
De chico era callado, bastante introspectivo y no parecía tener ningún interés en convertirse en una estrella del espectáculo. Le gustaban el cine, los tractores y arreglar cosas. Tanto, que solía llevar un destornillador en el bolsillo superior de su ropa. Su futuro parecía estar lejos de los escenarios y las cámaras: quería ser ingeniero eléctrónico.
Nació el 6 de enero de 1955 en Consett, una localidad del noreste de Inglaterra, cerca de Newcastle. Creció en una familia de agricultores y tuvo una infancia que él mismo describió como “razonablemente feliz”. Fue alumno de la Chorister School, en Durham, y luego asistió a St Bees, un colegio privado junto al mar de Irlanda.
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En la escuela descubrió que había una actividad capaz de transformar su personalidad. Aunque fuera del escenario era reservado, cuando actuaba dejaba atrás su timidez. También desarrolló una gran pasión por el cine: llegó a dirigir la sociedad cinematográfica de su colegio y quedó fascinado con las películas del director francés Jacques Tati. Una de ellas, Las vacaciones del señor Hulot, llegó a verla cuatro veces en un mismo día. Su particular manera de hacer reír tendría una influencia decisiva en su carrera.
Sin embargo, siguió adelante con sus estudios científicos. Se graduó en Ingeniería Eléctrica y Electrónica en la Universidad de Newcastle y después ingresó en Oxford, donde obtuvo una maestría. Su tesis estuvo dedicada a los sistemas de control autoajustables.
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Fue precisamente en esa etapa cuando conoció a Richard Curtis, un compañero que cambiaría su destino. Ambos descubrieron que compartían el mismo sentido del humor y comenzaron a escribir sketches. La sociedad resultó perfecta: uno tenía facilidad para crear situaciones cómicas y el otro sabía cómo darles vida sobre un escenario. Curtis se convertiría años más tarde en el guionista de películas exitosas como Cuatro bodas y un funeral y Realmente amor (Love Actually).
Sus primeros trabajos llamaron la atención en el Festival de Edimburgo. Poco después, consiguió un representante, Richard Armitage, y comenzó a abrirse camino en la televisión británica. A los 24 años ya era conocido por el público gracias a Not the Nine O’Clock News, un programa de humor satírico que le permitió mostrar una de sus grandes habilidades: interpretar personajes excéntricos, con gestos exagerados y una particular manera de observar el mundo.
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En 1981 protagonizó una escena memorable durante su primera aparición en un popular programa de entrevistas conducido por Michael Parkinson. Mientras el conductor lo presentaba, se levantó entre el público e irrumpió con una serie de quejas y comentarios furiosos. Después se sacó el abrigo, abandonó el personaje y se sentó frente al entrevistador para responder con absoluta seriedad. Esa dualidad entre el hombre reservado y el desbordado sería una de las marcas de su carrera.
Durante la década del 80 llegó otro de sus grandes éxitos. En 1983 cocreó Blackadder, una comedia histórica de la BBC que tuvo cuatro temporadas. Allí interpretó a Edmund Blackadder, un antihéroe cínico, inteligente y bastante desagradable que atravesaba distintas épocas históricas acompañado por su ayudante torpe, Baldrick. La serie también contó con figuras como Stephen Fry y Hugh Laurie, y recibió un nuevo impulso cuando el guionista Ben Elton se incorporó a partir de la segunda temporada.
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Pero todavía faltaba la creación que lo llevaría a conquistar a todo el planeta. En 1990 presentó a un hombre adulto que se comportaba como un niño, con una mezcla de ingenuidad, egoísmo y una capacidad extraordinaria para meterse en situaciones disparatadas. Casi no necesitaba palabras: sus expresiones, movimientos y reacciones alcanzaban para provocar carcajadas en espectadores de distintas culturas.
El personaje había sido concebido para tener un alcance internacional. Su creador quería demostrar que la comedia no tenía por qué depender de los diálogos ni de referencias culturales específicas. La apuesta funcionó y terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos humorísticos más reconocibles de la televisión mundial.
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Fuera de los estudios, aún conserva algunas de las pasiones de su infancia. Le encantan los autos clásicos, tiene una colección y disfruta conducirlos. También sigue siendo un hombre hábil para las reparaciones: asegura que puede arreglar prácticamente cualquier cosa y recablear toda la casa.
Respuesta: el niño de la foto es Rowan Atkinson, el actor británico que creó a Mr. Bean.
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