Arsuaga señala el "tribalismo" como gran desafío humano en la sostenibilidad del planeta

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Patricia Carro

Burgos, 10 jun (EFE).- El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, codirector de los yacimientos de la sierra de Atapuerca (Burgos), ve en el tribalismo -la identificación con la tribu, un grupo- el gran desafío al que tiene que enfrentarse la humanidad en un momento en el que el sobreconsumo de energía y recursos exige de acuerdos para gestionar el planeta y evitar caer "por el precipicio".

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El problema "gordísimo" de este siglo XXI es la sostenibilidad, un problema global que requiere de una solución global, y la única vía pasa por "ponernos de acuerdo", defiende en una entrevista con la Agencia EFE antes de presentar en el Museo de la Evolución Humana de Burgos su último libro, 'La respuesta'.

La última vez que el ser humano fue sostenible fue en el Paleolítico, cuando no tenía ningún impacto sobre la naturaleza. Con la agricultura y la ganadería, en el Neolítico, el humano comenzó a transformarla en su beneficio; y ahora esa transformación es "brutal" y trae "un lío" de consumo acelerado de energía y materiales.

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"De esta dinámica solo nos puede salvar ponernos de acuerdo", insiste, y es ahí donde entra en juego el tribalismo, el sentimiento de pertenencia a un grupo, a la tribu; también los conflictos y la incapacidad del ser humano para llegar a acuerdos: "si aparece litio en un país ya se lía una guerra", comenta.

El tribalismo "es de sapiens", recuerda, y además de provocar muertes -a veces muy lejos del foco de atención- impide solucionar esos problemas globales; y "o gestionamos el planeta o vamos hacia el precipicio", afirma, al tiempo que apela a la convivencia: "El tribalismo tiene que tener un límite".

Juan Luis Arsuaga, inmerso en una vorágine de presentaciones, ha recalado este miércoles en la que es su segunda casa: el Museo de la Evolución Humana, pieza clave del proyecto Atapuerca, donde se exhiben algunos de los fósiles recuperados en el yacimiento, y cuya dirección científica asume al paleontólogo.

Ha llegado con 'La respuesta', una obra sobre la evolución que es el resultado de varias décadas de estudio sobre los orígenes del ser humano y en la que ayuda al lector a encontrar el camino para responder a la que es la gran pregunta de la humanidad: la duda existencial del por qué estamos aquí.

"Esto va a de hacerse preguntas y de buscar respuestas", afirma, porque "la ciencia no tiene respuestas a todo" pero lo que sí hace es preguntarse constantemente, e ir avanzando en conocimiento.

Cuando la especie humana toma conciencia de su finitud, de que nos vamos a morir, inevitablemente surge la pregunta: "¿y entonces, para qué este rollo?".

La sociedad lleva siglos buscando sentido a la vida, intentando descifrar si estamos en el mundo por azar, por accidente o si era inevitable que apareciéramos, explica Arsuaga, y con el tiempo suficiente acabaremos por avanzar hacia una mayor complejidad como especie.

Por el momento y salvo pequeñas adaptaciones, el ser humano ha dejado de evolucionar como especie, fundamentalmente porque sus avances científicos y tecnológicos han puesto coto a la selección natural, pese a que la guerra contra los patógenos sigue activa, como nos demostró la pandemia de la covid-19.

Una lucha "eterna", que tiene más de 1.000 millones de años y que continuará en el futuro, pero que no va a traducirse en cambios físicos importantes, "al menos de forma natural", apunta Arsuaga, y rechaza cualquier alteración artificial que derive de modificaciones genéticas, porque para eso habría que tener un ideal de humano y ni existe ni sería ético que existiera.

El paleontólogo defiende, eso sí, la inteligencia artificial (IA), pues asegura que ayudará al ser humano a liberarse de los trabajos penosos, en un equivalente a lo que ocurrió con la máquina de vapor o el tractor, para que pueda centrarse en el terreno intelectual, donde no teme que la IA pueda suplantar al humano.

Admite que, como también ocurrió con otras revoluciones, la llegada de la inteligencia artificial tiene un impacto en el mercado laboral, pero cómo afecte realmente a la sociedad depende de sí misma: "hay que educar a la gente para que busque lo selecto", defiende.

"Las máquinas sustituyen lo barato, pero no lo caro. Un zapato artesanal hecho a mano que vale 1.000 euros no lo sustituye", tampoco una comida de una estrella Michelin; la IA ganará en cantidad pero no en calidad; y por eso Arsuaga defiende apostar por la excelencia, porque "ahí no nos superan las máquinas".EFE

(foto)

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