Bilbao, 24 abr (EFE).- Un estudio científico liderado por el Instituto Biofisika (centro mixto del CSIC y la Universidad pública vasca-EHU) ha revelado que el espacio que rodea a las neuronas no es solo un hueco, sino una parte activa del sistema, y que su forma influye en cómo se transmiten las señales cerebrales.
Esta investigación, publicada en la revista 'Fluids and Barriers of the CNS', ha sido liderada y dirigida por Jan Tønnesen, investigador del Instituto Biofisika, en el marco de un proyecto internacional en colaboración con un laboratorio de Texas (Estados Unidos).
Este descubrimiento abre nuevas vías para entender mejor cómo funciona el cerebro y cómo pueden afectar a la comunicación neuronal los cambios que se producen con el envejecimiento, las lesiones cerebrales o enfermedades neurológicas, según ha informado este viernes el Instituto Biofisika.
El estudio subraya la importancia de mirar el cerebro como un conjunto integrado, en el que no solo importan las neuronas, sino también el entorno en el que se comunican.
El trabajo desvela que la forma y organización de ese espacio microscópico —conocido como espacio extracelular— influye directamente en la manera en que se transmiten las señales químicas en el cerebro.
Cuando una neurona se comunica con otra, libera sustancias químicas llamadas neurotransmisores, que deben desplazarse por ese espacio hasta encontrar su destino.
Hasta ahora, se pensaba que este entorno era solo un medio de paso, pero el nuevo estudio demuestra que no es un espacio pasivo, sino que puede facilitar o dificultar el movimiento de esas señales, con lo que influye en la rapidez y precisión de la comunicación neuronal.
Los investigadores han observado que este efecto depende del tipo de sinapsis, es decir, del punto de contacto entre neuronas.
En las sinapsis excitadoras, que activan la actividad neuronal y están relacionadas con procesos como el aprendizaje y la memoria, la forma del entorno ayuda a que el neurotransmisor se elimine rápidamente, lo que evita interferencias con otras sinapsis cercanas y permite que cada conexión funcione de manera independiente y precisa.
En cambio, en las sinapsis inhibidoras, que sirven para frenar y regular la actividad del cerebro, el entorno favorece que el neurotransmisor se extienda lateralmente, lo que refuerza una señal de fondo que ayuda a mantener el equilibrio de la actividad cerebral y evita la sobreexcitación.
En su investigación, los científicos combinaron microscopía de altísima resolución, capaz de observar el cerebro a escalas muy pequeñas, con modelos informáticos que simulan cómo se mueven las moléculas en el tejido cerebral real.
"Nuestros resultados muestran que el espacio entre las neuronas no es solo un hueco, sino una parte activa del sistema", ha explicado Tønnesen. EFE
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