Como suele decirse, a veces la realidad supera a la ficción. Y la ficción en las últimas semanas, representada en la serie de Apple TV The Studio, ha sido capaz de adelantar acontecimientos como el anuncio de películas basadas en marcas y otros proyectos cinematográficos de gran envergadura. Pero hay algo que no ha sido capaz de predecir, porque como decimos a vece lo que sucede en la realidad está fuera de cualquier lógica. No sabemos si la serie de Seth Rogen lo abordará en los episodios que restan, pero con el estreno del último taquillazo de cartelera es difícil no pensar que estamos ante una de las nuevas grandes historias forjadas detrás de la pantalla.
Hace tan solo unos días que Los pecadores llegó a cartelera, y no ha tardado en convertirse en una de las películas que más ha recaudado en su estreno en lo que va de año. En nuestro país aun aguanta el tipo Una película de Minecraft, pero este nuevo estreno ya se sitúa entre lo más visto según los últimos datos de ComScore. Sin embargo, no es la taquilla lo que realmente importa con esta peculiar historia sobre vampiros y cantantes de blues, sino el acuerdo histórico que se esconde detrás de ella. Un pacto que podría cambiar para siempre la industria cinematográfica tal y como la conocemos, y que a continuación pasamos a desgranar.
Antes de que Los pecadores llegase a cines, su director Ryan Coogler estableció una gran condición para el estudio que adquiriese la película para su producción y financiación: que los derechos de autor de esta volviesen a las manos del director 25 años después de su estreno. Un trato un tanto extraño, puesto que normalmente los estudios son los dueños de los derechos de todas las películas que producen, con notables excepciones si se trata de alguna película producida por algún director de primera fila. Existen casos como el de George Lucas en 1977 reclamando el dinero de las ventas de merchandising de La guerra de las galaxias o los acuerdos de Stanley Kubrick para tener el control creativo total de sus películas a partir de 2001: Una odisea del espacio, pero hasta el momento la regla era clara.

Los estudios, en alerta
“Es un precedente muy peligroso. Podría ser el fin del sistema de estudios”, comentan varios productores ejecutivos en Estados Unidos al respecto de este acuerdo, que le ha concedido de forma excepcional Warner a Coogler, pero que ahora podría provocar que más directores demandasen unas condiciones similares para futuras películas. “Si nosotros, como estudio, se lo damos a Coogler, cuando alguien más que realmente queremos que esté en el negocio dice: “Oye, yo también quiero este trato” -y tú dices: ‘No, sólo se lo di a él-, ¿cómo podemos esperar que trabajen con nosotros? Es malo para el negocio. Es malo para las relaciones cinematográficas”, recalcan.
Aunque otros estudios como Sony o Universal consideraron producir la película de Coogler, fue esta condición la que los echó para atrás y, por otro lado, sirvió en bandeja la oportunidad para Warner Bros, que se encuentra en una situación de tal urgencia que decidió aceptar el trato a pesar de lo que podría suponer. “Warner está pagando más que todos por todo. La actitud es ‘nuestro estudio tiene problemas. Tenemos que sacarlo adelante. Hagamos lo que sea’. Pero quienquiera que dirija el estudio dentro de 25 años no será (David) Zaslav o Pam (Abdy) y Mike (De Luca). Así que el acuerdo con Los pecadores es una decisión a corto plazo para ayudar al trimestre financiero, para ayudar al año, para ayudarles a relanzar. Es sólo que estas decisiones a corto plazo tienen efectos a largo plazo”, señala una de los ejecutivos.
Los pecadores cuenta la historia de dos hermanos gemelos, Smoke y Stack (interpretados ambos por Michael B. Jordan), quienes vuelven a su pequeño pueblo de Mississipi para abrir un local de blues que sirva como lugar de reunión para la comunidad afroamericana. Aunque los días del Ku Klux Klan parecen haber quedado atrás, los hermanos se encuentran con un nuevo gran inconveniente cuando son sorprendidos en mitad de la fiesta de inauguración por unos extraños mucho más siniestros y poderosos que los del Klan. Pero más allá de ser una película de vampiros con toques de terror y de western, Los pecadores es también una carta de amor de Ryan Coogler al blues en particular y a la música y la cultura afroamericana en general. Quizá por ello Coogler haya querido también hacerse con los derechos de la película, y aunque tendrá que esperar 25 años para ello, sin duda ha conseguido sellar un acuerdo histórico que podría cambiar para siempre la industria del cine.
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