La memoria incómoda: los 86 muertos en los bombardeos aéreos republicanos sobre Mallorca

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Tomás Andújar

Palma, 29 abr (EFE).- El historiador Manuel Aguilera desvela en el libro 'Mallorca en llamas' los nombres de los 86 fallecidos en los bombardeos republicanos sobre la población civil de la isla durante la Guerra de España, víctimas incómodas que ni reconoció el franquismo ni han recibido homenaje en democracia.

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"Estaban en un limbo. En la dictadura no fueron reconocidas porque no eran caídos por Dios y por España. De hecho, muchas de ellas eran de izquierdas", explica en una entrevista con EFE el investigador, que ha determinado que 26 de esos fallecidos eran mujeres adultas, otros 26 hombres civiles, 19 militares, guardias y falangistas, y 15 niños y adolescentes.

En democracia tampoco se les ha prestado atención "porque no fueron asesinadas por Franco" y no había interés en recordarlas porque la historiografía se ha centrado en "enmendar el olvido de la dictadura" respecto a las víctimas republicanas, argumenta.

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Manuel Aguilera (Palma, 1978) sostiene en su investigación que Mallorca fue uno de los primeros escenarios de terror aéreo de la historia bélica puesto que la isla y sobre todo su capital fueron castigadas por la aviación republicana en una estrategia que, al contrario de casos como Córdoba, Oviedo y Zaragoza, no trataba de apoyar un asedio por tierra, sino que buscaba atemorizar a la población civil para forzar una rendición.

"Pensaban que se podía rendir solo con bombardeos sistemáticos diarios porque no tenía ninguna defensa. Estaba totalmente desamparada, sin aviación, sin armada, sin baterías antiaéreas, sin refugios...", detalla sobre los primeros meses de la guerra.

Del 23 de julio al 28 de agosto de 1936, Mallorca sufrió 46 incursiones aéreas pero las más masivas y mortíferas se produjeron en mayo de 1937, con 45 fallecidos en los últimos ocho días del mes.

La cifra total de muertos en bombardeos recogida en 'Mallorca en llamas' asciende a 97 porque incluye a 11 causados por aviones italianos que atacaron el pueblo de Artà por error, creyendo que estaba en manos de los milicianos que en agosto de 1936 trataban de reconquistar la isla bajo el mando del capitán Alberto Bayo.

Aguilera defiende la importancia de dejar testimonio de los nombres y la historia de todas las víctimas inocentes, causadas por uno y otro bando, una "memoria ecuánime", no "selectiva ni sectaria", y difundirla "para que la gente entienda el horror y el dolor que causa una guerra".

La aplicación parcial de las leyes de memoria histórica que critica el investigador lleva a paradojas como la falta de reconocimiento a Joan Sampol Llobera, dirigente de la UGT de Palma herido de muerte en un bombardeo 'amigo' en la Colònia de Sant Jordi, donde se refugiaba.

Pero Aguilera es contrario a la derogación de la Ley de Memoria Democrática de Baleares que ejecutaron PP y Vox, pese a que considera que la izquierda la incumplió cuando se negó a respaldar la investigación y el reconocimiento a las víctimas de los bombardeos republicanos.

Sobre esto, hace suyo el principio del historiador Santos Juliá de que "una democracia no es una dictadura vuelta del revés". "No podemos hacer lo mismo que la dictadura porque nosotros no somos iguales, nosotros somos demócratas y los historiadores, además, tienen la obligación de decir la verdad. Y si omites parte de la verdad, ya estás mintiendo", sostiene.

De ahí que considere necesario desmentir con su trabajo la idea de que la República no atacó de forma intencionada e indiscriminada a población civil. Sobre Palma, documenta, los aviones procedentes de Cataluña lanzaron, junto a las bombas, textos con este mensaje: "Mallorca en llamas. Hermanos, amigos, imaginad nuestro dolor al cumplir el deber terrible de aniquilaros".

En un paralelismo que refleja la espiral de venganza que motivó muchas acciones de la Guerra Civil, desde Mallorca partieron los aviones italianos de la campaña de bombardeos más cruenta de la contienda, que entre el 16 y el 18 de marzo de 1938 mató a un millar de personas en Barcelona.

La investigación y las actuaciones de resarcimiento de la dignidad de las víctimas y sus herederos deben perseguir el conocimiento y la concordia, algo que, considera, justifica que se sigan buscando restos de personas asesinadas en la guerra y la dictadura. "Que una persona pueda enterrar dignamente a su padre o su madre, a su abuelo o su bisabuelo, va a favor de la reconciliación", incide.EFE

(Foto) (Vídeo)

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