Begoña Fernández
Madrid, 24 jun (EFE).- 'Mujeres que no siguen el guión' es la nueva novela gráfica del historietista Ramón Boldú, uno de los pioneros del cómic autobiográfico en España, que en esta tercera entrega se mete en su papel como guionista de televisión para revelar "los abusos y las chapuzas" que se cuecen tras las cámaras.
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En una entrevista con EFE, Boldú (Lleida, 1951) explica que este cómic, editado por Astiberri, pone en evidencia a la gente de la industria audiovisual que maltrata y abusa de jóvenes que acuden a los castin o a programas con intención de promocionar.
En su libro, Boldú trata, con vis cómica, la situación de chicas que son obligadas a tener intimidad para llegar más alto "o las que se ofrecen" para conseguir sus objetivos, "algo bastante común en lo audiovisual".
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El historietista reconoce que estas situaciones no se refieren solo a la época en que trabajó en televisión, se remonta a años atrás, ya en el pasado siglo, cuando era frecuente que la aspirante "o pasaba por el tubo o no se volvía a hablar de ella".
'Mujeres que no siguen un guión' es la tercera parte de la saga 'Perdidos por el más allá', que cuenta con tres libros (promete uno más para llegar a tetralogía) de divorcios, fracasos laborales, salud mental, fenómenos paranormales y personajes surrealistas que convierten la tragedia en humor, y al igual que las películas de 'Star Wars' van al revés en el tiempo.
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Boldú revela que empezó a considerar su biografía como material de cómic tras leer 'Maus', la novela gráfica y Premio Pulitzer donde su autor Art Spielgeman cuenta la vida de su padre: "judío polaco y superviviente de los campos de exterminio nazi".
Reconoce el autor que, a diferencia del padre de Art Spielgeman, el suyo "no era judío, era de Lérida y no tenía mucho que contar", pero empezó a hablar con él y a tomar notas y pudo averiguar lo que vivió durante la guerra, lo que le pasó a él y a toda la familia, y todo eso lo explicó en su cómic 'La vida es un tango y te piso bailando'.
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Boldú venía de contar historias en 'El Víbora', pero se dio cuenta de que no tenía necesidad de inventar nada cuando en su vida estaba llena de situaciones y personajes surrealistas.
"Y como tengo esa vena humorística, aunque escriba serio al final siempre me río de mí mismo".
Reconoce que la opción del cómic autobiográfico le ha costado al menos 20 querellas, "aunque siempre vigilo no dejar mal a nadie, cambio el nombre, pero el dibujo del personaje puede ser reconocible y la historia es real".
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Añade que lo que tiene por máxima es "no parecer prepotente": "si tengo que contar algo muy cutre de una persona, busco algo mío aún más cutre".
Y afirma que desde que escribe su vida, pase lo que pase, divorcios, despidos... nunca entra en depresión: "sé que todo lo que me ocurra puede ser material de cómic, es como si tuviera una cámara grabándome, así que me lo tomo como algo positivo".
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Boldú se siente más guionista que ilustrador. Sus dibujos, admite, son rápidos y expresivos, pero el lector se reconoce en el personaje por los hechos.
A la hora de crear una historieta valora más la denuncia que el entretenimiento: "prefiero poner en la palestra lo que hay en la vida, y como me han pasado muchas cosas puedo hablar bastante".
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Boldú considera que sus cómic son un ejemplo de lo que ha vivido: "nunca pongo lo que me han dicho, o según me he enterado. Todo lo que hay en el relato son cosas vividas a mi manera".
El historietista reconoce que tiene pendiente que alguno de sus cómics sea adaptado a la gran pantalla o a la televisión: "Esto da para una serie, me gustaría muchísimo, pero soy autor, no promotor".EFE
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