Almudena Álvarez
Palencia, 18 abr (EFE).- España guarda uno de los patrimonios textiles más ricos de Europa, un legado tejido durante siglos que cuelga de catedrales, descansa en sacristías o sale cada año a la calle en procesiones y que afronta el reto de una conservación compatible con su uso, para que la memoria de tapices, bordados, estandartes y mantos no desaparezca.
"España posee un patrimonio textil extremadamente rico, valioso, variado y muy numeroso", asegura la directora de Restauración Textil de la Real Fábrica de Tapices, Verónica García Blanco, en una entrevista con EFE con motivo de su participación en un seminario sobre Conservación Preventiva del Patrimonio Textil de Hermandades y Cofradías celebrado en Palencia.
Frente a la atención que reciben otros bienes, como la arquitectura o la pintura, tejidos históricos, tapices, bordados o estandartes acumulan siglos de historia en condiciones, en muchos casos, poco adecuadas para su preservación, señala la experta, que reconoce que la conservación del patrimonio textil sigue siendo uno de los grandes retos de la gestión cultural en España.
Lo dice ante los tapices de la serie de la Salve que lucen en el trascoro de la catedral de Palencia, junto a la cripta de San Antolín, y que han sido restaurados, unos, y limpiados, otros, en 2023 por la propia Real Fábrica.
García Blanco, que estuvo al cargo de la restauración, subraya la calidad y variedad temática de los tapices que conserva la seo palentina, así como "la notable riqueza" del resto de la colección de textil litúrgico e insiste en que estas colecciones, habituales en catedrales españolas, representan un patrimonio de enorme valor dentro del contexto europeo.
Se trata de obras especialmente vulnerables por su propia naturaleza. Frente a la piedra o el lienzo, el textil es materia orgánica, fibras vegetales o animales que reaccionan a la luz, a la humedad y a los cambios de temperatura.
La luz, incluso la artificial, va apagando colores imperceptiblemente, el calor y el frío alteran las fibras y el paso de los años multiplica esos efectos.
"Esa acumulación es lo que va a generar un deterioro", advierte García Blanco. Por eso, más que restaurar, la clave está en prevenir.
Ahí entra en juego un concepto fundamental para la Real Fábrica de Tapices, la conservación preventiva. No se trata de intervenir sobre la pieza, sino de evitar que se deteriore. Mantener condiciones estables de temperatura y humedad, limitar la exposición a la luz o almacenar correctamente los tejidos puede alargar su vida durante décadas.
El problema es que gran parte de este patrimonio no está en museos, sino en manos de cofradías y hermandades, donde convive con una función viva, se doblan, se guardan, se trasladan. "Son bienes utilitarios, se han creado para usarse, pero es evidente que cada manipulación, cada procesión, suma desgaste", insiste la experta.
Además, a la tensión entre uso y conservación se añade la complejidad material. Como señala la conservadora, en una misma pieza pueden convivir seda, terciopelo e hilos metálicos como plata sobredorada, lo que multiplica las dificultades.
Y, en muchos casos, el enemigo está en los detalles cotidianos, en los muebles de madera que desprenden ácidos, pliegues mantenidos durante años o incluso la grasa natural de las manos, que actúa como adhesivo para polvo y contaminantes.
"Muchas veces, con la mejor intención, se hacen ‘apaños’ que pueden generar deterioros mayores", señala García Blanco.
De ahí la importancia de que los hermanos de las cofradías "tengan en la cabeza medidas mínimas de conservación preventiva para que esos bienes se conserven en la mejor condición posible".
Algunas son tan sencillas como mantener unas condiciones de almacenaje adecuadas, no doblar los grandes mantos de las vírgenes, o forrar cajones y muebles de madera para crear una barrera que aísle la acidez de la madera que con el tiempo provocaría una deshidratación de las fibras y un consiguiente deterioro del tejido.
Y cuando se requiere una intervención más compleja, deben realizarlas profesionales formados bajo criterios internacionales como la mínima intervención, la reversibilidad o el uso de materiales compatibles.
Esto implica formación, sostiene, mientras señala que en España, la única titulación específica en conservación y restauración de textiles se imparte en la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración Mariano Timón, lo que convierte Palencia en referencia nacional en este ámbito.
También, es evidente que la tecnología ha abierto nuevas vías en la conservación. Cámaras hiperespectrales que detectan daños invisibles al ojo humano o espectrofotómetros que miden con precisión las variaciones de color tras una limpieza hacen cada diagnóstico más certero.
"Estamos siempre buscando nuevos avances que nos ayuden a mejorar procesos y metodologías", explica la experta, además de insistir en que el factor humano sigue siendo determinante: "Podemos tener la mejor tecnología, pero si no hay conocimiento ni sensibilidad hacia este patrimonio, el riesgo sigue ahí".
De ahí la importancia que tiene la sensibilización social. "Son piezas que en su origen llegaron a tener más valor que la pintura”, afirma. Sin embargo, durante décadas, el patrimonio textil ha ocupado un lugar secundario frente a otras artes e "históricamente ha tenido una valoración desigual".
Cambiar esa percepción es parte del trabajo de instituciones como la Real Fábrica, que combinan restauración, investigación y divulgación para que "la sociedad se apropie de este patrimonio".
"Solo cuando se entiende su valor, se entiende la necesidad de cuidarlo", concluye. EFE
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