Miguel Martín Alonso
Almería, 29 abr (EFE).- Todos guardamos un secreto inconfesable. Una doble vida potencial donde los límites morales se desdibujan bajo el anonimato. Sobre esta dualidad humana, cruzada con una descarnada crítica social, se cimenta 'Soledades al filo de la pólvora' (Editorial Círculo Rojo), la sexta novela de la periodista María Jesús Peregrín.
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La obra, un híbrido entre la novela negra rural y el 'thriller' institucional, arranca con un encargo contrarreloj a dos meses de la jubilación: el inspector Martín Expósito, un hombre huraño y de férrea educación patriarcal, debe encontrar a una periodista de televisión desaparecida en un hotel de lujo de Madrid.
Sin embargo, el verdadero motor de la trama se enciende con la venganza de una mujer traicionada y una camarera de piso, una 'kelly', que limpia los escenarios donde el sistema oculta sus peores miserias.
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"Me pareció bien crear una trama de mujeres en la que una de ellas fuera una camarera de piso", relata Peregrín en una entrevista con EFE, apuntando que son trabajadoras que tienen que "estar oyendo, soportando, viendo" realidades que rara vez protagonizan la ficción literaria.
La autora, con más de tres décadas de experiencia en los informativos de Canal Sur, confiesa que al leer su propio libro siente que está ante "un telediario de las tres de la tarde".
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La novela se adentra sin reparos en la impunidad. A través de personajes vulnerables, Peregrín denuncia cómo instituciones y figuras de autoridad tapan delitos y protegen a quienes explotan a mujeres prostituidas. "Es el capricho de un hombre con poder", subraya la escritora, señalando la existencia de un entramado paralelo, tan invisible como real, que opera en los hoteles de lujo mediante redes sociales, donde el abuso "no deja de ser una forma de esclavitud".
Pero el libro, que será presentado este jueves en el salón de plenos del Ayuntamiento de Granada y cuyo título bebe de un verso del poema 'Raro de Luna' del granadino Javier Egea, va más allá del género negro policial para explorar un abismo emocional contemporáneo.
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Peregrín refleja una sociedad anestesiada, en la que el desamor empuja a miles de personas hacia el espejismo de las aplicaciones de citas, con las que "hemos entrado en una tela de araña; un laberinto de incomunicación que nos alejará hasta de nosotros mismos".
"Estamos entrando en una rutina del paso del tiempo", advierte la autora, apoyándose en los datos que maneja la novela: un 25 % de los españoles tiene abierta una aplicación de este tipo y un 60 % de las citas actuales se inician 'online'. Ante esta tiranía de la inmediatez, la escritora alerta del riesgo de "vivir como zombis", caminando por la calle sin mirarse a los ojos "sabiendo que esa persona está sola y necesita amar".
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Esta frustración cristaliza en testimonios reales que nutrieron la documentación de la novela, como el caso de una mujer de 70 años que acabó sufriendo malos tratos tras confiar en un compañero de la universidad de mayores, o las historias de consultas psicológicas llenas de hombres consumidos por la culpa en sus dobles vidas. La fantasía de lo virtual choca contra la realidad, dejando a los individuos frente a un vacío donde el "sexting" sustituye al contacto humano genuino.
En este laberinto de identidades fragmentadas, el juego del desdoblamiento es constante en la trama. Martín Expósito se presenta como el escritor Andrés; mientras que otros personajes transitan entre ser Tana o Cayetana. "Nadie es nada en realidad de lo que parece y la sociedad hace de ti lo que le quieras dar", argumenta la escritora.
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En este escenario de máscaras sociales emerge la evolución del propio inspector. Representante de una generación educada en la rudeza, en la violencia y en sentenciar "con el palillo de los dientes en la boca", Expósito emprende un camino hacia la redención personal. Él intenta acabar con esa ideología patriarcal y "comprende los errores que ha cometido", reflexiona Peregrín, enmarcando esta transformación en el hartazgo de las mujeres ante el daño heredado.
'Soledades al filo de la pólvora', documentada con el asesoramiento de inspectores de homicidios, guardias civiles, magistrados y psicólogos clínicos, se erige así no solo como un relato policial trepidante. Es un espejo incómodo que invita a mirar esas zonas oscuras donde, frente a la tiranía del poder y la frialdad de las pantallas, sobrevive la necesidad humana de volver a conectar. EFE
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