La torre que guarda un linaje de poder, extravagancia y deshonor

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Miguel Ramos

Ampuero (Cantabria), 14 abr (EFE).- A los pies del río Vallino, en el barrio La Bárcena de Ampuero, en Cantabria, se erige la torre de Espina, una fortificación que albergó un linaje marcado por el poder durante la corona de Castilla, la extravagancia y el misterio de uno de sus miembros y el destierro tras un asesinato.

Declarada Bien de Interés Cultural, su origen data de época medieval pero es, sobre el siglo XIV, cuando la casa de Espina se traslada hasta ese lugar y levanta en plena llanura una fortaleza con la idea de vigilar a viandantes y mercancías que transitaban por el camino real tras desembarcar en el puerto de Laredo.

"Esta era la autovía principal de acceso a Castilla por el mar", aclara, en una entrevista con EFE la responsable del hoy museo, Marta de la Concha, quien añade que con el paso del tiempo la familia fue adquiriendo cada vez más relevancia y ampliando la torre hasta convertirla en un conjunto palaciego.

De hecho, el propio emperador Carlos V se hospedó en la casa de los Espina durante su viaje de retiro hacia el monasterio de Yuste y se llevó en su séquito al nieto de Juan de Espina "el Viejo", el primigenio que habitó la torre.

Una vez asentado en Madrid, se convirtió en controlador de las cortes de Felipe II y III y fue el progenitor del estandarte más singular del linaje: Juan de Espina y Velasco, un clérigo, músico y nigromante coleccionista de artilugios.

Para De la Concha, Juan de Espina y Velasco fue "un niño de bien de la época, al que su padre deja muchísimo dinero y le permitió hacer lo que le daba la gana y dedicarse a lo que quería"; en una época marcada por el auge cultural del Siglo de Oro español.

Acopió desde pinturas a instrumentos musicales, armas, telescopios y objetos mágicos o esotéricos que despertaban la curiosidad entre el público. Al hilo, según escribió su amigo Francisco de Quevedo, su casa se convirtió en "una abreviatura de las maravillas de Europa".

No obstante, solo dejaba entrar a las demostraciones a quienes eran "lo suficientemente inteligentes para entender la magia natural o la ciencia que enseñaba, o porque eras tan tonto que no te ibas a enterar de nada y se reía de ti a espuertas", sostiene De la Concha.

Precisamente, a unas de esas fiestas acudió el propio Felipe IV al que quiso sorprender con un autómata en forma de león. La puesta en escena no fue del agrado del rey y, en base a lo recogido en las crónicas, fue el principio del fin de su éxito, sumado a que la Inquisición ya estaba al acecho por brujería.

"Sabía científicamente cómo funcionaba nuestro cerebro y cómo los sentidos se podían engañar", subraya De la Concha.

También custodió códices sobre tratados de mecánica de Leonardo Da Vinci -actualmente en la Biblioteca Nacional- que, al parecer, se los compró a un escultor que acabó en la corte española que, previamente, adquirió a los herederos de uno los discípulos del artista tras su fallecimiento.

En la actualidad, la torre acoge un museo en torno a la figura de Juan de Espina y Velasco con réplicas de sus objetos más llamativos, junto a paneles explicativos sobre curiosidades.

Entre otros, sobresalen los espejos que, a través alteraciones cóncavas y convexas, deforman la figura de las personas, o ejemplos de juegos de sombras para crear animales con las manos.

Todo ello unido a cuadros históricos, instrumentos de navegación, mecanismos y una cámara oscura que proyecta un haz de luz con imagen del exterior, porque se piensa que él contaba con una habitación de estas características y una enigmática silla giratoria para observar los astros.

El último miembro de la estirpe Espina en habitar la torre de Ampuero fue un capitán que, en el siglo XIX, asesinó a su esposa de un disparo y, por ello, fue desterrado a África. Un crimen que conmocionó a la vecindad y cuyo procedimiento fue recogido en un libro de juicios ilustres de España.

"Los hijos de ese matrimonio se van a vivir con sus abuelos maternos y acaban emigrando a Argentina", agrega De la Concha, quien sitúa en ese país sudamericano a los descendientes. EFE

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