Cazaminas, los guardianes del lecho marino que destruyen minas y vigilan cables submarinos

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Teresa Díaz

Málaga, 3 jun (EFE).- Sella, Segura, Tambre, Turia, Duero y Tajo son los seis buques con nombre de río de la 1ª Escuadrilla de Medidas Contra Minas de la Armada que garantizan la seguridad marítima. Operan como auténticos guardianes del fondo marino, localizando y neutralizando minas con explosivos y protegiendo los cables de fibra óptica por los que pasan todas las comunicaciones.

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A bordo del Turia, en aguas de Málaga, el capitán de fragata Javier Molina, comandante de la escuadrilla, explica a EFE que este buque está ahora integrado en una operación de presencia, vigilancia y disuasión, cuya misión es controlar infraestructuras submarinas críticas.

"Lo que hacemos es centrarnos en una infraestructura específica que nos han pedido investigar para comprobar en qué estado se encuentra y ver si cerca hay algún objeto que pueda suponer una amenaza. No suele ocurrir pero si un día existe, se trata de que tengamos una foto lo más actualizada posible", explica este marino.

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¿De qué tipo de infraestructuras se trata?. De una red de miles de kilómetros de cables submarinos que canalizan el tráfico de internet pero también de gasoductos que permiten transportar gas natural a través de tuberías instaladas en el lecho marino.

El Departamento de Seguridad Nacional califica los cables submarinos de fibra óptica como una infraestructura crítica y su protección es una prioridad nacional debido a que canalizan el 99 % del tráfico de datos de internet. En su último informe alerta del riesgo de sabotaje.

También hay que vigilar otras infraestructuras críticas como esos gasoductos que pueden ser objeto de sabotaje como ocurrió con los Nord Stream en septiembre de 2022, cuyo ataque interrumpió el suministro de gas natural desde Rusia hacia Alemania a través del mar Báltico.

Las Fuerzas Armadas tienen encomendada la labor de protección de las infraestructuras críticas submarinas tanto en aguas de soberanía nacional como en los espacios marítimos de interés, señala el director de la Escuela Militar de Buceo, el capitán de fragata José María Liarte.

"No puedes vigilar y proteger aquello que no conoces, por eso estas operaciones de conocimiento del entorno", precisa.

Este capitán de fragata insiste en que la misión de los cazaminas es el conocimiento del entorno marítimo y para eso se hace vigilancia 24/7 los 365 días del año, que se canaliza a través del Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM), ubicado en Cartagena (Murcia).

Desde ahí se hace el seguimiento de todas las operaciones y se toma la determinación de enviar una unidad en caso de tener alguna sospecha.

Recientemente, el Departamento de Seguridad Nacional ha alertado sobre un repunte crítico en la presencia de buques rusos no identificados (la llamada flota fantasma rusa) transitando por zonas estratégicas como Canarias, el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán, multiplicando el riesgo de sabotaje.

"Pero no solo es la flota fantasma rusa, también puede ser, por ejemplo, un buque que esté buscando algo del patrimonio arqueológico subacuático español o un pesquero ilegal en la zona de económica exclusiva o en aguas de interés nacional", precisa.

Además de sus operaciones a nivel nacional, la escuadrilla está integrada plenamente en la OTAN y mantiene una unidad permanente en la Agrupación naval número 2, cuyo escenario de actuación son las aguas del Mar Mediterráneo.

La particularidad de los buques cazaminas es que están construidos con plástico reforzado y fibra de vidrio, lo que reduce la posibilidad de ser detectados a la vez que tienen una gran resistencia al choque producido por las explosiones submarinas. Su sistema de combate es de fabricación íntegramente nacional.

Peinan el fondo del mar utilizando sonares de imágenes de última generación, capaces de rastrear hasta 200 metros de profundidad.

Si la exploración confirma que el objeto sospechoso es una mina, actúan en primer lugar los buceadores de la Armada, los TEDAX del mar, pero si no pueden debido al riesgo que entraña la operación entran en acción vehículos operados por control remoto l(ROV) como el 'Pluto Plus'.

Este robot acuático se utiliza para localizar, identificar y destruir minas marinas de forma segura sin arriesgar la vida de los buceadores.

La sargento Daniela, suboficial de armas destinada en el cazaminas Turia, explica que este minisubmarino se sumerge conectado al barco mediante un cable y navega hacia la zona sospechosa guiado por el sónar del buque.

Utiliza sus cámaras de alta resolución y luces para confirmar visualmente si el objeto es una mina. Una vez identificada, el vehículo se sitúa debajo de ella y libera una carga explosiva que lleva adosada en su parte inferior.

Posteriormente, el robot se aleja a una distancia segura y es izado de nuevo a la cubierta del buque antes de que la carga explosiva se detona por control remoto desde el interior del barco.

En una misión de presencia, vigilancia y disuasión como en la que está participando actualmente el cazaminas 'Turia', el 'Pluto' pude realizar una media 2 o 3 intervenciones diarias.

"La amenaza es continua. Desgraciadamente, la mina es un vector extremadamente barato y que puede causar un impacto estratégico grande", ha asegurado el comandante de la escuadrilla.

Todavía se siguen encontrando minas e incluso torpedos de la segunda guerra mundial con carga explosiva. "Todos los años aparece alguna en el Mediterráneo", asegura.

La Armada está reforzando sus capacidades en este campo. A finales de año recibirá el buque de acción marítima de intervención subacuática 'Proserpina' y un año después el 'Poseidón'. Ambos están diseñados específicamente para misiones de salvamento, apoyo y rescate de submarinos, además de operaciones de buceo profundo.

El 'Proserpina', conocido ya en el ambiente marino como 'la hormiga atómica' es un buque pequeño de tan solo 33 metros de eslora y 1.200 toneladas que fue botado hace unos meses y que se entregará a la Armada a finales de este año.

El segundo, de 5.500 toneladas, tiene una capacidad de intervención de al menos hasta los 4.000 metros de profundidad y llevará incorporado un vehículo autónomo que podrá operar hasta 6.000 metros.

Además, está prevista también la adquisición de drones submarinos que puedan operar hasta 3.000 metros de profundidad.

Todas estas nuevas capacidades suponen un plus para la intervención subacuática humana, cuyo límite está fijado en 114 metros.

Las infraestructuras submarinas transcurren a lo largo de todo el lecho marino, unas veces enterradas en torno a los 2.000 metros de profundidad de media.

Con estos nuevos medios "vamos a tener capacidad sobrada de actuar a esa profundidad", ha recalcado Liarte. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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