparición sea aún más especial, el prestigio.
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