Marina Estévez Torreblanca
Madrid, 27 may (EFE).- Una atleta de élite que encuentra alivio a su psicosis cuando lleva al límite sus capacidades físicas le sirve a la cineasta Laura García Alonso para hacer "un ejercicio de empatía" con quienes padecen enfermedades mentales en 'Corredora', una sugestiva y original ópera prima que se estrena en cines este viernes.
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Factores como la competitividad, la autoexigencia o la juventud de los deportistas son una "olla a presión" para las personas propensas a estas patologías, pero la cineasta nacida en Madrid en 1990 nunca quiso plantear el deporte de élite, el atletismo en concreto, como "el enemigo", ha asegurado a EFE en un entrevista.
"Cris no tiene ni un entrenador abusador, ni una familia que busca el éxito de su hija como propio, como en tantas películas deportivas. Su exigencia viene de ella y nace de una voluntad muy ambiciosa", explica la realizadora, que ganó el Premio Asecan a la Mejor Ópera Prima en el pasado Festival de Málaga con esta película. "La pasión es un motor muy potente de acción, pero también puede acabar contigo", añade.
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En el caso del personaje que interpreta Alba Sáez -en un destacado debut en el largometraje- cuando un brote psicótico le obliga a alejarse de la alta competición encuentra el apoyo tanto de su entorno profesional como de su familia, compuesta por su hermana, Marina Salas ('Esmorza amb mi'), y su padre, Àlex Brendemühl ('Creatura').
Poder adentrarse en la compleja mente de la protagonista es el elemento más interesante del filme, que tiene referentes como 'Cisne negro' y 'La soledad del corredor de fondo'. Sáez estuvo un año preparando el papel, tanto desde un punto de vista físico -tres veces por semana con el atleta Andreu Novakosky- como psicológico.
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Para esta última faceta, la mental, a la actriz le ha servido leer libros como 'Por si las voces vuelven', de Ángel Martín, donde el humorista cuenta cómo vivió un brote psicótico desde dentro, así como mantener conversaciones con psiquiatras y pacientes, que le hablaron, como refleja la película, tanto de los agresivos efectos secundarios de la medicación como de lo necesaria que resulta.
"Por un lado estaba el guión, pero aparte yo tenía otra peli que pasaba en mi cabeza y que, para poder interpretarla, necesitaba que tuviera un sentido lógico para poder hilar toda una historia de conspiración y paranoia", remarca la actriz, cuyo personaje encuentra una vía de escape a sus fantasmas en la música electrónica, además del deporte.
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Por su parte, el personaje de Àlex Brendemühl enseña "la fragilidad, la torpeza, la incapacidad" de las personas cuidadoras para enfrentarse a algo que se les escapa y que les provoca también un gran dolor y preocupación, asegura el actor.
"Muchísimos padres acompañan a sus hijos al partido el fin de semana y proyectan lo que ellos no han conseguido. Este padre también pasa por ahí, pero no es quien la presiona". De hecho, él preferiría que Cris fuera fisioterapeuta para tener un sustento al final de su carrera deportiva. "Son cosas banales, de padre que se preocupa de una manera un poco terrenal y al que le cuesta entender lo que ocurre con su hija", resume.
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En el caso de Marina Salas, ella es la hermana mayor y cómplice, y ha tenido que asumir el papel de la madre que ya no está: "Se trataba de algo tan sencillo y tan complicado a la vez como es estar y apoyar", remarca la actriz, para quien esta película "democratiza esa lesión invisible que nos puede pasar a todos".
Precisamente, la directora y guionista -esto último junto a Pol Cortecans ('Sé quién eres')- explica que ha querido tratar el tema de la enfermedad mental intentando hacer un ejercicio de empatía e identificación. "Había visto muchas pelis en el cine reciente donde este tipo de temas se trataban con mucho estigma, morbo y otredad", dice.
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García Alonso experimentó en su círculo cercano cómo un ser querido pasaba por un proceso similar. "Pensé que era mucho más complejo de lo que solemos ver en las películas, por ejemplo en la crisis de identidad que supone esa nueva etiqueta de enfermo", relata la directora.
Otro de los factores sobre los que invita a reflexionar su propuesta cinematográfica es hasta qué punto la autoexigencia que demuestra la protagonista "en realidad también es resultado de un sistema muy meritocrático, capitalista y exprimidor", dice la cineasta. Una idea que no se plantea de modo directo en una película que la autora deja muy abierta a las reflexiones del espectador. EFE
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