El aumento de las temperaturas, los incendios, la sequía y la pérdida de los glaciares golpean Europa: España, gran víctima del calor y las llamas

El informe ‘Estado del Clima en Europa 2025′ de la Organización Meteorológica Mundial señala que el 95 % del continente registró valores anuales superiores a la media

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Bomberos trabajan en la extinción del incendio forestal en el monte Galleiro, a 6 de abril de 2026, en Ribadetea, Ponteareas, Pontevedra, Galicia (España). (Elena Fernández/Europa Press)
Bomberos trabajan en la extinción del incendio forestal en el monte Galleiro, a 6 de abril de 2026, en Ribadetea, Ponteareas, Pontevedra, Galicia (España). (Elena Fernández/Europa Press)

Los efectos del cambio climático ya son notables en todas las zonas del planeta, pero están golpeando con especial fuerza a Europa. El aumento rápido de las temperaturas, el incremento de los incendios forestales devastadores o la reducción de la capa de hielo y nieve están modificando por completo el panorama del continente, desde el Ártico hasta el Mediterráneo, dejando serias consecuencias tanto para las sociedad como para los ecosistemas.

Así, en 2025, por lo menos el 95 % de Europa registró temperaturas anuales superiores a la media. Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del informe Estado del clima en Europa (ESOTC) 2025, realizado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), gestionado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

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“Europa es el continente que se calienta más rápidamente, y los efectos ya son graves”, señala Florian Pappenberger, director general del CEPMPM. “Casi toda la región ha registrado temperaturas anuales superiores a la media. En 2025, Noruega, Suecia y Finlandia, países subárticos, registraron la peor ola de calor de su historia, con 21 días consecutivos y temperaturas superiores a los 30 °C dentro del propio círculo polar ártico".

En este sentido, la superficie de Europa cada vez experimenta menos días de invierno con temperaturas bajo cero y las mínimas durante la mayor parte del 2025 se mantuvieron por encima de la media. Esto refleja que cada vez hace más calor tanto en verano como en invierno.

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El calor extremo en verano aumenta en España, con riesgos como golpes de calor y cáncer de piel. Sanidad recomienda hidratación, protección solar y prevención para evitar complicaciones, especialmente en vulnerables.

España es uno de los países en los que es más evidente el aumento de las temperaturas debido a su situación geográfica. Tanto el sur como el este de nuestro país registraron hasta 50 días más de lo habitual con temperaturas de sensación térmica superiores a los 32 grados.

Este incremento del calor también está siendo notable en la superficie del mar, donde durante el año pasado se registró la temperatura anual más alta, siendo el cuarto año consecutivo de valores récord. Esto se debe a que los océanos del mundo han absorbido alrededor del 90 % del exceso de calor producido por las emisiones de gases de efecto invernadero de carácter antropogénico. Así, el 86 % de la región sufrió al menos olas de calor marinas fuertes, siendo graves o extremas en el 36 % del territorio. Una de las zonas más afectadas por este fenómeno en el Mediterráneo

“Esta tendencia a largo plazo afecta negativamente a la biodiversidad, las especies y los hábitats. Las olas de calor marinas también pueden coincidir con olas de calor en tierra, lo que contribuye a temperaturas y humedad más extremas, incluso durante la noche, lo que puede ralentizar la recuperación de las personas del estrés térmico y alterar el sueño”, señalan la OMM en un comunicado.

Los efectos del cambio climático en la sociedad y los ecosistemas europeos

Este aumento de las temperaturas está repercutiendo en la pérdida de los glaciares, el incremento de la sequía y la mayor virulencia de los incendios forestales.

Infografía del cambio climático en Europa 2025. Muestra la Tierra con Europa en rojo, glaciares derritiéndose, y datos sobre calor, sequía, incendios y biodiversidad en el continente.
Europa registró un impacto récord del cambio climático en 2025, con temperaturas anuales superiores a la media, olas de calor extremas, retroceso de glaciares, sequías e incendios forestales sin precedentes que ponen en riesgo la biodiversidad del continente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida neta de la masa de los glaciares en Europa es preocupante. En Islandia, por ejemplo, se ha registrado la segunda mayor pérdida de masa glaciar de su historia, mientras que en Groenlandia han desaparecido 139.000 millones de toneladas de hielo, que es aproximadamente 1,5 veces el volumen almacenado en todos los glaciares de los Alpes europeos.

Esto contribuye al aumento del nivel del mar en todo el mundo, según señalan los expertos, con serias consecuencias para las poblaciones: cada centímetro de aumento expone a 6 millones de personas más a las inundaciones costeras.

En 2025, en toda Europa el 70 % de los ríos han registrado caudales inferiores a la media. En mayo, además, aproximadamente la mitad del continente se vio afectada por condiciones de sequía. A su vez, las lluvias extremas y las inundaciones han sido menos generalizadas que en los últimos años, pero estas han seguido afectando a miles de personas.

Hielo en el fiordo de Qaleraliq, al fondo el frente glaciar de Qaleraliq, en el sur de Groenlandia, a 18 de julio de 2009, en Groenlandia, Dinamarca. (Rafael Bastante/Europa Press)
Hielo en el fiordo de Qaleraliq, al fondo el frente glaciar de Qaleraliq, en el sur de Groenlandia, a 18 de julio de 2009, en Groenlandia, Dinamarca. (Rafael Bastante/Europa Press)

Con respecto a los incendios forestales, el informe del CEPMPM destaca que aproximadamente 1.034.550 hectáreas han quedado arrasadas por las llamas, siendo la mayor superficie registrado hasta la fecha. Esto ha sido motivado por las condiciones de calor y sequía especialmente.

España ha sido uno de los países, junto con Chipre, Reino Unido, Países Bajos y Alemania, más afectados por este fenómenos: la mitad de las emisiones de los incendios forestales registradas, que han alcanzado sus niveles más altos, procedieron precisamente de nuestro país.

“Los incendios forestales también suponen un riesgo significativo para la biodiversidad, y los incendios en turberas pueden liberar grandes reservas de carbono, lo que amplifica aún más el cambio climático”, señalan los expertos en el comunicado.

Así, todos estos fenómenos no solo afectan a los humanos, sino que la biodiversidad del continente se ve gravemente perjudicada por el aumento de las temperaturas, la sequía o los incendios, tanto en los ecosistemas marinos como los terrestres.

Brigadas forestales trabajan en labores de extinción del incendio, en las inmediaciones de la urbanización Calypo Fado a 18 de julio de 2025, en Navalcarnero, Madrid (España). (Eduardo Parra/Europa Press)
Brigadas forestales trabajan en labores de extinción del incendio, en las inmediaciones de la urbanización Calypo Fado a 18 de julio de 2025, en Navalcarnero, Madrid (España). (Eduardo Parra/Europa Press)

“La naturaleza se ve sometido a un estrés cada vez mayor debido a la reducción y el desplazamiento de los hábitats, la alteración de los patrones estacionales a causa del aumento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones”, señalan, siendo especialmente destacable el impacto de las olas de calor marinas en las praderas de zostera del Mediterráneo o los incendios forestales en las turberas. “La biodiversidad es vital para un futuro sostenible, pero el cambio climático es una de las principales causas de su degradación”.

Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del CEPMPM, señala que estos resultados presentan “un panorama desolador”, por lo que es importante establecer medidas más urgentes: “El cambio climático no es una amenaza futura, sino nuestra realidad actual. Para hacer frente al impacto de la pérdida de biodiversidad, debemos igualar la velocidad de adaptación que se está produciendo en la transición hacia las energías limpias y, al mismo tiempo, garantizar que nuestras políticas y decisiones sigan basándose en datos científicos sólidos”.

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