Zapatero, un activo de Sánchez que siempre ha defendido su honradez

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José Miguel Blanco

Madrid, 19 may (EFE).- Casi quince años después de haber abandonado la presidencia del Gobierno y la secretaría general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero ha seguido manteniendo un protagonismo que le ha convertido en uno de los principales baluartes del proyecto que encarna Pedro Sánchez.

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Por ello, el hecho de haber sido citado este martes por la Audiencia Nacional imputado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad en la causa que investiga supuestos cobros de comisiones ilegales por el caso de la compañía aérea Plus Ultra, adquiere una dimensión que la oposición no ha dejado pasar por alto pidiendo ya responsabilidades al actual jefe del Ejecutivo.

Encara por tanto uno de sus momentos más complicados después de los muchos rumores e informaciones que apuntaban a que esa investigación estaba en marcha, y el Partido Popular le obligó a comparecer el pasado mes de marzo en la comisión del 'caso Koldo' en el Senado pese a que en todo momento ha defendido que no había nada irregular en su actuación.

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Allí lo repitió, negó haber tenido relación con el rescate de Plus Ultra tras las "enormes falsedades" que aseguró que se habían publicado al respecto y defendió la legalidad y el cumplimiento con el fisco de todos sus trabajos de consultoría.

Tanto él como el PSOE consideraron que pretendían deslegitimarle precisamente por ser un firme apoyo de Sánchez, y el propio Zapatero aseguró que no se iba a amedrentar por ello e iba a seguir estando en primera fila en esa defensa del jefe del Gobierno y del Partido Socialista.

Es lo que siguió haciendo, con presencia destacada por ejemplo en la reciente campaña electoral en Andalucía en apoyo de María Jesús Montero, o en actos significativos como el evento progresista internacional celebrado en abril en Barcelona.

Son actividades que se suman a otras en los últimos años como la de mediador en Venezuela o interlocutor con el expresidente catalán Carles Puigdemont, acudiendo a las reuniones que los socialistas (entre ellos el exsecretario de Organización Santos Cerdán) han tenido con él en Suiza.

Zapatero se ha llegado a convertir en el antídoto de Sánchez ante la posición que viene manteniendo otro expresidente socialista, Felipe González, muy crítico con el Ejecutivo y con la forma en la que está llevando las riendas del que sigue siendo su partido.

Si González ha llegado a asegurar que votará en blanco si Sánchez encabeza las listas en las próximas elecciones generales, no cabía duda, al menos hasta ahora, de que Zapatero iba a ser un activo en la campaña que protagonizará el presidente del Gobierno para optar a su reelección.

El mensaje que Zapatero ha venido repitiendo es que, frente a las encuestas, hay motivos para creer que Sánchez puede revalidar su cargo, y en ese acto de Barcelona mostró su convicción de que está a punto de empezar un ciclo en el que las piezas de los discursos reaccionarios van a empezar a caerse y va a resurgir con fuerza el movimiento progresista.

Un movimiento al que él quiere seguir contribuyendo después de su etapa al frente del Gobierno, en la que hubo hitos como el fin de ETA y otros de marcado carácter social que en el PSOE califican de históricos como el matrimonio homosexual o el desarrollo de la ley de dependencia y que formaron parte de lo que denominó el cuarto pilar del Estado del bienestar.

Otra decisión, la de la retirada de las tropas de Irak nada más llegar al Gobierno en sustitución de José María Aznar, es puesta en valor por la actual dirección socialista en un momento en el que el actual Ejecutivo de Pedro Sánchez ha mostrado desde el principio su rechazo a la guerra de Irán tras el ataque de Estados Unidos e Israel a la República Islámica.

El que fuera diputado más joven del Congreso en la III legislatura y camino ahora de los 66 años, tuvo que adoptar sin embargo en el tramo final de su mandato decisiones que no preveía debido a la crisis económica.

Fue en 2010 cuando tomó una serie de medidas de ajuste económico que incluyeron la bajada de sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones, además de una reforma laboral que provocaron un amplio rechazo social y político.

Pocos meses después, en abril de 2011, comunicó su decisión de que no optaría a un tercer mandato y, en consecuencia, fue Alfredo Pérez Rubalcaba quien se situó al frente de la candidatura socialista en las elecciones del 20 de noviembre de 2012 que abrieron la puerta del Palacio de la Moncloa a Mariano Rajoy.

Los años posteriores mantuvo un perfil bajo, pero fue adquiriendo más protagonismo de forma paulatina hasta desembocar en ese apoyo público y sin fisuras a Sánchez y al actual PSOE.

Un partido que ya ha defendido su presunción de inocencia, pide tranquilidad y apunta a los motivos de esta situación: la derecha y la ultraderecHa -asegura- no le han perdonado los avances sociales que impulsó. EFE

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