
El final de la vida de Patricia Highsmith, conocida mundialmente por novelas como El talento de Mr. Ripley, sigue generando interés más de dos décadas después de su muerte. Ahora, Elena Gosalvez Blanco, quien fuera su asistente personal en los últimos meses de vida, aporta ahora en una carta abierta para The Guardian detalles inéditos sobre la convivencia con la autora en su aislada casa de Tegna, en el cantón suizo de Ticino.
Gosalvez, entonces una joven de veinte años, llegó a la vivienda de Highsmith en el otoño de 1994. El encargo le llegó tras una cena en casa de Daniel y Anna Keel, editores y amigos de la escritora, quienes necesitaban con urgencia a alguien que se hiciera cargo de los cuidados cotidianos de la novelista. “Estás viviendo con una persona difícil que espera morir, y le recuerdas todo lo que ya no puede tener”, le advirtió Anna Keel al ver el desgaste físico y emocional que sufría la asistente después de varias semanas en la casa.
Según relata Gosalvez, la atmósfera de la vivienda coincidía con el carácter hosco y solitario de la autora. Highsmith imponía una estricta rutina doméstica y mostraba una obsesión por controlar los gastos, incluso los detalles más mínimos, pese a su solvencia económica. Las comidas eran austeras, compuestas de caldo instantáneo y cerveza negra, mientras la autora ocultaba whisky y vigilaba el consumo de agua, luz y alimentos. La relación entre ambas estuvo marcada por el hermetismo de Highsmith, quien prohibía casi todo contacto exterior y mostraba una fuerte resistencia a la compañía. Gosalvez recuerda restricciones para comunicarse con familiares, restricciones sobre el tiempo fuera de la casa y exigencias como no leer en público los libros de la escritora “por miedo a ser reconocida”.

Miedo a la muerte y envidia a la juventud
Uno de los aspectos más reveladores de su testimonio es la carga emocional de convivir con una figura literaria que, en palabras de la asistente, temía la muerte y resentía la juventud de quienes la rodeaban. “Mi función principal era estar presente y disponible”, relata, y describe que las rutinas incluían tareas domésticas, la compañía constante y la gestión de correcciones de galeradas de la última obra de Highsmith, Small g: A Summer Idyll.
Las confesiones de Gosalvez arrojan luz sobre la personalidad compleja de Highsmith y sus últimos días, marcados por el aislamiento, el desarraigo y una sensación de espera ante la muerte. También dejan ver el contraste entre la figura pública de la autora y su vida privada, dominada por la desconfianza y el recelo incluso hacia quienes la asistían. La historia de Gosalvez ayuda a comprender aspectos menos conocidos de la vida de una de las escritoras más influyentes del siglo XX y reafirma el hermetismo que Highsmith mantuvo hasta el último momento.
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