
No hay duda de que el erotismo es una de las grandes bazas de una película para atraer a los espectadores. El magnetismo, la sensualidad o el deseo son elementos que pueden hacer que una película pueda resultar inolvidable... y también polémica, dado que durante varias décadas, este tipo de nociones eran censuradas en cuanto se las veía asomar en la gran pantalla.
Sin embargo, el cine moderno trajo consigo un verdadero destape (en España, literalmente), en el que los mejores directores y directoras cada vez se han atrevido a abordar lo erótico de forma más directa. Eso sí, como bien nos recuerdan a día de hoy escenas como la secuencia del barro de Ghost, lo erótico no es sinónimo de lo sexual, y es que aunque ambas cuestiones están relacionadas, lo cierto es que en ocasiones no hace falta ni medio desnudo para encender al público... y a los actores.
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Un tipo duro entre peligrosos hipopótamos
Sobre esto mismo hablaba Meryl Streep en un encuentro reciente en el Festival de Cannes, donde aprovechó para rememorar algunos de los momentos más recordados de su carrera y compartir algunas anécdotas. La actriz, ganadora tres veces del premio Óscar y considerada como una de las mejores de todos los tiempos, se pronunció sobre todas esas escenas que hemos visto alguna vez de gente haciendo el amor sin que ello implique ninguna sensualidad.
En el otro extremo, Streep recordó su rodaje con Robert Redford, uno de los grandes galanes del cine de todos los tiempos, en Memorias de África, una de sus películas más conocidas. “En aquel rodaje, había dos peligros: los leones y, sobre todo, los hipopótamos, que son los animales que matan a más personas en África”, recordaba sobre la estancia allí.
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Fue en ese contexto donde se produjo la escena más “sensual” para la actriz. “La escena en la que Robert Redford me lavaba el pelo”. Al actor se le había visto de violento pistolero y timador, de aguerrido periodista, pero nunca en un registro tan sensible y delicado, algo que se notó cuando comenzó a practicar esa escena y vio que le costaba más de lo esperado.

Una técnica exquisita
Fue entonces cuando intervino Roy Helland, maquillador y peluquero personal que, según afirmaba entonces, la ha ayudado en una gran cantidad de papeles que ha llevado a cabo. “Roy le enseñó a Robert cómo debía lavarme el pelo, masajeando mi cabeza suavemente, como se ve en la película”. El actor lo hizo tan bien que Streep se dejó llevar por las emociones: “A la quinta toma, yo ya estaba más que enamorada”.
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“Robert aprendió y fue genial”, concluía Streep, “vemos a mucha gente follando en el cine, pero no una escena con ese amor y esa delicadeza. Era tierno y sensual. Yo deseaba que no acabase, a pesar de que estaba rodeada de hipopótamos”. Al parecer, los espectadores sintieron lo mismo: Memorias de África se convirtió en un verdadero éxito que aún hoy es recordado como una de las grandes historias de amor de todos los tiempos. Además, acabó ganando siete premios Óscar, incluyendo Mejor película, Mejor dirección y Mejor guion. No obstante, ni Meryl Streep ni Robert Redford -pese a su habilidad para el masaje capilar- recibirían un galardón por sus actuaciones.
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