Construcción, muebles o biomasa, la nueva vida de la madera quemada en incendios

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Paula Fernández

Santiago de Compostela, 24 jun (EFE).- Entre la destrucción que dejan atrás los incendios forestales está la madera quemada, pero parte de ella se puede aprovechar en sectores como la construcción, el mobiliario o biomasa para energía, con un valor más alto cuanto antes se retire del monte, también por evitar riesgos fitosanitarios.

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El último año ha sido especialmente complicado para la industria forestal por la grave oleada de incendios que afectó a España en agosto de 2025, sobre todo a Galicia y Castilla y León, y el invierno lluvioso posterior que dificultó las labores de corta.

Pese a ello, gran parte de la madera afectada se pudo utilizar de alguna forma, ya que la ley no limita los usos que se le puede dar a este recurso, si bien su aprovechamiento debe estar autorizado por la administración competente.

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En el caso de Galicia, que genera casi el 60 % de la madera de todo el país, hubo un aprovechamiento global del 52 %, según estimaciones facilitadas a EFE por la Fundación Arume, que reúne a propietarios forestales, viveros, aserraderos, fabricantes de tableros, empresas de servicios e ingeniería, la Universidad de Vigo y Abanca.

El porcentaje subió hasta el 80 % en la madera considerada de "alto valor", por la que se obtiene una mayor retribución y que se aprovecha en los aserraderos para hacer tablas utilizadas después en estructuras de edificios, paneles contralaminados o cajas de vino, indica el presidente de Arume, Xosé Mera.

Un segundo uso sería el descortezado y astillado para tableros de aglomerado o fibras, utilizados en muebles, puertas o armarios, y el tercero, el triturado para biomasa para generar energía.

A este último se está destinando actualmente la madera afectada que queda en el monte porque con el paso de los meses ha perdido la mayor parte de su valor, señala Mera.

Tanto la industria como los expertos coinciden en la necesidad de actuar rápido: "Desde que se produce un incendio, cuanto antes se corte es mejor", explica a EFE el catedrático Manuel Marey, de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Lugo.

Cuanto más tiempo se deje en el monte, más valor perderá y más riesgo hay de que se pudra y sea afectada por insectos xilófagos, que se alimentan de madera.

Marey refiere que el grado de aprovechamiento tras un fuego depende en parte del tipo de madera, pues si está próxima a la edad de corta el valor es mayor, pero los troncos jóvenes tienen peor uso.

También influye la intensidad del fuego, ya que un incendio menos potente o que pasa a gran velocidad puede afectar solo a la parte más externa.

El porcentaje de madera quemada que se puede aprovechar está determinado además por la climatología; lo más adecuado es talar en épocas de poca lluvia porque el terreno "se degrada menos por la propia utilización de la maquinaria de explotación", dice Marey.

 

¿Puede la madera quemada ser un negocio lucrativo que incluso incentive los incendios? Mera considera que ese debate queda cerrado con la decisión que tomó la Fundación Arume tras los fuegos de 2025: mantener los precios de la madera retirada de zonas afectadas para apoyar a las comunidades de montes y propietarios.

Los maderistas la compraron al mismo valor que la madera verde, no más barata. E igualmente acarreó pérdidas, porque los costes de aprovechamiento en un monte quemado son mayores: "Con la ceniza los filtros se atascan, las motosierras se desgastan más porque la corteza está quemada...".

"El incendio se lleva muchas cosas por delante, pero primero al sector forestal", señala por su parte el catedrático Marey, que añade que "a ninguna industria le interesa la madera quemada" y el riesgo de incendio es lo que más desincentiva a los propietarios a emprender esta actividad económica.

Para poner en valor este recurso y concienciar sobre el fuego, el 'guest lounge' de la última edición de la feria ARCOmadrid fue elaborado con madera quemada de los bosques de Laza (Ourense), un proyecto de los arquitectos Manuel Bouzas, Pablo Sequero y Laura Salazar. EFE

(foto)

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