
En el mundo del cine es muy conocido el caos que puede llegar a haber en un rodaje. Durante días, semanas o meses, decenas de personas trabajan juntas para lograr un objetivo común: sacar una película adelante. Un fin loable que, sin embargo, no evita que las consecuencias de la interacción entre todas estas personas sean imprevisibles. Y es que, en un rodaje, al igual que en una película, puede ocurrir de todo.
Quizá por eso decía Billy Wilder lo de que “un director tiene que ser policía, comadrona, psicoanalista, adulador y bastardo”. El cineasta, que trabajó con estrellas como Marilyn Monroe y Jack Lemmon y fue uno de los más exitosos de su tiempo, sabía lo difícil que puede ser sacar adelante un rodaje. Eso sí, tal vez ni siquiera él se encontró con una situación como la que se encontró James Cameron mientras rodaba Titanic (1997).
“Siento que estoy drogado”
Por aquel entonces se encontraban en Halifax, Nueva Escocia (Canadá), una zona cercana al punto en el que el famoso transatlántico se hundió y donde iban a filmar las escenas en las que un submarino busca los restos de la embarcación para acabar dando con el colgante de Rose. Todo iba bien, hasta que un día, el director se encontró con que una gran parte del equipo de la película se encontraba en muy mal estado.

“Teníamos una sala para los mecánicos y electricistas y uno de ellos empezó a hablar con mucha intensidad”, cuenta uno de los miembros del rodaje en declaraciones a la revista Variety. “Me preguntó: ‘¿Os encontráis bien? Porque yo no. Siento que estoy drogado‘“. Justo entonces, apareció James Cameron por la puerta de detrás con alguien persiguiéndole. ”¡Hay algo dentro de mí! ¡Sáquenlo!“, gritaba.
Polvo de ángel
El cineasta vio que muchos de sus subordinados empezaban a padecer síntomas de lo que parecía una intoxicación. Todavía no lo sabían, pero habían sido efectivamente víctimas de un consumo involuntario de una droga conocida como PCP o polvo de ángel, la cual tiene efectos alucinógenos y neurotóxicos.
Así, cuando Cameron intuyó lo que estaba ocurriendo, y por eso nada más notar algunos síntomas corrió al baño a inducirse el vómito. Esto le salvó de caer totalmente bajo los efectos de la sustancia, aunque no le libró de todos los síntomas. “Tenía un ojo totalmente rojo, como el de Terminator”, señalaría más adelante el actor Lewis Abernathhy en la biografía de Leonardo DiCaprio.
Ni el actor ni Kate Winslet sufrieron la intoxicación porque no se encontraban en el set aquellos días (al no aparecer en las escenas). Sí que se encontraba allí, en cambio, otro miembro del reparto: Bill Paxton, quien acudió rápidamente al hospital junto al resto de trabajadores de Titanic. “Estaba sentado a mi lado en el pasillo y disfrutaba del subidón”, describía el decorador Claude Roussel en una entrevista con Vulture. “Mientras tanto, los auxiliares recorrían el pasillo haciendo caballitos en silla de ruedas”.

Todavía sin saber que habían sido drogados con un potente alucinógeno, el equipo del rodaje montó un gran escándalo en el hospital al que algunos de ellos fueron trasladados: “La gente gemía, lloraba, se lamentaba, se desplomaba sobre mesas y camillas. Hicieron una conga ruidosa por el pasillo”.
Nadie sabe cómo ocurrió
Lo más curioso, si cabe, es que casi 30 años después, nadie sabe lo que ocurrió ese día. Todos los miembros del rodaje habían comido la misma sopa de mariscos, pero nadie encuentra una respuesta que explique cómo el PCP acabó en ese caldo. Ni siquiera la policía local pudo encontrar una respuesta pese a abrir una investigación.
No fue, tampoco, el único incidente que marcó el rodaje de Titanic, donde los continuos contratiempos provocaron que la película llegara con un mes de retraso y hasta con 100 millones de dólares más invertidos de lo que en un momento se preveía. Sin embargo, nada evitó que la película se convirtiera en su momento en la producción con una mayor recaudación de la historia y que alzara a Cameron y a muchos de los miembros de ese proyecto a lo más alto de Hollywood.
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