Alberto Ferreras
Zamora, 11 jun (EFE).- El festival que transforma Zamora y la convierte por unos días en la ciudad del heavy ha arrancado en el templo del metal en el que se ha erigido el recinto ferial Ifeza, por el que se registrarán cerca de 30.000 entradas a lo largo de tres jornadas.
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En ese espacio se han programado en el Festival Z! Live una treintena de actuaciones musicales de grupos internacionales del metal y sus distintos subgéneros. Para algunos asistentes son sus grandes ídolos, para otros nostalgia del pasado y para la gran mayoría la esencia de los sonidos potentes.
El festival podría pasar desapercibido en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, pero en Zamora, que tiene cerca de 60.000 habitantes, eso supone que estos días, una de cada tres personas es amante de las guitarras distorsionadas y le gusta lucir melena o vestir con pantalones ajustados y camisetas negras con el nombre de su grupo favorito.
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El organizador de la cita, Andrés Cid, explica a EFE que el festival implica que "la ciudad, de pronto, se llene un fin de semana de alboroto y de jaleo, que es lo que necesita Zamora también".
De hecho, en la ciudad del románico el Z! Live lleva once años construyendo ese templo del metal y aunque la reacción de los locales las primeras ediciones era "un poco de miedo", ahora los zamoranos están "encantandísmos", a la vez que aprenden de la cultura musical heavy.
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Los profesores de esas lecciones de rock duro y progresivo, no solo son grupos internacionales como Épica, Saxon y Opeth, que este año constituyen los cabeza de cartel, sino también cada uno de los asistentes que cada mañana llenan la ciudad de melenas y símbolos identificativos de una música que se ha convertido en toda una religión.
Por la tarde son los conciertos, pero las mañanas las pasan en Zamora, tapeando, de compras y turismo o asistiendo a los conciertos acústicos que se organizan en las calles de la ciudad para que los acordes del heavy se extiendan por todo el casco urbano.
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Los metaleros llegan a la ciudad del Duero principalmente de la zona norte de España y de Portugal, aunque también hay grupos venidos de más lejos, como un grupo de incondicionales de Londres y algunos entusiastas del metal llegados de sudamérica.
De más cerca son dos de los asistentes ubicados en primera fila en la primera tarde del festival, Ernesto Tubía y su hijo, que a sus once años ya tiene su propia banda heavy.
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Este escritor riojano comenzó a sentir pasión por este estilo musical hace cuatro décadas con el disco Hysteria de Def Leppard, que lleva impreso en su camiseta, y ahora busca "inculcar la cultura del rock" a su hijo, confiesa.
Por su parte, la madrileña Mónica Ramírez asegura que este festival le gusta porque es “pequeñito, familiar y se ve bien”, además de por el "buen rollito" que existe con la ciudad, donde "a los de heavys que venimos de fuera nos tratan superbien, estamos muy contentos”.
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Como en todo gran festival que se precie, no faltan camisetas y complementos con los nombres de los grupos favoritos de los asistentes y hasta el 'sex shop' de Zamora tiene su propio puesto, en el que vende, sobre todo artículos BDSM, confiesa su propietario Jorge Villar. En el templo del heavy no hay tabúes ni limites de sonido. EFE
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(foto) (vídeo)
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