León, 15 jun (EFE).- La reintroducción de animales salvajes, una de las herramientas más visibles de la conservación, no siempre es la mejor solución y puede incluso generar nuevos problemas ecológicos si no se evalúa con rigor, según advierte en un estudio reciente un grupo de investigadores españoles.
El trabajo, liderado por científicos de la Universidad de León (ULe) y publicado recientemente en la revista científica 'Conservation Science and Practice', lanza el mensaje de que liberar especies en la naturaleza sin analizar a fondo sus efectos puede crear una falsa sensación de éxito y comprometer la recuperación real de los ecosistemas.
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En un contexto de crisis global de biodiversidad, los programas de cría en cautividad y sueltas al medio natural se han convertido en una respuesta habitual para salvar especies amenazadas.
Sin embargo, los autores alertan de que esas acciones no deben sustituir a la conservación a largo plazo ni ignorar las causas que llevaron a esas especies al declive.
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"La prioridad debería ser reducir las amenazas originales y restaurar los ecosistemas, no solo aumentar el número de individuos", sostienen los investigadores, que reclaman una visión más integral y menos centrada en actuaciones inmediatas.
El estudio analiza varios casos que ilustran estos riesgos, como el del lince ibérico, cuya población ha crecido de forma notable en las últimas dos décadas gracias, en parte, a programas de reproducción y reintroducción.
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Pese a este éxito, los científicos advierten de efectos colaterales: los linces liberados pueden desplazar o incluso depredar a otras especies amenazadas, como el gato montés europeo, lo que plantea dudas sobre nuevas sueltas en zonas donde este felino ya está en declive.
También cuestionan la necesidad de expandir artificialmente la especie cuando su capacidad de dispersión natural es alta, lo que abre la puerta a favorecer su expansión sin intervención directa.
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Otro caso polémico es el del pigargo europeo, un águila marina reintroducida en el norte de España. Los autores señalan que estos depredadores pueden afectar a especies vulnerables, como aves marinas o salmones, y recuerdan que su expansión natural por Europa podría hacer innecesarias estas sueltas.
Situación similar se observa con el quebrantahuesos, cuya reintroducción en varias zonas españolas convive con amenazas persistentes como el envenenamiento ilegal, una de las causas históricas de su desaparición y que aún no ha sido erradicada.
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Más allá de los efectos ecológicos, el estudio subraya la importancia del factor social, ya que el rechazo de la población local, especialmente en áreas rurales, puede poner en riesgo estos proyectos y favorecer prácticas como el furtivismo.
Por ello, los investigadores defienden alternativas menos invasivas, como facilitar la recolonización natural de las especies, mejorar la conectividad del territorio o reducir amenazas como atropellos, venenos o barreras artificiales.
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"Las reintroducciones pueden ser necesarias en casos extremos, pero no deberían ser la primera opción", concluyen, al tiempo que apelan a una conservación más paciente, basada en procesos naturales y en la aceptación social.EFE
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