La playa de Cerdeña donde está prohibido el uso de sombrilla a menores de 65 años y entrar cuesta 10 euros

Una ordenanza municipal establece varias normas en una playa como medida de protección ambiental tras el incendio registrado en 2025

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Un cartel blanco con un círculo rojo y una sombrilla negra tachada dice "PROHIBIDO" en una playa de arena dorada con el mar azul y bañistas al fondo.
La playa de Cerdeña donde está prohibido el uso de sombra a menores de 65 años, imagen generada con IA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En una de las calas más espectaculares del Mediterráneo, la decisión de un pequeño municipio ha encendido un debate que mezcla turismo masivo, protección ambiental y sentido común. En la playa de Punta Molentis, ubicada en el municipio de Villasimius (Cerdeña), una ordenanza municipal ha impuesto restricciones tan estrictas que han convertido este arenal en el centro de la polémica en toda Italia.

La norma, pensada para proteger uno de los ecosistemas más frágiles de la isla, prohíbe la instalación de sombrillas, toldos o cualquier sistema de sombra en la playa. Sin embargo, introduce una excepción llamativa: solo pueden utilizarlas familias con niños menores de 10 años y personas mayores de 65. El resto de bañistas, en su mayoría adultos, queda sin posibilidad de generar sombra propia en la arena.

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Además de la polémica sobre las sombrillas, la ordenanza introduce un sistema de control de acceso que refuerza el carácter restrictivo de la playa. La entrada tiene un coste de 10 euros por persona, con algunas exenciones para personas con discapacidad y sus acompañantes. El horario también está limitado, con acceso permitido de 8:00 a 20:30 y salida obligatoria antes de las 21:00.

A estas medidas se suman normas ambientales estrictas: está prohibido retirar arena, piedras o conchas, dañar la vegetación dunar o abandonar residuos. Todo ello con el objetivo declarado de preservar un entorno que, según las autoridades locales, se encuentra bajo presión constante debido al turismo estacional.

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Playa de Punta Molentis. (Pixabay)
Playa de Punta Molentis. (Pixabay)

Un cartel informativo a la entrada resume parte de estas normas: “Está prohibido dañar la vegetación. Está prohibido extraer arena, piedras y conchas. Está prohibido arrojar basura. Está prohibido causar daños a la playa y a los hábitats naturales. Se ruega respetar el medio ambiente y nuestro patrimonio natural”.

"Está prohibido dañar la vegetación"

Desde el Ayuntamiento de Villasimius (Cerdeña) se insiste en que la decisión no es arbitraria, sino una respuesta a la fragilidad del ecosistema local. La zona, incluida en el área marina protegida, ha sufrido en los últimos años episodios de saturación turística y un grave incendio forestal en 2025 que afectó a parte del entorno natural.

Las autoridades defienden que limitar infraestructuras temporales como sombrillas ayuda a reducir el impacto humano sobre la arena y la vegetación, evitando la degradación progresiva del arenal. En este sentido, el objetivo es mantener el equilibrio entre el acceso público y la conservación de un espacio considerado de alto valor ecológico.

La reacción, sin embargo, ha sido inmediata y polarizada. Muchos usuarios critican que la norma puede resultar excesiva y potencialmente peligrosa en días de altas temperaturas. “¿Qué pasa si no tienes niños ni eres mayor? ¿Te tienes que quemar al sol?”, se preguntan algunos comentarios difundidos en redes, recogidos por el medio In Italia.

¿Tomar el sol en los testículos aumenta la testosterona? (Pexels)
Personas en una tumbona. (Pexels)

Otros van más allá y advierten del riesgo de golpes de calor o insolaciones, especialmente en jornadas de fuerte radiación solar. Para ellos, la medida introduce una desigualdad difícil de justificar entre distintos grupos de visitantes. Por el contrario, hay quienes defienden la ordenanza como un ejemplo de gestión valiente frente a la masificación turística.

Mientras tanto, la playa sigue recibiendo visitantes atraídos por sus aguas turquesas y su paisaje prácticamente virgen, aunque ahora con un nuevo rasgo en su identidad: ya no es solo un paraíso natural, sino también un ejemplo de políticas ambientales estrictas que podrían servir de modelo en otros destinos del Mediterráneo.

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